jueves, 12 de enero de 2017

OJÉN. UNA MIRADA RECOSTADA HACIA EL MEDITERRÁNEO


Es interesante pararse en alguno de los miradores de Ojén, junto a la carretera de Marbella, para contemplar no sólo una escena de gran belleza paisajística sino también para entender la diversidad que atesora la Reserva de la Biosfera de la Sierra de las Nieves, a la que, con todo mérito, Ojén pertenece.



Este municipio, a caballo entre el mar y la sierra, al parecer, recibe su nombre de un término de origen árabe: Jusayn. Hay autores que proponen que la población de Ojén provenía de la cercana Turrus Jusayn (en el actual Cerro Torrón, muy próximo a la costa) y que llevaron el nombre del antiguo asentamiento consigo cuando fue forzosamente trasladada a la actual ubicación en el marco del final de la revuelta hafsuní y la pacificación del territorio de manos del emir Abderramán III, futuro primer Califa de la dinastía Omeya de occidente, aquella que conduciría a al-Andalus a su máximo esplendor y que construiría dos auténticas maravillas: la ciudad palatina de Medina Azahara y la mezquita de Córdoba. Entorno a una pequeña mezquita, hoy iglesia de la Encarnación, fue creciendo la población de Jusay / Oxen / Ojén, desde donde partían calles quebradas y laberínticas. La elección del lugar no fue fortuita pues se buscó agua y terrenos aptos para la agricultura irrigada: desde entonces las aguas del Almadán nacidas en la zona del Chifle, al pie de la Sierra, abastecerían a las huertas, las fuentes y los molinos harineros que surgirían bajo el casco urbano.




Ojén, cuna del famoso aguardiente, se presenta reclinado sobre la ladera del cerro Ojenete, formación caliza que se integra en el macizo de Sierra Blanca a donde pertenecen lugares tan emblemáticos como la Cruz de Juanar o la Concha, fabuloso telón de fondo de la turística Marbella y donde campan tranquilas las cabras monteses. Las sierras calizas son muy importantes  en el ámbito de la Sierra de las Nieves, son las de mayor altura y por efectos de la erosión provocada por el agua manifiestan un tipo de relieve denominado kárstico, donde encontramos formaciones como dolinas, lapiáces, abrigos, cuevas… En estas sierras el pastoreo y el aprovechamiento de otros recursos, como la madera, se ha sumado el de las mismas rocas calizas para su transformación en cal a través de las caleras contando con los conocimientos del milenario oficio de calero.




Por su propia naturaleza, pues internamente este tipo de sierras posee muchas cavidades, funcionan como esponjas que almacenan el agua de lluvia que luego brota en manantiales y surgencias dando lugar, en este caso, a los ríos Almadán y Real, que daban vida a las huertas de Ojén. En el primer caso además alimenta a la Fuente de los Chorros y  abastecía a una red de varios molinos hidráulicos harineros -algunos ya desaparecidos- de los cuales el más representativo -y que está hoy día musealizado- durante muchos años funcionó como molino de aceite y después como fábrica de aguardiente: hablamos del Molino de Ojén que habría que poner, de paso, en relación a las famosas eras del pueblo, donde se aventaba el cereal que posteriormente iba a ser molturado por sus piedras. Se trata de un molino de rodezno de dos paradas, esto es, con dos ruedas motrices de madera dispuestas horizontalmente bajo sus cárcavos, bajos sus pequeñas bóvedas. Con el tiempo se sustituyeron por una turbina del tipo Pelton, que todavía puede verse bajo uno de los cárcavos. Sin embargo la última actuación para la mejora de su entorno ha incluido un elemento altamente distorsionador como es una rueda de madera vertical tipo aceña, que nada tiene que ver con el sistema motriz de este molino y que puede crear confusión entre los visitantes. La alberca que servía para remansar el agua tras la molienda y dirigirla a otros cultivos y otro molino que había más abajo ha recibido tal remodelación que ha quedado casi irreconocible.








