jueves, 30 de mayo de 2019

LOS MOLINOS HIDRÁULICOS HARINEROS DE OJÉN Y EL MUSEO “EL MOLINO DE ACEITE” DE OJÉN, UN EDIFICIO SINGULAR



Ya lo he mencionado otras veces en este blog y, seguramente, lo mencionaré muchas más veces; siempre que me han preguntado cual es, a mi parecer, el patrimonio más destacable de la Sierra de las Nieves, he contestado y contestaré siempre lo mismo: el agua. El Agua que nace en manantiales y es conducido por acequias, azudes, atarjeas, albercas... alimentando huertas y tableros de riego, perfilando unos bellísimos y característicos paisajes agroculturales: las huertas;  el agua que hacía funcionar molinos hidráulicos harineros y de aceite, batanes... ayudado por la fuerza de la gravedad; el agua que alimentaba y alimenta fuentes donde la gente saciaba la sed y los lavaderos, esos espacios urbanos netamente femeninos en los que las mujeres hacían duramente la colada...; el agua , que atravesaba en multitud de ocasiones nuestros pueblos a través de acequias y conducciones que hoy día quedan ocultas a la vista, pero que antaño estaban al aire libre, insertándose en el callejero y su toponimia al bautizar calles y viarios (calle Río, calle Agua...). El agua, cuyo aprovechamiento a lo largo del tiempo nos ha legado también un patrimonio cultural inmaterial hoy en gran parte fósil y relacionado con antiguos oficios: alcaldes del agua, hortelanos, molineros, bataneros...





El agua que en la Sierra de las Nieves se manifiesta gracias al afloramiento de grandes macizos calizos que, como si de colosales esponjas que absorben el agua de lluvia se tratara, luego la hace brotar a través de miles de surgencias y manantiales donde nacen ríos de la importancia del Turón, Grande, Genal, Guadalevín, Verde... En Ojén, en nuestro caso, hablamos del macizo de Sierra Blanca, del que surgen numerosos manantiales y nacimientos. 



El museo “El Molino de Aceite” de Ojén es uno de esos patrimonios culturales vinculados al agua y en no pocas ocasiones he discutido con algunos conocidos de Ojén (discutido en el buen sentido de la expresión, en la de exponer ideas contrapuestas y establecer una conversación en la que se exponen diferentes puntos de vista, diferentes pareceres, respetando los de cada cual) sobre la naturaleza del famoso “Molino de Aceite”. Siempre he mantenido, y mantendré, que su origen fue el de un molino hidráulico harinero (así se señala también en el PGOU de Ojén, Libro VII, en el que, por cierto, no se incluyen otros molinos hidráulicos harineros existentes dentro del casco urbano y fuera de él), posiblemente edificado en la segunda mitad del siglo XVIII o, incluso, en los primeros decenios del XIX.



En la actualidad el conjunto, muy remodelado por el aditamento de diversas estructuras, es un espacio museístico e interpretativo que además de dar cabida al museo "El Molino de Aceite", también incluye al “Museo del Aguardiente de Ojén”, pues no en vano el último uso industrial que tuvo este espacio fue precisamente el de funcionar como destilería de aguardiente a manos del vecino Juan Espada entre 1961 y 1974 y todos conocemos el trascendental vínculo histórico que este pueblo tiene con el aguardiente.



Al edificio, que está bastante restaurado y que conserva su maquinaria de forma extraordinaria y que todavía funciona correctamente, se accede a través de calle Charcas. Quedémonos con ese significativo nombre, por favor, porque luego lo vamos a tratar explicar, de desentrañar. El conjunto, decía, se compone por una construcción con planta en forma de L y un patio empedrado a cielo abierto, donde se ubican las trojas y al que se entra desde calle Charcas por un portón de metal. 


Exteriormente y con sumo desacierto surgido, creemos, de la ignorancia y el desconocimiento de la esencia de este monumento más que de la indolencia, se ha instalado una noria decorativa sobre una estructura escalonada de nueva creación. Digo desacertadamente primero, porque la antigua alberca que había en este lugar y que formaba parte integrante de este molino y del circuito de acequias por la que transitaba el agua para las huertas y el resto de molinos, ha sido invisibilizada o destruida con nuevas estructuras, en lugar de ser restaurada e integrada como un elemento más del molino y del circuito de aprovechamiento del agua; y, en segundo lugar, porque tanto la construcción de esa estructura escalonada de cuestionable gusto estético y de dudable funcionalidad junto con la colocación de la noria decorativa, en nada ayuda a entender la verdadera idiosincrasia de este singular conjunto, uno de los pocos ejemplos de molino hidráulico harinero que luego se transformaría en molino de aceite, mejor preservados de la comarca de la Sierra de las Nieves. Una singularidad que creo pocos hemos podido apreciar. La noria decorativa puede llevar al visitante a la confusión de que el molino pudo ser de aceña y no de rodezno, como es el caso. Esta es una opinión personal con la que no pretendo ofender a nadie.

