miércoles, 7 de junio de 2023

¿MARÍA GONZÁLEZ DE LA TORRE O MARÍA SAGREDO? ENTRE LA REALIDAD HISTÓRICA Y LA LEYENDA.

 

La primera vez que estuve en Alozaina era un mozo. Llegué una tarde de julio con mi bicicleta, una Orbea Sherpa que se compraba a través del banco en aquellos años en que Induraín era el amo de todos los grandes campeonatos, nos contagiaba la fiebre del ciclismo. Hacía calor y la bici, que era de acero, pesaba más que un borrico ahogado. La verdad es que hacía una calor de cojones. En una venta junto a la entrada del pueblo que ya no existe, me cargué varios acuarios del tirón. Hoy día habrían sido latas de cerveza…

Una panorámica de Alozaina

Cuando se me pasó el sofoco me di una vuelta por el pueblo para husmear. Me llamó bastante la atención aquel arco de piedra en la entrada y no se como llegué al mirador de María Sagredo. Entonces no había ni internet, ni teléfonos móviles ni Google Maps. Antes de entrar en el mirador reparé en los restos de una torre parcialmente embutida en una vivienda. Una señora que pasaba con indisimulada prisa me dio las buenas tardes y me dijo que era la torre de María Sagredo. Me quedé tal cual porque no tenía ni idea de quién era y pensé que sería la dueña de la casa.

La torre de María Sagredo
 

Pasados los años tuve la ocasión de conocer la legendaria actuación de María Sagredo luchando contra los moriscos y que la tradición local asociada a esa torre. Pero más adelante, de la mano de Luis del Mármol Carvajal (1524-1600) y de otras fuentes documentales, puede conocer la verdadera historia de María Sagredo y su verdadero nombre...

Todo el mundo conoce la rebelión de los moriscos del antiguo reino de Granada que tuvo lugar en 1570. Los focos más activos de la rebelión se encontraban en las Alpujarras y la serranía de Ronda, dos zonas muy agrestes y montañosas densamemente pobladas por familias moriscas. Como sabemos el final de la revuelta se saldó con la expulsión de los moriscos y la repoblación con cristianos provenientes de otros reinos de las Españas medievales.

En la zona de la Sierra de las Nieves hubo numerosos enfrentamientos y luchas, con muchos muertos, heridos y capturados de por medio. Recordemos lo sucedido en la torre del bachiller Escalante, en Istán, donde Juan, la sobrina de este personaje, tuvo que encerrarse en la torre junto con una criada y combatir a los moriscos de Istán que querían asaltarla y asesinarla. O los sucesos de Tolox, que se saldaron con el incendio de la iglesia y numerosas casas del pueblo y la muerte de varios soldados cristianos tras una celada de los moriscos, o el asalto a la villa de Alozaina por un nutrido grupo de moriscos rebeldes que se movían por las sierras cernadas y de que es objeto, en parte, esta entrada.



¿Leyenda o distorsión histórica?


En el siglo XVIII el religioso Cristóbal Medina Conde recoge el siguiente relato que le hizo llegar el párroco de Alozaina, para su Suplemento al Diccionario Geográfico Malacitano:


“...que una sola mujer llamada María de Segredo la defendió de que la asaltasen los moros, pues habiéndole avisado de que tenían una escala echada a la torre que estaba sobre las puertas y no habiendo ni un hombre solo en el pueblo, acudió corriendo a socorrer la parte que pudiera y con efecto se asomó a la torre y vio que por la escala iban subiendo tres moros, y en el mismo sitio había unas colmenas.

Se volvió y tomó un corcho muy lleno de ganado y lo tiró al primero que subía. Lo derribó y a los demás uno encima de otro, y no contenta con esto y con haber muerto a uno de ellos del golpe, practicó la misma diligencia con otras dos colmenas, que aunque ninguna les pegó, se hicieron pedazos los corchos y huyendo de las abejas los veintidós o veintitrés que venían, dejaron el país.”


Esos hechos, que ponen en el foco a María Sagredo, no se corresponden con la realidad histórica, como veremos más adelante, sino que se trata del relato popular, de la leyenda. Por lo menos sabemos que ya desde el siglo XVIII ese relato oral, transformado a partir de la realidad histórica, ya se había formado y se encontraba asentado. Hoy día esa escena en la que desde la seguridad de una torre María lanza una colmena a los asaltantes moriscos es el tema central del escudo municipal de Alozaina.