En el caso de río Real, su nombre viene dado por discurrir junto al viejo camino real que ascendía desde Marbella y atravesaba el puerto de Ojén buscando el valle del Guadalhorce, una vía de comunicación antiquísima que desembocaba en el litoral marbellí y que da nombre al viejo molino real y a torre real. Este camino atravesaba Monda y daba nombre a una de sus calles.




La diversidad geológica en tan pequeño espacio es muy interesante. Además de esta prominencia caliza que sirve de recostadero al pueblo, en el fondo de la imagen asoma la cara sur de la sierra de Alpujata y más cerca, el perfil afilado de la sierra Parda. Su naturaleza geológica es muy singular ya que están compuestas por un tipo de rocas muy especial, las peridotitas, que se forman en el manto a decenas de kilómetros de profundidad  y que han ascendido a través de la corteza hasta brotar a la superficie. Sus afloramientos son muy escasos en el mundo, de ahí su rareza y particularidad. En esta sierra, que ha recibido algunas repoblaciones con pinos -de ahí el aspecto escalonado de su epidermis-, al pastoreo, la recogida de esparto y otros aprovechamientos silvícolas, se le sumaba la minería, pues las peridotitas albergan una gran cantidad de metales pesados que empobrecen los suelos a los que se han adaptado muchas especies vegetales. De ellas la mina más conocida es la Gallega y es que el oficio de minero, aunque no lo parezca, fue en el pasado de este pueblo y de la zona de la Sierra de las Nieves, bastante importante.




Un tercer elemento geológico que no es tan apreciable a simple vista lo tenemos en las formaciones travertínicas. El travertino es una roca sedimentaria de origen parcialmente biogénico y formada por depósitos de carbonato cálcico al igual que sucede con las estalagmitas, las estalactitas y otros espeleotemas. La roca caliza disuelta por la erosión en ocasiones se acaba depositando en los entornos de los manantiales formando este tipo de rocas. Pues bien, toda la plataforma del castillo y las famosas cuevas de Ojén (que son parcialmente artificiales), parte de los terrenos donde se asienta el pueblo y  gran parte de su zona de huertas, tienen un sustrato geológico travertínico. En el paraje del Chifle, por encima del pueblo, podemos ver algunos afloramientos en formación junto a las viejas acequias a la vez de disfrutar de un bello y tranquilo paseo por un entorno de gran biodiversidad desde el que podemos contemplar unas fantásticas panorámicas del pueblo y del litoral.




El castillo o lo poquísimo que por desgracia queda de él, por tanto, se eleva sobre una prominente muela de travertino y al contrario de lo que sucede con el resto de los pueblos de la Sierra de las Nieves, no es de época islámica sino cristiana ya que fue construido a primeros del siglo XVI por Lorenzo Gómez de Solis, señor de la villa. No es la única fortaleza que hay en Ojén, al menos existen otras dos más: una en el Castillejo (y compartida con otros términos municipales) y otra en el cerro Ojenete, surgidas durante la revuelta hafsuní y sólo al primera de ellas tuvo permanencia algunos siglos más. Ambas se encuentran derruidas.



El casco urbano ha sufrido una fuerte metamorfosis en las últimas décadas, especialmente en los últimos años de pujanza económica y edificatoria. De ser un pueblecito de casas blancas a pie de sierra con sus huertas y acequias, prácticamente ha duplicado la superficie construida y ha perdido gran parte de su espacio irrigado. Las huertas, de origen islámico y una de las mayores señas de identidad de éste y otros municipios de la Reserva de la Biosfera de la Sierra de las Nieves, han sufrido un fuerte retroceso especialmente en aquellas zonas donde el proceso urbanizador ha tenido un fuerte crecimiento. El desarrollo urbanístico de las últimas décadas se ha llevado por delante algunos de los viejos molinos harineros, ha ocultado o eliminado tramos de acequias y ha hecho desaparecer albercas, bancales, terrazas… Por encima del castillo el crecimiento urbanístico a costa de las laderas de la Sierra también ha sido brutal. Ese es el precio de la cercanía al litoral marbellí y de la influencia de sus dinámicas económicas.




