lunes, 31 de agosto de 2026

EL CASTILLO DE MONTEMAYOR (BENAHAVÍS). DE GUARDIÁN DE LA COSTA DEL SOL A LA LISTA ROJA DEL PATRIMONIO


    Esta entrada va dedicada al profesor, historiador e infatigable investigador Carlos Gozalves Cravioto. Un humilde y merecido reconocimiento a su incansable labor desarrollada por décadas para dar a conocer mediante cientos de artículos, libros, publicaciones, conferencias... el patrimonio arqueológico de Málaga, reivindicando sus valores y realizando descubrimientos singulares tales como la mezquita rural medieval integrada en el Cortijo de "las Mezquitas", en la vega de Antequera. Uno de los descubrimientos arqueológicos más sensacionales de las últimas décadas. No hay un sólo metro cuadrado de territorio malagueño donde no haya puesto sus pies y haya depositado su mirada curiosa e investigadora. Una labor infatigable, si, pero también infecciosa, no lo olvidemos, porque ha alentado y animado a toda una generación de investigadores que de alguna manera siguen o han seguido, y seguirán, muchos de los caminos abiertos por él.   


Va por tí, Carlos. 

 

 

La cúspide del cerro donde dormita el castillo de Montemayor

 

 

BENAHAVÍS, MÁS ALLÁ DEL GOLF Y DEL TURISMO DE LUJO.

LA OLVIDADA HUELLA DE SU PASADO ANDALUSÍ 

 

    El bello municipio de Benahavís, que forma parte del Parque Nacional Sierra de las Nieves, se encuentra entre la localidades de Estepona y San Pedro de Alcántara, ensortijado en un pequeño y angosto valle ceñido por cerros y montañas junto al que serpentea el río Guadalmina. Este cauce es una delicia para barranquistas y aficionados al llamado "senderismo acuático", que en verano colapsan este precioso espacio. A pesar de hallarse al interior, su proximidad a la Costa del Sol ha reconducido de forma intensa su economía hacia el sector inmobiliario, de la gastronomía y de la hostelería. Hace ya muchos años que sus vecinos trocaron un modo de vida ancestral sustentado en la agricultura y la ganadería por otro basada en la hostelería y el turismo, permutando la azada por el palustre en la obra o el cayado y la honda por la bandeja en el restaurante.

 

Vista aérea de Benahavís
 

    Pero, además de ser famoso por su sector de la restauración y por sus espectaculares barrancos de las Angosturas y ruta singular acuática, Benahavís alberga en su término municipal un patrimonio cultural asociado a fortalezas y torres de alquería de enorme importancia y trascendencia que delatan su inequivoca y profunda huella andalusí, junto a los vestigios de antiguas acequias. Sin embargo, la presión urbanística ejercida por la construcción de multitud de urbanizaciones y campos de golf en su término ha venido afectando negativamente a su paisaje y a su patrimonio cultural, en el caso en que tratamos particularmente, a su patrimonio constructivo de carácter poliorcético. Pero, por fortuna, todavía se cuenta con vestigios de notable interés que deberían ser restaurados, integrados y puestos en valor tanto para evitar su pérdida como para que se conviertan en una fuente de ingresos permitiendo el desarrollo del turismo cultural, ampliando y diversificando la oferta de este famoso municipio.

 

Barranquismo en el río Guadalmina
¡Al agua, paaaaato! 
 

    No cabe duda de la raigambre andalusí del topónimo Benahavís. Popularmente se vienen aceptando dos orígenes o significados. Por un lado, se señala que deriva de la voz árabe Ben, que significa hijo, y Avis o Havis, que fue el nombre de un árabe notable que según se dice gobernó el castillo de Montemayor, cuyo hijo tuvo la idea de construir una serie de defensas entorno a la fortaleza, dando origen una de las cuales al núcleo de población. Otra tradición afirma que la palabra Benahavís deriva de Ben Habix, traducido como “los hijos del abisinio”, por haberse establecido un cadí de aquella nacionalidad en estos contornos. Lo cierto es que todo parece apuntar a un origen beréber del topónimo, que habría sido implantado por gentes procedentes del norte de África que eligieron el lugar para su asentamiento.