Imagen del conjunto del molino. A la izquierda, abajo, se encontraba
la albera, delatada por la frondosidad de la vegetación





El espacio de transformación posee una habitación, actual sala de recepción donde se recibe a los turistas y en la que se venden souvenirs, recuerdos, libros... Antaño, en ella y según me han referido, se encontraba los depósitos para almacenar el aceite que se iba extrayendo de la aceituna. En los bajos de esta sala, a los que se accede a través de una escalera en el patio, se encuentran las bóvedas, las cárcavas del molino, el lugar donde se alojaban los rodeznos que, empujados, por el agua, movían las piedras de molturación. Esta habitación es un aditamento construido, seguramente, a finales del XIX o en los primeros años del XX, cuando la construcción comenzó a tener un uso como molino de aceite dado que las bóvedas de los molinos harineros normalmente daban al exterior, vertiendo las aguas sobrantes en acequias, albercas u cauces fluviales desde los que más tarde se recogería nuevamente a través de azudes y acequias para ser empleado en la irrigación de otras parcelas o para mover otros molinos.


Sala de recepción y escalera que conduce al sótano


A continuación de la sala de recepción, se encuentra la sala de molienda, un espacio estrecho y alargado reformado en diferentes ocasiones, como puede apreciarse observando con detenimiento sus muros. En esta sala se ubica la maquinaria de molturación, compuesta por dos grandes piedras cónicas que descansan en un alfanje pétreo, donde se machacaba la aceituna que llegaba a través de un cangilón superior; la batidora, donde se bate y calienta la masa; y la prensa, en la que se distribuía la masa batida y caliente en rondeles de esparto superpuestos, para ser prensada y extraído el aceite, que se iba decantando hasta llegar por unos conductos a unos depósitos, unas tinajas, ubicados en el subsuelo del molino. En estos depósitos el aceite reposaba hasta que las impurezas iban al fondo, tras lo cual se podía recoger el aceite limpio para ser llevados a los depósitos antes citados, previa entrega a sus propietarios o destinado a la venta. Al fondo de la sala, en el otro extremo, se encuentra la caldera, indispensable artefacto para calentar el agua que ayudaba a extraer el aceite de oliva de las aceitunas molturadas.

Detalle de la maquinaria de molturación en el interior

La caldera 


Tras esta sala alargada existe otro habitáculo en el que, según me han contado, se almacenaba el detritus de la molienda, la masa de la aceituna ya prensada, el orujo, que era llevado a otras instalaciones en otros lugares donde, con otras técnicas, se le sacaba más aceite. Este espacio suele usarse para instalar exposiciones artísticas. Sobre esta sala se encuentra el "Museo del Aguardiente de Ojén: historia y leyenda", donde podemos contemplar un gran alambique y otros elementos relacionados con la producción del mundialmente famoso aguardiente en Ojén como botellas, viejos documentos, antiguas etiquetas, carteles y algunos paneles informativos. Recientemente se ha editado un libro sobre el aguardiente de Ojén, "El aguardiente de Ojén", de José Bernal Gutiérrez.



Todo el conjunto edificado se encuentra techado por una cubierta realizada a base de vigas de madera con tablas machihembradas recubierta de teja mora y a dos aguas, como es tradicional en la arquitectura popular y tradicional de esta zona. La disposición a dos aguas probablemente se realizara cuando su transformación en molino de aceite, junto, creemos, con la ampliación a lo largo de la nave para que tuviera mejor cabida la maquinaria de molturación, la caldera...o durante las obras de restauración. En una vieja foto hemos podido apreciar como esta nave no tenía la misma altura; en la zona bajo los cubos, donde se ubicarían las piedras de molturar cereal, era más baja que en el resto, pero también era a dos aguas, lo que coincide con algunas de las tipologías de molinos harineros en la Sierra de las Nieves. Puede que esa pequeña cubierta, a dos aguas y más baja, fuese la original del molino harinero.