Y no sólo hablo de la ampliación de la superficie construida, también de las formas constructivas. La típica arquitectura tradicional de viviendas con alturas determinadas, de volúmenes cúbicos y encaladas, con cubiertas de teja mora rematadas por largos humeros que Luis Feduchi recogiera en su otra Itinerarios de arquitectura popular española, ha sido sustituida en gran parte por otra arquitectura más “impersonal” (o con su propia personalidad) donde priman las grandes construcciones que buscan ganar altura, los bloques de pisos, las nuevas formas donde las terrazas van ganando terreno a los tejados…

A pesar del desbarajuste inmobiliario Ojén sigue manteniendo algunos envidiables rincones de gran belleza, sobre todo en su casco viejo, donde es una delicia perderse entre callejas estrechas, quebradizas y escalonadas, que ascienden y bajan caprichosamente al socaire del terreno. Además conserva esa esencia de pueblo de carácter afable y tranquilo, hospitalario y amable con el visitante, como recogiera el viajero Francis Carter en su Viaje de Gibraltar a Málaga.




Ojén, sin lugar a dudas, es un lugar de la Reserva de la Biosfera de la Sierra de las Nieves que hay que visitar y que hay que disfrutar.


domingo, 16 de octubre de 2016

UN PLANO JURISDICCIONAL DE MONDA DEL SIGLO XVI.


El siglo XVI que aparentemente queda muy lejos, fue una época de grandes acontecimientos y conmociones sociales, de grandes cambios y transformaciones en todas aquellas poblaciones que habían pertenecido al Reino Nazarí de Granada y que abarcaba, grosso modo, gran parte de lo que hoy son las provincias de Cádiz Málaga, Granada y Almería. Un pequeño pueblo que se llama Monda se encontraba entre ellas…



La conquista del Reino Nazarí de Granada


Época de grandes cambios porque tan sólo unos años antes del comienzo de esa centuria los Reyes de Castilla, Isabel y Fernando, habían consumando uno de los sueños militares cristianos que habían gravitado durante cientos de años: conquistar el último reducto islámico de la vieja piel de toro, el sultanato nazarí de Granada. Tras una violenta guerra de conquista que provocó miles de desplazados, esclavos, refugiados y muertos, la autoridad castellana se impuso en el otrora flamante Reino de Granada; los musulmanes granadinos pasaron al estatuto de mudéjares, esto es, se les respeta religión y cultura, impuestos, costumbres, propiedades, templos… pero quedaron bajo administración y autoridad de los castellanos y al socaire de sus decisiones.



La toma de Coín en la sillería del coro de la catedral de Toledo


La conquista castellana trajo consigo una primera repoblación con cristianos viejos que fueron ocupando las casas y fincas de los musulmanes huidos o muertos en la guerra. Poco a poco fueron introduciéndose en las comunidades campesinas de población mayormente musulmana y, aunque eran menores en número, acabaron manejando los resortes de los poderes locales en detrimento de los vecinos mudéjares.

Esta situación duró hasta 1501 en que el mal trato de los invasores hacia la población mudéjar y el no mantener los acuerdos por los que se respetaba su cultura y religión, provocó una seria revuelta que se saldó con la derrota de los mudéjares y la obligación de abrazar el cristianismo. Ahora los mudéjares pasaron a convertirse en cristianos nuevos o moriscos. Muchos emigraron al Norte de África al no querer abjurar de su fe islámica, teniendo que vender sus propiedades a muy bajo precio y con muchas restricciones a la hora de cruzar el Estrecho.



Bautizo de mudéjares, catedral de Granada


Hasta 1568 las relaciones entre cristianos viejos y moriscos  fue más de coexistencia que de convivencia porque los moriscos, más numerosos en las zonas rurales, fueron siempre discriminados por las autoridades en favor de los cristianos de repoblación y, además, se les presionó con diferentes medidas como impuestos especiales o la  prohibición de manifestar expresiones de su cultura andalusí (idioma, vestimenta, determinados bailes y costumbres…).