    En el término municipal de Benahavís existen restos de varias alquerías que estaban asociadas a varios espacios productivos y a varias torres. Aunque hay que decir que no todas las alquerías tenían su torre. Era el caso de la de Daidín, lugar que en la actualidad es de especial afluencia senderista y que se encuentra hasta cierto punto bien documentada. El edificio que en parte se conserva y que se suele identificar con una torre o con los restos de una iglesia, no se corresponde ni con lo uno ni con lo otro. No responde ni en planta, ni en alzado, ni en composición constructiva y estructural con una torre de alquería. Ni con un templo cristiano. Si Daidín la tuvo, desde luego que no era esa edificación, que responde a soluciones arquitectónicas más modernas, quizás relacionadas con alguna explotación del entorno más reciente y edificada con materiales del entorno, entre ellos restos de la antigua alquería. Por el Catastro de Ensenada sabemos que aquí hubo un pequeño núcleo de población en el siglo XVIII.

 

Restos de la alquería de Daidín

 

 

 Detalle de la construcción que se viene 

asociando con una torre en Daidín

 

     Los moros de Daidín fueron unos de los protagonistas de las revueltas mudéjares que azotaron al fenecido sultanato nazarí de Granada entre 1499 y 1501. En este bello rincón serrano tuvo lugar un dramático acontecimiento. En el contexto de cristianización y evangelización que sobre estas poblaciones otroras nazaríes trataban de llevar a cabo los castellanos a través de las autoridades religiosas, arribaron a esta pequeña aldea dos clérigos procedentes de Alcalá de Guadaíra. Las fuentes escritas recogen sus nombres: Antón de Medellín y Alonso de Gascón. El recibimiento no fue nada halagüeño pues, siguiendo al cronista Andrés Bernáldez, "los mataron las mugeres e muchachos a cañivetadas, porque no se quisieron tomar moros", añadiendo, "e los quemaron despues de los aver muerto, atados en sendos árboles, a cañaveradas e pedradas e cañivetadas" (Andrés Bernáldez, Memorias del reinado de los Reyes Católicos). O sea, que acabaron espetados como vulgares sardinas.

    Volviendo a nuestro tema, son varias son las fuentes que nos hablan sobre el pasado de Benahavís e interesantes son los testimonios que recoge Pascual Madoz en su Diccionario cuando menciona algunas de las alquerías y torres: “hay en él 7 desp., en cuyas ruinas existen varias torres fuertes llamadas de Tramores, sit. a 1/4 leg. de esta v., propia del marqués de Castellón; las de Campanillas, Esteril y Benamarin, dist. entre sí 1/4 leg. y 1/2 O. de la misma v., son de la propiedad de D.Felipe Oñate; en el desp. de Daydin á 1 leg., hubo en lo ant. una igl. aneja de Benahavís, de la cual no se conserva vestigio alguno"…

 

 

Torre de Tramores, ubicada en un lujoso alojamiento turístico

 

 

Torre de Campanillas

 

 


 Torre de Estéril, fagocitada por el cáncer del ladrillo

 

 

La Torre de Estéril desde otra perspectiva

 


Torre de Benamarín,  

 

    A esas torres tenemos que añadirles otras dos, las de la Leonera, que se encuentra enclavada en un parque junto al pueblo y la Romera, sita en la ladera sur de Montemayor.

 


Torre de la Leonera,  

 

Torre de la Romera,  

 

    Mención aparte debemos hacer con el llamado Palacio de Benahavís, construcción que ha llegado a confundir a algunos que la han interpretado como los restos de una antigua torre de alquería integrada en una vivienda. En el diccionario de Pascual Madoz se hace referencia a esta singular edificación:

El número de estas (casas) es de 16 y una infinidad de chozas; entre las primeras hay un edificio que llaman el Palacio, dividido en habitaciones bastante cómodas: en su centro ruinoso se halló algún tiempo hace, un cepo de hierro sumamente grande…”

    Está construida en mampostería con rocas peridotitas del lugar y los ángulos presentan rocas de mayor tamaño. Algunos señalan su origen en el siglo XVI, aunque por su técnica constructiva puede ser posterior. Se conforma por un cuerpo de base rectangular (de 10 x 16,70 m aproximadamente) al que se le adosa una torre de planta rectangular en uno de sus ángulos, de 5 x 7 m, aproximadamente. En sus paramentos se pueden observar aún hoy día los huecos de los mechinales para soportar el andamiaje constructivo. Esta edificación ha sido alterada con la introducción de nuevos elementos y la apertura de nuevos vanos. 