 

Escudo de Alozaina


Otros autores posteriores conjugarán esta información y parte de la obra de Luis del Mármol, donde omiten, porque no tuvo lugar, el tema de la defensa con las colmenas.

 Francisco Guillén Robles (1846-1926) En su Historia de Málaga y su Provincia, de 1874, nos traslada el siguiente relato del suceso:

En Sierra Bermeja se habían reunido todos los serranos de Ronda en número de tres mil á las órdenes de Lorenzo Alfaquí, Alfor y Yubelí los cuales se pusieron á la cabeza de seis cientos de sus parciales encaminándose á Alozaina con ánimo de saquearla.

Era tiempo de siega y los vecinos habían salido á recoger las mieses: los moriscos, ordenando su hueste á la usanza cristiana, se fueron aproximando al pueblo é indudablemente entraran sin obstáculos en ól si en las afueras no hubieran muerto á tiros á varios segadores.. Solamente siete hombres habia en Alozaina, y los mahometanos entraban ya en su calles cuando el escudero Ginés Martin, con temerario valor, rompió por medio de ellos acuchillándolos, y dando tiempo á que se recogieran al castillo los siete vecinos con las mugeres y niños.

Con tan escasa guarnición y con los muros aportillados ó ruinosos, el peligro era inminente; entonces las mugeres se pusieron las monteras, los capacetes y capotes de los hombres y anduvieron entre las almenas figurando que había mas guarnición, mientras que otras tocaban á rebato echando á vuelo las campanas de la iglesia que estaban dentro del castillo. Los moros rompieron el fuego contra este; una de sus balas hirió á un vecino llamado Martin Domínguez y al verlo su hija denominada María Sagredo, tomando su aljaba y ballesta, como otra Agustina Zaragoza, se colocó en lo alto del muro disparando sin cesar en defensa de un portillo, matando á un morisco é hiriendo á otros muchos.

El clamoreo de las campanas y el ruido de las descargas atrajeron á los vecinos que estaban en el campo y al ver los venir se retiraron los muslim es quemando treinta casas y llevándose cuantas ropas y alhajas hallaron á mano.”


En nota a pie de página indica que “El rey premió la heróica acción de María de Sagredo dándolo en dote unos heredamientos en Torrox”. Guillén Robles había consultado la obra de Luis del Mármol y a pesar a la fidelidad de lo acontecido comete un pequeño error al confundir en el pie de página Torrox con Tolox. 

 


 

Por otra parte Narciso Díaz Escobar (1860-1935), en sus Curiosidades Malagueñas, de 1898, recoge también lo ocurrido en Alozaina. Díaz Escovar se basa en la obra de Guillén Robles e incorpora a su libro el relato de Medina Conde, haciendo notar que su relato difiere del de Guillén Robles:

La historia de España nos dá á conocer, no una, sino muchas heroínas, cuyos nombres son orgullo y gloria de nuestra península.

La sublevación de los moriscos dió celebridad á muchas humildes hijas de la provincia de Málaga, entre ellas Juana de Escalante y Maria Sagredo, modelos de valor y heroísmo. Lorenzo Alfaqui, de origen árabe y de sanguinarios instintos, reunió en las alturas de Sierra Bermeja más de tres mil moriscos de Ronda. Eran capitanes de ellos Alfor y Yabelí.

Proyectaron apoderarse de Alozaina, pueblo que sabían estaba casi deshabitado, pues sus vecinos habían ido á la siega y solo mujeres había en sus casas. Seiscientos hombres salieron para dicho pueblo y el camino lo regaron con la sangre de cuantos campesinos cristianos hallaban.

Llegaron alas calles de Alozaina, donde, según Guillen, había solo siete vecinos. Los demás eran niños ó mujeres. El escudero Ginés Martín logró atravesar las filas de los moriscos, dando la voz de alarma se unió á los siete hombres y con las mujeres se guareció en el castillo, que estaba ruinoso y casi abandonado.

Entonces las mujeres poniéndose las monteras, los capacetes y capotes de los hombres andaban por las almenas fingiendo que existía numerosa guarnición: otras tocaban á rebato volteando la campana de la capilla que existía dentro de los muros del castillo.