Familia morisca


La situación llegó hasta tal punto que en esa fecha estalló una rebelión que tuvo como protagonista a numerosas comunidades moriscas de las Alpujarras y de la Serranía de Ronda y sus entornos que se saldó, poco después de un año, con la derrota de los moriscos y su total expulsión de las tierras que habían habitado sus antepasados durante casi un milenio. En algunas poblaciones de la Sierra de las Nieves, como Istán, Tolox y Alozaina, sucedieron algunos episodios de gran violencia narrados por le militar y cronista Luis del Mármol Carvajal, de los que trataremos en otra entrada. Lo que hicieron con los moriscos fue un auténtico genocidio cultural que tendría su vergonzoso epílogo en 1610 con su expulsión total de los reinos peninsulares. No era la primera vez que una comunidad era expulsada de la península Ibérica; en 1492 fue el caso de los judíos, expulsados por los reyes Isabel y Fernando.



Portada del libro Historia del rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada, de Luis del Mármol Carvajal


Pero no nos desviemos demasiado del tema que hoy quería tratar... Tras la expulsión de los moriscos había que repoblar las tierras y casas abandonadas con cristianos viejos, cristianos de repoblación, a los que se ofrecieron ciertas ventajas fiscales para atraerlos. El objetivo era simple: introducir gente para poner a producir las tierras, cobrar impuestos y engrosar las arcas del Estado.

Hubo que contar las casas, propiedades, fincas, molinos de aceite y de harina… abandonados, así como delimitar los términos de cada población, para lo que se emplearon moriscos de los lugares que se iban a apear, para luego expulsarlos. Esa información se recogía en los denominados libros de apeo para luego organizar el reparto de las propiedades entre los cristianos de repoblación en lotes o suertes. En el caso de Monda, además de ese valiosísimo documento histórico trabajado por Teodosio Vargas Machuca y José Antonio Urbano Pérez, se conserva en el Archivo Ducal de Frías un dibujo de un plano de la jurisdicción de Monda que data de finales del siglo XVI. Es el más antiguo que se conoce y sobre el que vamos a tratar en esta entrada. Se encuentra en el libro del referido José Antonio Urbano Pérez, La Villa de Monda en el siglo XVI. Apeos y primeras ordenanzas del que nunca me cansaré el recomendar su lectura.



Plano de jurisdicción de Monda, siglo XVI




Se trata de un documento muy valioso donde aparecen numerosos topónimos -nombres de lugar- que todavía hoy día después de casi medio milenio, seguimos usando así como referencias a montes, cauces fluviales y otras poblaciones vecinas. Aunque no esperemos ver un plano topográfico perfecto ¡de eso nada! Pues los métodos de la época eran muy rudimentarios. No obstante es un plano que después de observarlo detenidamente varias veces, se entiende a la perfección. Incluso los textos, leyendas y denominaciones pueden ser leídos bastante bien incluso por el ojo no experto.

El plano se complementa con dos cartelas que ofrecen información sobre distancias a lugares y poblaciones del entorno. Veamos.

El documento, realizado con tinta sobre papel, se conforma por tres cartelas rectangulares, el plano de jurisdicción en vertical y más grande y las otras dos a sus pies, apaisadas. El plano, según lo vemos, está orientado al Oeste. En el centro hay un rectángulo con doble trazo donde puede leerse en su parte izquierda y en vertical: Situación de Monda; en su parte derecha en vertical: Longitudinal; y en su parte inferior, Latitudinal. Se trata del casco urbano de Monda en aquella época, rematado por el castillo de Monda, a la derecha del plano. El dibujante no ha reflejado las calles, ni plazas, ni edificios importantes como la iglesia… se ha limitado a realizar un sencillo dibujo y nada más, porque el plano es de carácter jurisdiccional, para marcar los límites de las tierras de Monda, no es un callejero.