Antigua foto del molino, obsérvese como lo devoraba la vegetación


En el espacio exterior se encuentra patio de trojes cuya superficie recibe una pavimentación empedrada, como venía siendo común en este tipo de construcciones. El patio de trojes tiene dos alturas y es lugar donde se distribuyen los diferentes espacios, que en su día se encontraban numerados, en los que los aceituneros depositaban su aceituna a la espera de ser molturada. La última vez que lo visité en una de las trojes todavía había botellas de la destilería que hubo en este lugar entre los años sesenta y setenta de la pasada centuria. 

Patio de trojes. Obsérvese el empedrado característico


La maquinaria del molino se movía y se mueve, porque está en unas condiciones excelentes, gracias a la fuerza del agua procedente del río Almadán, que quizás deba su nombre (no lo sabemos con certeza), al bilbilitano Miguel Pérez de Almazán, Secretario de los Reyes Católicos y primer señor de la Villa de Ojén, al que seguiría Lorenzo Gómez de Solís, que, entre otras cosas, sería el promotor de la construcción del castillo de Ojén a partir de 1514. La historiadora Catalina Urbaneja Ortiz, especialista en la transición del mundo medieval al moderno en el Municipio de Marbella y su entorno, recoge de este río que inicialmente se llamaba Almanza y posteriormente pasó a denominarse Almazán. Almanza podría derivar de Almansa, de los vocablos árabes “al-mansaf” que vendría a significar “la mitad del camino” o de “almansah”, que podría traducirse por “mirador”. Hoy día, como se ha señalado, se conoce como río o arroyo Almadán, topónimo que pueda haber evolucionado de los anteriores. En árabe este nombre de lugar significa “la mina” (al-maʿdin), refiriéndose a la mina de agua y no de mineral, naturalmente, donde nace el agua a los pies del bello paraje de El Cerezal. Dejo la cuestión toponímica abierta para que personas más doctas y entendidas, con mejor criterio científico, la aclaren mejor que un humilde servidor.



Este incombustible manantial, surgido de las calizas de Sierra Blanca, ha dado vida a Ojén desde su fundación allá por época islámica. No ha sido el único, pues ahí está también el río Real y otras surgencias (el agua y su cultura han sido denominadores comunes de todos los pueblos de la Sierra de las Nieves, compartiendo similares naturalezas geológicas y similares aprovechamientos del agua). Desde entonces, las aguas del Almadán han abastecido a la población de Ojén, a sus fuentes, a sus molinos y a sus primorosas huertas. Desde su nacimiento sus aguas eran avenadas por una red de acequias que la transportaban a los diferentes tableros de riego de la zona del Chifle, a los distintos molinos harineros y a otras muchas huertas aguas abajo. La fuente de los Chorros, al parecer, se abastecía y se abastece de un manantial que brota poco más arriba de su ubicación, el Charcón, cuyas aguas también serían aprovechadas por el molino hidráulico integrado en el “Museo el Molino de Aceite” de Ojén. Las aguas del Almadán han permito la creación de amplias plataformas de travertino, donde se asienta gran parte del caserío ojeneto y en las que se ha instalado gran parte de las huertas e, incluso, el castillo de Solís, sustentado en una amplia muela de travertino en cuyas entrañas se encuentran las Cuevas Altas. El castillo de Ojén o castillo de Solís, como se le conoce, ha sido estudiado por el vecino ojenete Alfonso Sánchez Mairena, como muchos otros aspectos de Ojén y, llegados a este punto, no alcanzo a entender cómo los restos arqueológicos del castillo no se encuentran restaurados y puestos en valor, porque sería un extraordinario proyecto de fomento de empleo y puesta en valor del patrimonio histórico-cultural local en línea con la idiosincrasia de la Reserva de la Biosfera, la potencialización de los recursos autóctonos y la transición hacia un turismo sostenido y sostenible.