 

 El Palacio de Benahavís

  

    El grado de conservación de cada una de las torres es distinto. Unas se encuentra en ruina progresiva mientras que otras aparecen muy modificadas o alteradas por los distintos usos a lo largo del tiempo. Sin embargo, todas aparecen “despellejadas”, esto es, a lo largo del tiempo fueron perdiendo el enlucido original que protegía los muros, dejando a la vista y a merced de los dañinos efectos meteorológicos la estructura de mampostería que las conforman. 

    Es tal la importancia de ese patrimonio poliorcético en Benahavís que incluso es el protagonista absoluto del escudo de esta población donde se incluye su castillo y sus torres.

 


 El escudo de Benahavís


    Un día dedicaremos una entrada a estas torres porque hoy le toca el turno al castillo de Montemayor.

 

EL CASTILLO DE MONTEMAYOR. 

UNA FORTALEZA ANDALUSÍ EN LA LISTA ROJA DEL PATRIMONIO 


    El castillo de Montemayor se encuentra inscrito como Bien de Interés Cultural en base a la disposición adicional segunda de la ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español, con la categoría de Monumento e integrado en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, y por tanto con protección integral. Cuenta como BIC con un entorno de protección de 200metros. Aparece recogido en el Catálogo de Patrimonio de Andalucía con el código número 01290230004. Igualmente se encuentra recogido en la Guía Digital del Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía

    Para acceder al castillo de Montemayor lo más recomendable es conducir desde el casco urbano de Benahavís hasta la Urbanización Benahavís Hills, junto a la cual podemos dejar el coche. De otro modo habría que subir desde el pueblo andando y si no estás en forma, no lo recomiendo. Lo cierto es que el insulso nombre de Benahavís Hills -quizás por inspiración en la conocida población californiana (¡!)- oculta el verdadero nombre del paraje, que es mucho más hispánico en todo el sentido del término: La Coja. Lo más probable es que este topónimo mane del imaginario popular quien, con toda su mala leche, debió darle un nombre jocoso a este paraje al que es tan sufrido acceder a pie. No me cabe duda alguna. Pero, claro, no suena lo mismo Urbanización Benahavís Hills que Urbanización Los Cerros de la Coja. Yo prefiero el segundo porque es mucho más glamuroso. 

    Tras estacionar el coche hay que continuar ascendiendo durante casi dos kilómetros por una abrupta cuesta que nos lleva a la base norte del cerro donde se ubica el recinto fortificado. En este espacio nos podemos encontrar un par de paneles informativos, uno interpretativo de carácter paisajístico y otro con información de la fortaleza un tanto insulso. En agosto de 2026 los vandalizaron...

 

Panel panorámico

 

Panel interpretativo del castillo

 

    La visita a los restos del castillo se incluye en numerosas rutas senderistas ofreciéndose como cierto reclamo, como aliciente. Hay multitud de enlaces en páginas de aficionados al senderismo, incluso algunos vídeos. Y es que todas las veces que lo he visitado me he encontrado con gente que ha subido a verlo y, sobre todo, a disfrutar de las fabulosas vistas que se despliegan desde sus alturas, que son excepcionales. 

    Dejo un enlace para la subida al castillo de Montemayor para quien se anime:

https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/subida-al-castillo-montemayor-benahavis-malaga-16519089  

    Bueno, una vez tomado algo de aire y un poco más repuesto, me encaminé al castillo por su empinada ladera, por donde se encarama uno de forma sufrida y penosa. Especial (mal)trato tiene esta cuesta para los infartados, todo hay que decirlo. Más que un camino, es un calvario. Pero sarna con gusto, no pica.

 


El castillo de Montemayor al fondo, sobre la peña,
mirando al Mediterráneo 
 

    El día que visité la fortaleza casi reviento. A punto estuve de echar los higadillos, las asaduras y hasta los calostros, pues hacía una calor de muerte y este tipo de cuestas ya se me hacen largas e interminables. Pero mereció la pena. Vaya que si mereció la pena. Había visitado esta construcción anteriormente un par de veces, pero de forma bastante precipitada ya que en esas ocasiones había ido con más gente a la que aquel trozo de historia le parecía un puñado de piedras viejas sin chicha ni "limoná". Y a mí me gusta recorrer estos sitios sólo, a mi ritmo, deteniéndome a hacer fotos tranquilamente, a tomar notas y realizar croquis, a observar la cerámica que haya en la superficie, a escudriñar el paisaje circundante tratando de entender el valor geoestratégico del lugar, su historia... y por supuesto a cargarme un par de kulungueles bien fresquitas sosegadamente.