Detalle central del plano


Hacia arriba, en dirección Oeste, parte un brazo rematado en una figura donde pone Moxonera de Marvella; lo mismo ocurre al Sureste con La Vega, Moxonera de Coín; y hacia el Noreste con Moxonera de Guaro. Hay más figuras de esta índole repartidos por el plano, pues vemos también en el Norte la Moxonera de Tolox, al Sureste la Moxonera de Guaro (otra)… que no son más que los mojones delimitadores de la jurisdicción de Monda y que a veces se representaban con amontonamientos de piedras y otras con algunos árboles. De hecho las figuras que representan a los mojones delimitadores son acumulaciones de piedras. Había más de 15 mojoneras en toda la jurisdicción de Monda.





Varias mojoneras



También podemos ver algunos elementos de al menos dos poblaciones, Monda y Guaro. El segundo se representa con su nombre y unas figuras que deben referirse a sus casas. Ni resto de la torre medieval que daba cobijo al pueblo, la torre de Erasso. En el caso de nuestro pueblo, además de la simplicidad del casco urbano arriba referido, también se refleja el castillo y la muralla de una forma muy simple: con un dibujo que parece un adorno de un árbol de Navidad y un doble trazo curvo continuo, con un arco al final de uno de sus extremos que representa la entrada a la villa de Monda, que se encontraba dentro de las murallas del castillo. Sabemos que se trata del castillo y la muralla porque hay un texto que lo referencia: Castillo dela Villeta y La muralla. Esa entrada es la que se conserva al final de calle Castillo, el viejo camino de la Villa que hoy se encuentra cerrado por una verja. No sabemos si realmente la entrada se realizaba mediante un arco -que sería lo más posible- pero si sabemos que en este sitio tuvo lugar uno de los momentos históricos más importante de la villa de Monda: la toma de posesión de la villa por parte del enviado del marqués de Villena y que no estuvo exenta de polémica. Este episodio viene muy bien recogido en el mencionado libro de José Antonio Urbano Pérez, La Villa de Monda en el siglo XVI. Apeos y primeras ordenanzas.


Detalle del castillo de Monda




El castillo en una antigua fotografía


En esta época el núcleo principal de población estaba en la Villeta, protegidas las casas y viviendas por la muralla del castillo, que tenía -y tiene- casi cuatrocientos metros de longitud y se jalonaba por algunas torres. Hacia el Sur del cerro de la Villeta se encontraba el arrabal, un barrio de viviendas que se había creado extramuros del castillo y que se organizaba entorno a lo que hoy es la plaza de la Constitución.




La puerta de la Villa hace cinco siglos y hoy



 Además de las mojoneras y poblaciones, observamos dos elementos fundamentales que el dibujante que por su vital importancia para el desarrollo económico de la zona, no ha pasado por alto; se trata de los caminos y de los cauces fluviales; ambos se dibujan con un doble trazo pero los primero se dibujan rectos mientras que los segundos son tratados con un trazo irregular. A la izquierda de la imagen aparece representado un cauce fluvial denominado en el plano río del Cazerín, que se refiere a nuestro Alcazarín que, como se señala en el plano, nace en la Sierra de Alpujata,  que se representa con un extraño dibujo, pero que indudablemente quiere referenciar esa pequeña cadena montañosa de peridotitas. Por encima del castillo de Monda aparece otro curso fluvial que aparece denominado como río de Gaimon, que se pierde aguas abajo más allá de Guaro para desembocar en río Grande. Este curso fluvial es un arroyo que conserva el mismo nombre y que desemboca en arroyo Seco. Éste último mantiene su nombre hasta desaguar en río Grande, en el referido término de Guaro.