Los molinos hidráulicos harineros 
de Ojén en el siglo XVI


Sabemos, por la historiadora y presidenta de la Asociación Cilniana, Catalina Urbaneja Ortiz, que en Ojén se conservan varios molinos hidráulicos harineros de distintas épocas asociados al cauce del río Almadán. Por debajo de la carretera, siguiendo el curso de este río y alimentado directamente por sus aguas, había un primer molino que estaría debajo de la antigua fábrica de luz, que funcionaba también con un salto de agua, un segundo molino algo más abajo, lindando con el casco urbano y junto a las cuevas bajas, llamado el molino de Plácido Cuevas Recio, conservado en parte; y un tercer molino, el conocido como el de Juan Espada (por su último dueño) y actual “Museo el Molino de Aceite” de Ojén; un cuarto molino, del que sólo se conserva su alberca, estaría debajo de este último descrito. Aguas abajo, ya en el paraje de “La Jaula”, se encontraba el molino de la Almadraba, propiedad de los hermanos Barranco. Este molino captaba las aguas del Almadán a través de una acequia de alrededor de doscientos metros, que vertía el agua en una gran alberca. Poseía dos juegos de empiedros, por lo tanto, dos cubos y dos rodeznos. El topónimo almadraba proviene del hispanomusulmán "almadrába", que significa "lugar donde se golpea" y hace referencia a un tejar o fábrica de ladrillos porque la arcilla, previa a su modelado y cocción, debía ser golpeada en reiteradas ocasiones para poderse trabajar mejor (de ahí la coincidencia toponímica con las almadrabas atuneras de Cádiz, donde apiolan los atunes a base de golpes). En la quinta acepción del Diccionario de la Real Academia de la Lengua se recoge "tejar", pero la palabra almadraba con ese sentido hace ya mucho que cayó en desuso. Por tanto, en la zona de la Jaula de Ojén debió existir, más arriba o más abajo, más acá o más allá, una tejería en época islámica que se encontraría no muy lejos del cauce fluvial, dada la necesidad de agua para el trabajo del modelado del barro.


Molino de la Almadraba 
foto: Antonio Serrano



Ubicación de algunos de los molinos hidráulicos harineros de Ojén


Más abajo, ya en el río Real, nos encontramos con las ruinas del viejo molino de Frasquito, que tenía una estructura similar al anterior con alberca avenada por una acequia, sólo que tenía una sola unidad de molturación. Aguas abajo se encontraba el antiguo molino de Chache, hoy transformado en vivienda y más abajo, en el límite con el término municipal de Marbella, había dos molinos; uno junto a la Fuente Santa y otro, denominado el Grande, más abajo, del que sólo se mantienen las ruinas de la acequia, la alberca y el edificio. El resto de molinos hidráulicos de Ojén se encontraban en el río Ojén, muy cerca del término de Mijas.

Gracias a las investigaciones de la citada Catalina Urbaneja Ortiz, que participó en la publicación de "Acua Nostra. El agua de todos. El agua en la costa occidental malagueña" (Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol) y que, entre otros muchos documentos y trabajos, ha estudiado el libro de apeo y repartimiento de Ojén (1572), en el que se recoge y enumera las propiedades de los moriscos para su posterior reparto entre los cristianos de repoblación, sabemos que en el siglo XVI había en Ojén cuatro o cinco molinos harineros. La cosa, al tenor de las fuentes, no parece estar clara del todo:


En la citada publicación señala el Molino de Fernando de Solís, que se encontraba explotado por el morisco Rodrigo de León. Este molino funcionaba solamente en invierno con las aguas de la fuente Aila Lagama, dado que en verano ésta se agotaba. Las fuentes documentales hablan también del Molino Alto, situado en algún lugar debajo del camino real que llevaba a Marbella y movido por las aguas que un arroyo nacido en las sierras de Juanar. Otro, el Molino de Hernando de Rueda, morisco ojeneto, estaba compuesto de dos empiedros o paradas, tal y como recoge el apeo de Ojén: 

El cual dicho molino era de cubo y está destechado. Tiene dos piedras. Molía con el agua de la fuente de la plaza y con el agua del arroyo de la Alcorra y con los remanientes de las demás aguas


Otro molino que recoge Catalina Urbaneja Ortiz del apeo de Ojén es el del morisco Hernando Alpaje, el Molino Vaxo, ubicado en el pago de Alxabla y colindante a la acequia del Almadraba. 

No olvida esta prolífica autora referenciar los molinos asociados a la alquería de Montenegral, que el abajo firmante desconocía, que se despobló a finales del siglo XV tras la conquista de Marbella.