 


 El mortífero sendero de acceso

 

  Durante varias horas anduve por los restos de la fortaleza examinándolos detenidamente, sobresaltándome sólo con la presencia de algunas "largas",  de algunas culebras, que me dan un asco tremebundo. Di un par de culazos, pues las piedras están muy sueltas y resbalan más que su puta madre. El lugar es muy pedregoso, con voluptuosos afloramientos de rocas calizas, está alfombrado de monte bajo y avecindado por plácidos chaparros y serenos quejigos. En este lugar también encontramos pequeños reptiles como lagartijas y serpientes, que no son extraños de ver. Las cabras monteses son más huidizas y se muestran menos, pero su presencia es inequívoca y sus esféricas cagarrutas las delatan. De niño, bendita inocencia, recuerdo que jugábamos a engañar a otros chiquillos haciéndoselas pasar por conguitos. La naturaleza, poco a poco, va recuperando lo que antaño fue indiscutiblemente suyo.

    A pesar de los numerosos vestigios constructivos emergentes de esta fortaleza que nos permiten hacernos una idea de su planta y de los principales elementos compositivos, los derrumbes, el notable y peligroso crecimiento de la vegetación entorno a las estructuras, los sedimentos... han ocultado otros muchos detalles y empañan la debida lectura de los restos.

 

Planta del castillo de Montemayor, según  Sánchez Mairena


Posición estratégica del castillo de Montemayor,
dominando toda la costa y el N. de África 
 

Posición estratégica del castillo de Montemayor,
hacia el interior, dominando vías de acceso al 
interior y conectando con otras fortalezas y poblaciones 
 
 
 

    Contexto territorial del castillo de Montemayor y de 

otras fortalezas 

 

     Pero bueno, dejémos ya de soplapelotudeces y vayamos al ajo.

 

 

El castillo de Montemayor en la historia y en la documentación histórica 

 

    El castillo de Montemayor es una de las fortalezas de la zona occidental de la provincia de Málaga más impresionantes. Pero impresionante, si cabe, es también su actual estado de abandono y dejadez, a pesar de que cuenta con una gran trayectoria histórica y con unos extraordinarios valores patrimoniales. Es incomprensible como un bien cultural como este se encuentre completamente desamparado por las Administraciones Públicas y en tan deplorable estado de conservación.

    Esta fortaleza se ubica sobre el cerro de Montemayor, del que recibe su actual nombre, que se encuentra ceñido por el río Guadalmina al este y por el arroyo de la Romera al oeste. Se trata, por su naturaleza caliza, de una formación apuntada y escarpada en cuya cúspide, a unos 570 metros sobre el nivel del mar, se asienta este singular espacio fortificado. Es tal la pendiente que, según algunos autores, los constructores de la fortaleza tuvieron que amesetar el cerro de forma artificial para poder instalar este complejo militar. Es posible que esta actuación se operara sobre la cúspide, porque el resto del espacio es bastante pronunciado, actuando de barrera natural. Y es algo que no es poco común, ya lo pudimos ver en la fortaleza de la Teja, entre los municipios de Monda y Tolox.

    Cualquier visitante puede observar que la construcción se articula en varios recintos defensivos y que cuenta con numerosos elementos poliorcéticos, esto es, murallas, torres, bastiones... Por doquier, arropando las faldas del cerro, se aprecia una ingente cantidad de material constructivo y latericio que formaba parte de las estructuras de la fortaleza. Incluso ha llegado a encontrarse algunas herramientas líticas pulimentadas que podrían apuntar a una temprana ocupación de este espacio. Y es que ya se ha señalado en alguna publicación la existencia en su interior de restos un yacimiento de la Edad del Bronce (VVAA (2018): Gran Senda de Málaga. Caminando por la Historia de la Provincia. Málaga). En el cercano cerro de Capanes se descubrieron hace algunos años importantes restos de un asentamiento prehistórico (E. Bronce, II milenio a. C.) con numerosas herramientas pulimentadas y elementos cerámicos.

 


 Material constructivo desprendido de torres y murallas, al fondo

asoma la torre del ángulo noreste del recinto inferior 

(Foto Rafael García Galán

 


    Desde su posición estratégica disfruta de un amplio control visual de todo el territorio, especialmente del ámbito costero, con óptimos enlaces visuales con otras fortalezas de la zona, como Cerro Torrón (Marbella) o El Nicio (Estepona), con la costa africana, Gibraltar y con las poblaciones del entorno y hacia el interior.