Algunos de los cauces fluviales


La sierra de Alpujata con las huertas y el arroyo Alcazarín a sus pies


Los caminos son muy importantes porque conectan al pueblo con los recursos del entorno y con otras poblaciones, fomentan el tránsito de viajeros, de mercancías y permiten el desarrollo económico. En el plano identificamos varios como el de Marbella, el de Guaro y el de Coín, que viene precedido por el nombre del paraje que atraviesa La Vega. Sin embargo hay otros caminos quizás menos conocidos pero que en aquella época eran fundamentales. De lo contrario no vendrían recogidos en el plano. Del camino de Guaro hacia el Norte, hacia Tolox, parte un camino que poco antes de llegar al arroyo de Gaimón, se bifurca en otros dos. Estos dos desembocan en dos pagos de viñas, el de Gaimon y el del Ornillo. Es posible que la vereda de la cañada de Retamar se trate de uno de ellos. Es importante destacar que en el siglo XVI y en tiempos sucesivos los mayores ingresos de los campesinos venían de mano del cultivo de la vid para la transformación en pasa de la uva. Ya hemos hablado en anteriores entradas de la importancia de la pasa en esta zona durante siglos, hasta finales del XIX. Había otros pagos de viñas en Guájar, Canuchas, Rozulelas… pero se señalan esos dos, quizás porque a lo mejor eran más productivos. Las vides se representan muy sencillamente, con pequeños círculos soportados por pequeños tallos.






Pagos de viñas y cañada de Retamar


Moratán y Gaimón


Hay otros elementos curiosos e interesantes en este plano. Entre la mojonera de Coín y la de Guaro, al Sureste, nos encontramos con los montes del Señor (Montes del Sor.), donde aparecen dibujados una serie de árboles. A diferencia de las vides estos son más altos, con tronco y copa. Entre las dos mojoneras de Guaro aparece una línea recta doble de color oscuro, que a lo mejor marca el límite de la jurisdicción de Monda. Bajo esta línea aparece la leyenda Guaro y sus tierras. Los montes del Señor se encuentran detrás de las lomas de Rozuelas, importante pago de vides en esta época y que no nos ha de extrañar que no aparezcan referidas, pues no se encuentran en el límite de la jurisdicción de Monda.



Los montes del Señor


En el extremo superior izquierdo del plano, hacia el Suroeste, aparecen más elementos de interés. Vemos una gran masa de árboles de similar dibujo a los de los del monte del Señor, junto con la leyenda Moxon del Alcaide. Esta masa arbórea se encuentra ceñida a la izquierda por las sierras de Alpujata y a la derecha por los llanos de Purlas, que aparecen con la siguiente leyenda: llanos de Purlas y tierras de labor. Seguramente se trate de los parajes del Mojón y de la Moheda, lugares donde abundaban (y abundan) los alcornoques y tierras aptas para la ganadería.



El Alcornocal de la Moheda



La Moheda en la actualidad



Junto a ese bosque aparece la moxonera de Monda, que marcaría los límites jurisdiccionales entre Monda y Marbella. Esta mojonera estaba situada en el pico de los Castillejos, donde se hallan los restos de una vieja fortaleza medieval de bastante interés arqueológico.

Y aparece también dos elementos muy importantes; por un lado un cuadrado de gruesos trazos negros, donde se pone la leyenda Venta del Puerto de Ojen. Las ventas de los caminos eran muy comunes en tiempos pasados pues eran lugares de descanso, para pasar la noche, para comer, para hacer negocios… Desconocemos la ubicación exacta que tendría esta venta, pero no estaba muy alejada del puerto. Sobre ella aparecen dos líneas verticales de trazo grueso, paralelas, sobre la cual aparece la leyenda Puerto de Ojen. Se trata de la representación del paso del puerto de Ojén, lugar de paso obligado desde la Antigüedad hasta la actualidad y por donde pasaba una vía de comunicación ancestral que con el tiempo se convertiría en camino real, renombrando al río Turrus como río Real, en Ojén, nombre por el que lo conocemos desde hace casi cinco siglos.


El puerto de Ojén y su venta


Ese mismo dibujo, las dos líneas paralelas, lo encontramos en el ángulo superior derecho del plano, al Noroeste, con la leyenda Puerto Verde, por encontrarse en este lugar ese paso que conducía al nacimiento de río Verde, a Tolox, a Ronda a través de las estribaciones de la Sierra de las Nieves… también paso de vital importancia para el ganado.