Envalentonados los árabes, creyendo seguro el triunfo, disparaban contra el castillo. Uno de sus más decididos defensores Martín Sagredo Domínguez cayó gravemente herido. Tenía este una hija llamada María, de tanta hermosura como corazón, que auxiliaba á su padre. Al verlo caer, al mirar correr su sangre, aquella heroína arrancó la aljaba y ballesta de las manos del moribundo, se colocó en lo más alto del muro y defendió con incansable ardimiento, un portillo hacia el cual los moriscos se precipitaban. Cayó muerto uno de estos, muchos se vieron heridos y los restantes se acobardaron ante la bravura de aquella cristiana.

Los vecinos que estaban en el campo oyeron las campanas, el clamoreo y las descargas y unos tras otros regresaron ansiosos á sus hogares. Derrotados los muslines prendieron fuego en su huida á más de treinta casas y se refugiaron en la Sierra, dejando nuevamente Alozaina en poder de los cristianos. Medina Conde en su Diccionario Geográfico Malacitano, reunió apuntes que distan algo del relato anterior. Hablando de Alozaina se dice:

«que una sola mujer llamada María de Segredo la defendió de que la asaltasen los moros, pues habiéndolo avisado de que tenían una escala echada á la Torre que estaba sobre las puertas y no habiendo ni un hombre solo en el pueblo, acudió corriendo á socorrer la parte que pudiera y con efecto se asomó á la Torre y vió que por la escala iban subiendo tres moros y en el mismo sitio había unas colmenas.

Se volvió y tomó un corcho muy lleno de ganado y lo tiró al primero que subía. Lo derribó y á los demás, uno encimado otros y no contenta con esto ni con haber muerto á uno de ellos del golpe, practicó la misma diligencia con otras dos colmenas que aunque ninguna les pegó se hicieron pedazos los corchos y huyendo de las abejas los veinte y dos ó veinte y tres que venían, desalojaron el pais.»

El heroismo de María Sagredo, á quien indudablemente se debió que el castillo ño fuera asaltado, se conoció en toda España.

El Rey supo la hidalga y temeraria acción de la joven malagueña y quiso premiarla.

Efectivamente, en nuestros archivos consta que la bondad Real concedía poco tiempo después á María Sagredo, en concepto de dote y como premio á su bravura, unos heredamientos en Torróx. “


Díaz Escovar comete la misma errata que Guillén Robles al señalar los heredamientos que recibió Sagredo en Torrox, siendo lo correcto Tolox. Otra tradición señala que también recibió tierras en Jorox y que fue nombrada alférez de los tercios con asignación dineraria por el monarca Felipe II. Ningún indicio documental apunta en esa dirección. Del Mármol, a cuyo relato nos aferramos, habla de las posesiones concedidas en Tolox, pero nada de su nombramiento como alférez, cosa de la que se habría hecho eco. Por lo que este último detalle es un invento más que con el paso de los años enriqueció la leyenda.

 


 

Diego Vázquez de Otero (1891-1976), en su obra Castillo y paisajes malagueños (1960) también se centra en el episodio de la defensa de Alozaina, pero se ampara por completo en el relato del siguiente autor, Luis del Mármol Carvajal, por lo que no lo vamos a trasladar.





La realidad histórica. 

El relato de Luis del Mármol Carvajal y el libro de apeos de Tolox (siglo XVI)



Como decía algo más arriba, la realidad histórica es otra y la tenemos que encontrar en otras fuentes documentales coetáneas a los acontecimientos. La más explícita se encuentra en Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reyno de Granada, de Luis del Mármol Carvajal, que en su capítulo XII relata Cómo los moros de la sierra de Ronda fueron sobre la villa de Alozaina.

 


 

En la zona de la Sierra de las Nieves y Serranía de Ronda se habían formado varias partidas de moriscos rebeldes, que se amparaban en la fragosidad de las sierras y montañas de la zona. De vez en cuando lanzaban ataques a ciertas poblaciones, como fue el caso de Alozaina, villa poblada sólo por cristianos. Una de ellas era la formada por el Jubeliy Lorenzo Alfaquí, que agrupaba a unos 600 hombres.