 

 
 Vistas hacia la costa, al fondo, el Mediterráneo
 
 

  

 Vistas hacia el este, al fondo, Sierra Blanca

 

    De esta fortaleza, que incomprensiblemente no ha sido objeto de ningún estudio detallado y pormenorizado, contamos con algunas tempranas referencias en algunas fuentes documentales desde el siglo X, que nos trasladan la importancia de esta plaza en época emiral y califal, especialmente relacionada con la revuelta del caudillo muladí Omar ibn Hafsún. No obstante, a juzgar por su topónimo Munt Mayur, de origen latino, y por el hallazgo de algunas monedas romanas, la ocupación de este espacio probablemente sea más antigua.

    En el siglo X aparece referenciado por el geógrafo oriental Al-Moqadisi junto a otras fortalezas pero hay que esperar a otra fuente documental, el Muqtavis V del cronista y funcionario cordobés Ibn Hayyan (987-1075), que lo menciona en relación a la campaña emiral del año 914:

“Munt Mayur cercano a la costa de Suhayl, que es su vecino. Este qal´at albergaba pertrechos del ejército de ibn Habsun y un tesoro formidable”. 

    Ya en estos momentos se deja entrever la importancia estratégica de este enclave en el marco de la política del control del Estrecho y la conexión con el norte de África por parte de los rebeldes hafsuníes. Esta fortificación estaría regida por un subordinado de Hafsún, un "señor" o as´ab, que respondería a sus intereses y no se trataría de una simple fortaleza, sino un hisn complejo o lo que las fuentes denominan ummat al husun, literalmente, "madre de las fortalezas", una fortaleza de las que dependerían otras y que controlaría un territorio, un distrito administrativo.

    En la Crónica Anónima (principios del siglo XI), se narra como el emir Abderramán III  “...pasó el ejército a la fortaleza de Montemayor, vecina de Fuengirola (Suhayl) e inmediaciones, fortaleza donde el malvado Ibn Hafsun tenía
pertrechos y almacenes repletos, todo lo cual destruyó y asoló el ejército pasando en seguida a la fortaleza de Turrus."

    En 923, en el contexto de la batalla de Jete, esta misma fuente histórica señala que Sulayman, hijo de ibn Hafsun, se rindió al emir cediéndole las fortificaciones de Jete, Montemayor y otras, como El Nicio, que se encuentra en Estepona (y que esperamos visitar pronto): 

“...fueron tomadas la alcazaba de la fortaleza de Mawrur, Suhayl y Munt Nis, importantes fortalezas de disidencia que habían sido refugio de Umar b. Hafsun y sus hijos en momentos de apuro, por lo que fue grande el éxito así logrado”. 

    Y tan grande lo fue que a los pocos años los hafsuníes quedarían derrotados por el temido Abderramán III, el futuro Califa. Ibn Hafsún había entregado la cuchara en 917. Sin su fuerza y sin su carisma, el movimiento rebelde empezó a desinflarse hasta quedar arrugado como una pasa. No halló paz ni después de muerto, pues el el rencoroso emir ordenó que se desenterraran sus restos y se trasladaran a Córdoba como trofeo, donde fue colgado junto a las murallas para su exposición y escarnio públicos.

    Volviendo al tema, en ese mismo siglo X otra fuente escrita andalusí se hace eco de su existencia. Se trata de la Crónica del Moro Rasis, escrita por Ahmad Ibn Muhammad al-Razi (887-955) donde recoge:

 "E otro que llaman Montemayor, e mas fuerte castillo e mas alto que todos los otros del término de Rayya, e dol començaron a guerrear España".

      La cora de Rayya ocupaba gran parte de la provincia de Málaga y por aquel entonces, tenía su centro en Archidona, que conserva una fortaleza de notable interés.

 


 Restos de la fortaleza de El Nicio, en Estepona, o Estapena,

como le gustaba llamarle a mi prima 

 

    En época taifas detentó una posición estratégica entre las taifas de Algeciras y Takurunna, por un lado, y la de la Málaga, por otro. Se trataba de una plaza que despertaba grandes apetencias entre las taifas más importantes y así vemos como a finales del silgo XI acabó cayendo en manos de la poderosa dinastía de los Abaddíes de Sevilla. 