Puerto Verde


En la parte superior derecha aparece la Sierra de Canuchas, representada por un sencillo dibujo de una montaña. Recordemos que en las faldas de esta sierra se cultivaba la vid y que todavía quedan muchas terrazas que antiguamente fueron ocupadas por este cultivo. Desde aquí parte lo que parece un camino que se dirige hacia la cima de la sierra de Alpujata, a la mojonera de Monda. Puede tratarse de una cañada real, posiblemente la de Puerto Verde. Las cañadas reales son zonas de paso ganadero y no se pueden cortar ni desviar, su trazado se debe respetar, y muchas de ellas están recogidas como tales desde hace siglos.



La sierra de Canuchas


Cuchillos de Canuchas desde Bornoque



En el plano, a la derecha de Puerto Verde, hay una figura cuadrada rodeada por tres trazos que parecen representar cerros y que aparece con la leyenda Moratan. Se refiere al paraje que hay entre Bornoque y Monda, entre Gaimón y Canuchas, linde con lo que es hoy el Parque Natural Sierra de las Nieves, habitado por un importante bosque de alcornoques y de una gran belleza. Dentro del cuadrado se dibujan una serie de figuras que pueden tratarse de árboles o de cultivos, lo cierto es que no se aprecia del todo bien.


Moratán


Entre Moratán y Canuchas hay otra mojonera que se señala con la leyenda hasta aqui Tolox y que marcaría el límite de ambas jurisdicciones. No obstante ambas villas, Tolox y Monda, pertenecían al marqués de Villena.

En la cartela inferior izquierda podemos leer:

Guaro y la moxonera de __________……………. 2
Tolox……….8………su moxonera…………..........…..2
Viñas del Ornillo ………2….. Viñas de Gaimon…..2
Moratan ……2…..Puerto Verde…….............………6
Sierra de Canuchas…….2……la de Alpujata….....2




En la cartela inferior derecha podemos leer:
....…..Quartos de Leguas….........
Monda de Marvella….......… 12
La moxonera de esta ____ …2
Coin dista de Monda ……………2
La moxonera……………….....….2






El plano del que acabamos de tratar es un documento de inestimable valor histórico para nuestro pueblo pues es la primera “foto fija” que se conserva de él ya que no tenemos noticia de ninguna otra imagen más antigua. Es, además, una preciosa excusa para perdernos entre sus entresijos y bucear en nuestro pasado y en nuestros hitos históricos.



©  Diego Javier Sánchez Guerra

domingo, 11 de septiembre de 2016

BANCALES Y ATERRAZAMIENTOS EN LOS PAISAJES AGRÍCOLAS DE LA SIERRA DE LAS NIEVES




La adaptación y transformación del medio natural por el ser humano para satisfacer sus necesidades es asombrosa. Además de la acción de los agentes naturales que dan forma a los paisajes, como la lluvia, la nieve, el viento… hemos de sumar el papel que ejerce el ser humano a lo largo del tiempo como escultor, como modelador último de los mismos según sus necesidades, dotándoles de paso de memoria y de un profundo acervo cultural. 




En una región tan áspera y montañosa como es la Reserva de la Biosfera de la Sierra de las Nieves, la creación de espacio cultivable ha generado numerosos paisajes rurales abancalados, aterrazados, tanto para albergar cultivos de secano como para los de regadío. En el segundo de los casos, además de para ganar espacio cultivable, también para conducir el agua a las parcelas con la ayuda de la fuerza de la gravedad y para mover los molinos harineros, muchos de los cuales se convertirían transitoriamente en estaciones de generación eléctrica. En el primero, para ganarle al terruño, a las laderas y pie de montes de esta escarpadas y poco fértiles tierras, superficie cultivable suficiente para ganarse la vida, para proveer de un mínimo sustento a las familias campesinas, es donde campan mayormente olivos y almendros.






De este modo y desde tiempos remotos se ha modelado cerros, laderas, colinas… construyendo bancales a mano de una forma dura, laboriosa pero sencilla y efectiva: a base de colocar rocas a hueso, trabadas sin argamasa, pero no al azar sino de una forma atentamente estudiada para crear el máximo de superficie cultivable sujetando el terreno. Mediante esta sencilla pero ardua técnica los campesinos y campesinas de estas tierras han logrado engañar el hambre y ganarse humildemente la vida durante generaciones. De esta manera los primeros plantones tuvieron un espacio donde crecer y echar sus raíces, unas raíces que se sumergieron abrazando las entrañas de la tierra, aferrándose a ella y sujetándola, evitando que se desgranase y que se perdiese por efecto de los agentes erosivos.