Partiendo desde Tolox por el camino de Yunquera para ir más encubiertos por la sierra de Jurol”, se apostaron en la madrugada del miércoles siete de julio de 1570 en el arroyo de las Viñas. Al día siguiente, tras ver cómo los hombres salían al campo a realizar sus labores agrícolas dejando en la villa a las mujeres, a sus hijos y a las personas más mayores, aprovecharon el momento para asaltar el pueblo.

Bajaron en formación, a eso de las nueve de la mañana,puestos en su escuadrón de ocho por hilera, con seis caballos a los lados, que parecían cristianos que venían del Burgo a hacer alguna entrada “, según el relato de Luis del Mármol. Pero poco antes de llegar se toparon con dos vecinos que estaban faenando, Luis del Campo, al que mataron de un arcabuzazo y Francisco Hernández, que al ver el destino de su vecino echó a correr, pero fue en vano, ya que fue alcanzado por un morisco a caballo y alanceado por éste. Su mujer, que había ido a llevarle comida, también fue asesinada.

Dado el alboroto y el ruido, los pocos vecinos que quedaban se dieron cuenta del ataque y empezaron a dar la voz de alarma para que todo el que pudiera se pusiera a salvo. Mientras un hombre partía rápidamente camino de Álora a dar buscar ayuda, el escudero Ginés Martín cruzó con su cabalgadura rápidamente entre los moriscos y accedió a Alozaina. Allí agrupó a la gente en la zona más elevada y más fácil de defender, la zona del castillo, que contaba aún con algunos elementos poliorcéticos. Las pecheras lograron apostarse en muros y portillos para evitar el asalto de los feroces rebeldes. Como señala del Mármol sobre este escuderoél hizo harto en recoger la gente hacia el castillo. Es Alozaina lugar abierto, y tiene un castillo antiguo y mal reparado, donde está la iglesia y algunas casas, y allí se pudieron recoger tumultuosamente las mujeres y niños".

A duras penas las mujeres de Alozaina pudieron rechazar las tres fuertes embestidas de los moriscos, causándoles muchos muertos y heridos. “Mas las mujeres, animándolas aquel caballero y el beneficiado, suplieron animosamente por los hombres, haciendo el oficio de esforzados varones, y acudiendo a la defensa de los flacos muros, con sombreros y monteras en las cabezas y sus capotillos vestidos, porque los enemigos entendiesen que eran hombres; y otras puestas en el campanario no cesaban de tocar las campanas a rebato “.

En la lucha se destacó una joven de Alozaina, una tal María Sagredo, hija de un tal Martín Domínguez, según el cronista. Viendo que su padre recibió un disparo y quedó gravemente herido, protegió con una celada su cabeza y se hizo con una ballesta. Tomó posición junto a un portillo y desde allí parapetada mató a un asaltante e hirió a muchos otros. Eso es lo que nos cuenta Luis del Mármol de ella: “Aquí me ocurre por buen ejemplo decir el valor de una doncella llamada María de Sagredo; la cual viendo caído a Martín Domínguez, su padre, de un escopetazo que le había dado un moro, llegó a él y le tomó un capotillo que traía vestido, y se puso una celada en la cabeza, y con la ballesta en las manos y el aljaba al lado subió al muro, y peleando como lo pudiera hacer un esforzado varón, defendió un portillo, y mató un moro, y hirió otros muchos de saeta...”

Tras ser repelidos en varias ocasiones y en vista que los hombres de la villa, alertados, habían abandonado los campos y venían de camino, los moriscos desistieron y se marcharon quemando algunas casas, haciendo algunas cautivas y apoderándose de más de tres mil cabezas de ganado. Habían perdido a 17 rebeldes y algo más de sesenta quedaron heridos.

Según del Mármol María Sagredo, por su valentía y arrojo, recibió varias tierras en el vecino municipio de Tolox: “...y hizo tanto ese día, que mereció que los del consejo de su majestad le hiciesen merced de unas haciendas de moriscos en Tolox para su casamiento”.