Los molinos hidráulicos harineros en el 
Catastro de Ensenada de Ojén, 1752


Tras el libro del apeo y repartimiento de Ojén del siglo XVI, la siguiente fuente documental más completa, digamos, la tenemos en las respuestas generales del Catastro de Ensenada de Ojén, documento realizado en 1752, en el que se recogía una diversa información de carácter económico, productivo… del municipio de Ojén. Sabemos, tras consultar la respuesta número 17, que este níveo pueblo contaba en aquellas fechas con cinco molinos harineros. Veamos lo que nos dice:

A la decima séptima, pregunta dixeron, que en esta desmeria ay solo de lo que se pregunta cinco Molinos, arineros, cada uno, de una muela, o parada, que el uno pertheneze su propiedad, a la capellania que fundaron Bartholome Sanchez Vallesteros y su muxer, de que es su actual capellan, el dicho Don Lucas Sanchez Ballesteros Beneficiado, y se halla dicho molino inmediato, a este lugar y a salida, de la calle, de Los Molinos; y al citado le concideran, podrá ganar anualmente, veinte y dos fanegas de trigo= otro que posee el dicho Bartholome Sanchez Ballesteros, y se allá, a distancia, de doscientos pasos de esta Poblacion y lo Beneficia por medio de sus oficiales y le consideran, podrá ganar Doce fanegas de trigo otro que posee, Dona Beatriz Martin, viuda de Miguel fernandez, que se halla a distancia, de medio quarto de legua, de esta Poblazion y Benefizia por medio de otro oficial, le rregulan, por su annual rrenta Diez fanegas de trigo otro que se halla decierto, y a distancia de esta Poblacion, doscientos y quarentta pasos y pertenece su propiedad, a Bartholome Sanchez Ternero vecino con los demas citados de este lugar el qual, esta sin moler a pedimento, del dicho Bartholome Sanchez Ballesteros, y en fuerza de Real Provicion, que gano en su Rl Magestad, y señores Presite, y oidores de la Real chanc., de la ziudad, de Granada cuio litis se halla pendiente y el otro que posee Don Thomas Domínguez, vecino de la ciudad, de Marvella y su Alferez maior y se halla, a distancia, media legua de esta Poblacion, el que tiene dado en arrendamientto a Francisco de Mendoza vecino de dicha ziud por la molienda que de los granos del dicho Don Thomas, le hace, y muele; y sin embargo por esta rrazon y la de concurrir, en dicho molino mucha molienda, de los granos de los vecinos, de esta ciud y esta Poblacion, le rregulan podrá ganar anualmente treinta y seis fanegas de trigo y unos y otros Molinos a ecepcion, de el zerrado; en el verano, muelen, de noche seis horas, y a Albercadas, por estar el agua divertida, en estte tiempo, en el Beneficio y cultura de los Bancales y sus maizes, y en el ybierno muelen con el agua corriente, y sin rregulacion de oras bien que consideran, molerán, en dicho tiempo, como que es, quando se muele mas y veinte y quatro horas y Responden..............



La información del Catastro es extraordinaria; además de la cantidad de molinos hidráulicos que había en aquellas fechas, no menciona ningún molino de aceite, pero, es más, nos señala que los harineros eran de una parada y una muela, o sea que sólo tenían un cubo y un empiedro para moler. Indican también los nombres de los propietarios y sus ubicaciones, haciéndonos difícil situar la denominada calle de Los Molinos, que habla por sí sola. Lo cierto y verdad es que, con esta información, es muy difícil identificar los pocos molinos hidráulicos harineros que se conservan en Ojén. De cualquier forma, nos indica que cuatro de los cinco molinos harineros se encontraban fuera del casco urbano, aguas abajo, y algunos muy distantes. Hoy día conocemos la existencia de varios molinos hidráulicos harineros en el curso bajo del río Almadán y el Real (Molino de Pérez, Molino del Rico...) hasta llegar al imponente molino de río Real, ya en término municipal de Marbella. Como vemos por el documento, la mayoría de los molinos tenían un propietario y eran arrendados a otras personas.

(Dibujo: Diego Sánchez)


Gracias a lo que se nos dice de estos molinos en lo relativo al número de empiedros, uno por cada uno de ellos, podemos afirmar que el molino hidráulico harinero que subyace bajo el molino de aceite del museo, es de la segunda mitad del siglo XVIII o primeros decenios del XIX, dado que consta de dos empiedros o juegos de piedras molturadoras. Cabría la posibilidad, eso sí, de que en este lugar hubiera anteriormente un molino de una sola parada o empiedro, y con el tiempo se demoliera para edificar uno de dos paradas, que es el que se conserva hoy día. No podemos saberlo, aunque sería muy posible.