El aspecto escalonado y característico de muchos de los paisajes de este paraíso que cada vez está más cerca de adquirir su declaración como Parque Nacional, no sólo ha combatido resueltamente la erosión provocada por un régimen de lluvias mediterráneo de carácter normalmente torrencial, sino que nos ha legado todo una gran obra cultural colectiva, unos paisajes culturales en los que confluyen tradiciones, antiguos saberes, oficios tradicionales, memoria, historia, diferentes cultivos que se suman a la biodiversidad de estos entornos… toda una liturgia del espacio agrícola de extraordinario valor y belleza. 




En ellos, como se ha señalado, se han aplicado ancestrales técnicas constructivas como la de los bancales; técnicas y trabajos específicos de laboreo y arado de la tierra para que la oxigenen y eviten su erosión; técnicas de injerto y poda de los árboles para favorecer los brotes nuevos y mejorar la productividad; quema de ramones in situ para limpiar el espacio cultivable y beneficiar a la tierra; aprovechamiento de esos ramones para hacer picón al objeto de calentar la casa con copas o braseros, o para la elaboración de carbón vegetal con la misma finalidad; aprovechamiento(¡¿Cómo no?!), de los frutos, especialmente de aceitunas (que aliñadas o transformadas en aceite forman parte de nuestra gastronomía desde hace milenios), por ser el olivo el cultivo más desarrollado (aunque anteriormente y durante muchos siglos, lo fuera la vid) mediante el vareo y la recogida, normalmente de carácter familiar, y que fomentaba otro de los valores culturales más destacados del mundo rural: la gastronomía, pues en las largas jornadas agrícolas las sopas de pan, primordialmente, ayudaban a engañar el hambre (sopas de pan que hoy día son la bases de importantes fiestas gastronómicas: la burgueña Sopa de los Siete Ramales, la mondeña Sopa Poncima o las Sopas Perotas en Álora); la introducción de cultivos y el abandono de otros, como ocurrió con la vid, transformó la epidermis de estos paisajes, su aspecto visual, las técnicas de trabajo y laboreo…








Pero el peor momento de nuestros paisajes agrícolas se ha vivido en  las últimas décadas con el abandono de muchas de las explotaciones agrarias por su escasa o nula rentabilidad. La difícil mecanización de los procesos productivos en una tierra tan abrupta como ésta y la introducción de otros productos procedentes de otros países merced a la pertenencia al mercado de la UE, entre otras cosas, están detrás de esa bajada de rentabilidad y abandono paulatino. Tampoco ayuda que mucha de las propiedades sean de pequeñas dimensiones. Ya en los años 60 del siglo XX se empezó a acusar ese abandono: los agricultores cambiaron los azadones por el palustre en la construcción o la bandeja en un chiringuito de la emergente Costa del Sol mientras otros muchos buscaron fortuna en algunos países de Europa como Francia o Alemania, cuyas industrias y economías despegaban fuertemente tras la ralentización producida en la posguerra mundial. Miles de años de tradición agrícola ahogados por los intereses económicos supranacionales…



Cuando miramos a este pequeño cosmos agrícola construido por hombres y mujeres que es la Sierra de las Nieves nos encontramos unos paisajes dotados no sólo de unos fuertes valores patrimoniales, culturales, etnográficos y antropológicos, sino también dotados de una potente memoria campesina y sublimados por una poderosa carga emocional y sentimental si te has criado en ellos, si has trabajado en ellos, si te has ganado la vida en ellos, si has convivido con ellos… Tengamos presente esto cuando practiquemos senderismo, cuando paseemos por el campo o cuando vayamos a trabajar en él… porque estamos ante una de las mayores señas de identidad de estos paisajes agrícolas.