Nuestra curiosidad nos ha impulsado a dirigirnos al libro de apeo y repartimiento de Tolox, sesudamente trabajado por Esteban LópezGarcía, al objeto de confirmar o desmentir el dato que nos señala el cronista. Allí nos hemos encontrado inmediatamente con el padre de María, Martín Domínguez “... vezino de Aloçayna ques en este reyno por horden de Su Magestad con una suerte.- I”, que recibió algunas propiedades como tierras, árboles y alguna casa (fol. 59v). Pero ni rastro de ninguna mujer con el nombre de María Sagredo...¿A qué puede ser debido esto? ¿Cómo es posible que su padre recibiera una suerte en el repartimiento de Tolox y ella nada?¿Acaso la suerte que recibió el padre era la de la hija? Pues no, no era nada de eso. Lo que ocurre es que nuestra heroína no se llamaba María Sagredo. Su verdadero nombre era María González de la Torre, como atestigua esta fuente: “Maria Gonçalez de la Torre hija de Martin Dominguez de Aloçayna” (93v). María recibió en Tolox dos suertes por su valerosa actuación como hemos podido descubrir en este mismo documento: “Maria Gonçalez de la Torre de Aloçayna por el hecho que hizo en aquel lugar en el tiempo de los moros con la carta de Su Magestad...” (fol. 94v). Y si por si quedaba alguna duda veamos que más dice sobre María esta misma fuente: (fol. 266v) “Mari Gonçales de la Torre hija de Martín Do (fol. 267r) minguez de Aloçayna tenia dos suertes por horden del consejo por aber muerto moros…”.

María González de la Torre no llegó a avecindarse en Tolox, pues traspasó sus suertes a un tal Salvador Martín, de Ardales, y un tal Andrés Vásquez el moço, natural de la población onubense de Encinasola: “...y la una dellas que fue la bentaja la traspaso con liçençia del consejo en Salvador Martin poblador con otra que tiene y la otra la traspaso en Andres Bazquez poblador que reside con su casa sin otra vezindad” (fol. 267r).

Perdemos por completo la pista de esta valerosa mujer tras casarse con el coineño Luis de Narváez y avecindarse en Coín: “...que Luis de Narbaez que abia casado con Maria Gonzalez de la Torre…” (fol. 637v) y “...se caso en Coin despues que se le dio la dicha vezindad…” (fol. 94v).

El tiempo y la oralidad mutaron el hecho histórico en menos de doscientos años. Actualmente se tiene por buena la historia de que María Sagredo, desde una de las torres, puso en fuga a los moriscos arrojándoles varias colmenas de las que salieron furiosas abejas que se cebaron en los desdichados atacantes. La torre que se conserva en calle Villa acabó recibiendo su nombre y hoy día su figura, la de la leyenda no la de la realidad histórica, es objeto de una celebración popular teatralizada, una recreación histórica que rememora su figura y los acontecimientos de los que fue protagonista.

Lo cierto es que ni su heroica defensa la realizó desde la llamada Torre de María Sagredo, sino desde un portillo, ni la hizo con colmenas, sino con una ballesta, y la más gorda, ni siquiera se llamaba María Sagredo, sino María González de la Torre.


La torre de María Sagredo según una ilustración 
de mediados del siglo XX





Conclusiones

¿Emosido engañado?” ¿Vale menos la leyenda o la historia de María Sagredo ahora que conocemos la auténtica dimensión del personaje y de la persona? No. rotundamente no. En absoluto. La historia, aunque no se ha distorsionado tanto como ocurrió con los acontecimientos de Tolox (de los que hablaremos en otro momento) mutó a lo largo del tiempo por su transmisión oral. En aquella época casi nadie sabía leer y escribir y el vehículo de transmisión de esos conocimientos se hacía de boca a boca. Es totalmente lógico que a lo largo del tiempo se desvirtuaran algunos detalles ofreciéndonos distintas versiones de los acontecimientos.

En Alozaina, en aquellos suceso, la verdad es que no hubo una sola “María Sagredo”. Lo cierto es que todas las vecinas que se parapetaron en las ruinas de lo que quedaba del castillo de Alozaina tuvieron un papel heroico y valiente, como nuestra heroína, y deberían de compartir con ella ese calificativo. Como hemos dicho, aquellos acontecimientos hoy día se rememoran a través de una actividad teatralizada que se celebra todos los años y que es un vehículo excepcional para transmitir y dar a conocer esta historia.


Recreación histórica sobre María Sagredo 


                                                 (c) Diego Javier Sánchez Guerra