Junto a las Cuevas Bajas, un tímido molino harinero se oculta entre la vegetación 
¿Se trata del molino de Plácido Cuevas Recio?


Interesante es la información que nos hace llegar sobre los turnos de riego y molienda en las distintas partes del año, donde apreciamos como el riego de los tableros agrícolas tenía preferencia sobre la actividad de los molinos en verano, cuando el agua era más necesaria. En esta época debían moler de noche y a “albercadas”, o sea, con el agua que podían almacenar en unas albercas que posteriormente iba a parar a los molinos. 



Los molinos hidráulicos harineros 
en el Diccionario Geográfico Estadístico 
de Pascual Madoz, en 1847


Un siglo después, en 1847, sabemos que sólo había tres molinos harineros gracias al Diccionario Geográfico Estadístico de Pascual Madoz:


IND.: la agrícola y 3 molinos harineros


La información que nos ofrece esta fuente es muy parca. De ellos no se indica ni su ubicación, ni su nombre ni las paradas que tenían. Es posible que en esta época parte de la harina que se consumía en el pueblo pudiera venir del exterior o que los otros dos molinos ya no funcionaran por un descenso de la demanda, porque estuvieran arruinados, porque hubieran perdido rentabilidad o por cualquier otra causa. No nos señala, sin embargo, la existencia de ningún molino de aceite, así que seguimos manejando la hipótesis de la creación del molino de aceite de Ojén a partir de la segunda mitad del siglo XIX o principios del XX.




El molino hidráulico harinero en 
el Museo del Molino de Aceite de Ojén


Centrándonos en el molino hidráulico harinero que fue el molino de aceite de Ojén, es una lástima que no podamos identificar su nombre o, mejor dicho, sus nombres, porque a lo largo del tiempo y con los cambios de propietarios, a veces los molinos cambiaban de nombre. Se trata de un molino de alberca y dos cubos, esto es dos paradas, que con el agua movían dos juegos de piedras a través de dos rodeznos, dos ruedas de madera que contenían una serie de álabes o cucharas, que eran albergadas en la parte inferior del edificio, dentro de dos cárcavos, dos bóvedas de medio cañón realizadas en ladrillo de barro cocido de gran módulo. Los rodeznos, a través de un eje metálico, transmitían el movimiento a las piedras molturadoras ubicadas en la sala de molienda, arriba. Los cárcavos, esto es, las bóvedas que alojaban los rodeznos, pueden verse en el subsuelo del molino. Se accede a ellos a través de una escalera. El agua que salía tras mover los rodeznos iba a parar a una alberca, hoy tapada por estructuras modernas, y de ahí a la acequia, que bajaba buscando tableros de riego, albercas y otros molinos harineros. Ya hemos tratado sobre el funcionamiento de este tipo de molinos y su adaptación a nuestra áspera orografía y nuestro indigente régimen hídrico en otros lugares de la Sierra de las Nieves en este mismo blog, lectura que se recomienda para entender la idisincrasia de este tipo de construcciones: http://airesdemonda.blogspot.com/2010/08/los-molinos-moriscos-de-alpujata.html

 

Los rodeznos, que originalmente eran de madera, no se conservan. Hoy día lo que existe es una turbina tipo Pelton, inventada por Lester Allan Pelton hacia mediados del siglo XIX. El molino de aceite, además de con la fuerza motriz del agua, implementó en una fecha imprecisa el uso de la energía eléctrica (seguramente en las primeras décadas del siglo XX o hacia mediados de esa centuria) para, de esta manera, cuando no pudiera contar con la fuerza motriz del agua para moler porque ésta se destinara a los riegos o hubiera poco caudal, poder mover la maquinaria con energía eléctrica e independencia de la fuerza del agua. La aplicación de este sistema mixto en los molinos hidráulicos no era extraño ya avanzado el siglo XX y existe otros ejemplos en la Sierra de las Nieves; por ejemplo, en Casarabonela, cerca de la plaza, había un molino que combinaba el uso de la fuerza del agua con un motor de vapor que empleaba cuando no disponía de suficiente líquido elemento.

Turbina hidráulica alojada en el interior de uno de los cárcavos


El molino de aceite de Ojén en su entorno de huertas, 
hacia mediados del siglo XX


Este molino recibía el agua del nacimiento del Charcón a través de una acequia que primeramente llevaba el agua a la fuente de los Chorros y de ahí, bajaba por la calle Río -obsérvese la significativa denominación- y continuaba por la ahora denominada calle San Dionisio, hasta el molino. Junto a esta calle hay otra cuyo nombre nos da una pista trascendental: calle Charcas o Charca, como aparece en un callejero de finales del siglo XIX, en el que también ser recogen los tres puentes que existían para cruzar esta acequia, que debía de ser ancha, en distintos puntos del viario: la plaza, junto a la fuente de los Chorros y al inicio de calle Charcas. 

Lámina del callejero de Ojén a finales del siglo XIX


Se da la circunstancia de que este molino poseía en su cabecera dos albercas, una grande que no ha llegado a nuestros días dadas la remodelaciones y urbanizaciones operadas en la zona desde hace muchas décadas, y otra pequeña, que es la que se conserva hoy antecediendo a los cubos del molino. Es muy posible que la existencia de estos dos embalses de agua determinara el nombre de la calle. Efectivamente, en un plano de finales del siglo XIX de Ojén podemos observar el nacimiento del Charcón en la actual plaza, poco más arriba de la fuente de los Chorros, conduciéndose el agua por una larga acequia paralela al paraje de los Llanos hasta el final de calle Charcas, donde se observa un gran espacio para remansar agua.


La presencia del molino hidráulico harinero no sólo la certificamos analizando la estructura del viejo molino de harina embebido en la nueva obra, también vemos sus huellas desparramadas por el patio de trojes puesto que en él se han integrado algunas de las viejas y características piedras de molturar cereal, que nos ha ayudado a identificar el tipo de molino original.

Una de las viejas piedras del molino harinero en el patio de trojes

Lo cierto y verdad es que el edificio que alberga los museos de "El Molino de Aceite" y del "Aguardiente" tiene un incontestable carácter polisémico: ha sido molino harinero, molino de aceite, fábrica de aguardiente y hoy día funciona como museo, centro de interpretación y oficina de turismo a la que arriban miles de turistas cada año y desde donde se presta información para la visita a otros puntos de interés del pueblo, como la iglesia, las eras, las cuevas, el casco urbano... estimulando el sector servicios local y fomentando importantes dinámicas económicas locales. Es todo un ejemplo de recuperación y puesta en valor del patrimonio cultural rural, asignatura pendiente en muchos pueblos de la Sierra de las Nieves, y ha sido un enorme acierto tomar un edificio tradicional y de carácter tan sigular, restaurarlo y darle un nuevo uso que ha permitido no sólo su superviviencia, sino también la dinamización del sector turístico-cultural local.



Epílogo


El patrimonio cultural de los pueblos de la Sierra de las Nieves asociado al agua, es ingente, es fabuloso, es extraordinario... En materia de molinos hidráulicos, en cuyo estudio he profundizado menos de lo que me hubiera gustado, la Sierra de las Nieves alberga un inmenso legado patrimonial en el que puede contarse con alrededor del medio centenar de ejemplares de distintos tipos, algunos de ellos antiquísimos, como el Molino de Santisteban de Guaro en río Grande, documentado a finales del siglo XV y de tres paradas. El único de estas características en la Sierra de las Nieves.



Especial relevancia poseen los paisajes agrícolas donde se integran y forman parte estos  indisolubles estos elementos: las huertas. Existen varios conjuntos de molinos harineros dignos de traer a colación por su mediana conservación y porque los paisajes irrigados a los que pertenecen no están completamente alterados; hablamos de los conjuntos del río Molinos, en Istán; de los molinos del río de los Horcajos, en Tolox (muy antiguamente llamado Moagil, o sea, de los Molinos); los de la bella pedanía pechera de Tolox y los de Casarabonela. En el resto de los pueblos también los hay, pero se encuentran más dispersos y son menos numerosos (lo cual tampoco les resta importancia).





Finalmente, junto a los molinos, las fuentes, los lavaderos, la red de acequias y albercas, algunos acueductos, los batanes, los agrosistemas irrigados... se encuentra el patrimonio inmaterial, no lo olvidemos: molineros, bataneros, hortelanos, lavanderas... Recuperar y poner en valor todo este esencial patrimonio cultural que nos pone en común a todos los habitantes de los pueblos de la Sierra de las Nieves, debería ser un objeto prioritario ante la pronta declaración del Parque Nacional Sierra de las Nieves.





(c) Diego Javier Sánchez Guerra