    Durante el siglo XIV algunos autores musulmanes como Ibn al-Jatib mencionan dos topónimos que se asocian a esta fortaleza: Hisn al Ward (Castillo de la Rosa) y Hisn Munt Mayur (Castillo de Montemayor). Hay autores que consideran que son diferentes denominaciones para una misma fortaleza mientras que otros, como Gozalves Cravioto, afirman que se trataría de dos asentamientos distintos. Para este autor Montemayor sería el castillo mientras que Hisn al Ward sería una alquería fortificada que se haya a sus pies, en la ladera sur, y que estaría relacionada con la torre de la Romera.   

 

 La torre de la Romera

 

    Hasta 1485 no aparecen más datos en las fuentes escritas, en este caso las cristianas, cuando esta plaza, entre otras, se entregó a los castellanos. Hernando del Pulgar recoge estos hechos: 

“E como llegó a la çibdat [Marbella], luego los moros que la entregaron, e salieron fuera della todos los omes e las mugeres que la moravan, a las quales el Rey dió seguro para yr con todo sus bienes y ganados donde quisieran (…). Los de las villas de Montemayor, e de Cortes, e de Alaricate, con otros diez lugares comarcanos a la çibdat de Marbella sabido como el Rey [la] avia tomado, vinieron a él e obligáronse ser sus subditos, e le fizieron el juramento e obligación que los de las otras villas avian fecho”.

    En 1492 los Reyes Católicos otorgaron las villas de Daidín y Benahavís al conde de Cifuentes. Su hijo las vendió a Francisco de Villegas y finalmente la fortaleza fue asociada a la tenencia de Marbella dos años después. Hacia 1568, con la sublevación de los moriscos, volvió a tener un fugaz papel protagónico al convertirse en pasajero refugio de los moriscos huidos a las sierras en el contexto de la rebelión de los moriscos. Cuando éstos lo abandonan y por seguridad, las autoridades castellanas establecieron un alcaide con una pequeña guarnición que quedó allí por un tiempo indeterminado. Seguramente hasta que los ánimos estuvieron más calmados. 

     Así nos lo narra un invitado asiduo a este blog, Luis del Mármol Carvajal (Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada):

"Los de Bena Habiz enviaron por el bando y perdón de su majestad, con propósito de reducirse, a un moro llamado el Barcochi, a quien el duque de Arcos dio una carta para el cabo de la gente, que estaba, en el fuerte de Montemayor, mandándole que tuviese cuenta con él y con sus compañeros, y les hiciese escolta hasta ponerlos en lugar seguro"

    En el contexto de la Guerra de Independencia (1808-1814) se sabe que fue refugio puntual de algunas partidas de guerrilleros y es posible que durante esta guerra tuviera cierta ocupación incluso por tropas francesas, dada su posición estratégica y de control costero. De hecho, en la zona más elevada de la fortaleza, aparecen restos constructivos que por sus características edilicias podemos asociar a estos momentos.

    Por último, en 1955 Juan Temboury Álvarez recogía unas breves palabras sobre esta fortaleza, que recogemos a pesar de su parquedad:

"Benahavís         Castillo

Montemayor

En la sierra de este pueblo, junto al río Guadalmina hay un gran castillo árabe que domina una gran extensión".

 


 La ficha que Temboury preparó para el castillo de Montemayor

(Biblioteca Virtual de la Provincia de Málaga) 

 

 

El castillo de Montemayor en la cartografía

 

    Hemos buscado dibujos y referencias al castillo de Montemayor en dibujos y planos antiguos. Aparece en cartografía y en algunos planos, pero sólo mencionada, sin que se nos proporcionen o precisen otros detalles.

 


 En el inédito manuscrito de Tomás López (fines del XVIII), aparece

señalado junto a algunas de las torres de Benahavís (BNE)

 

 

  

 Mapa geográfico del Reyno de Granada (Tomás López 1795) 

Además de en algunos documentos escritos, en algunos viejos

planos también nos encontramos el castillo de Montemayor 

 


 En este plano de fines del siglo XIX aparece referenciado, junto a otros elementos de interés del municipio (Cartografía Histórica Andalucía)

 


 Costa entre Marbella  y Estepona (A. Van Wyngaerde, 1567)

 

    Montemayor no aparece en la obra de A. Van Wyngaerde, pero  me juego un huevo y la yema del otro a que el amberino dibujó la costa desde un emplazamiento elevado desde la zona de Benahavís, incluso a lo mejor desde el mismo castillo de Montemayor.

 

 

El castillo de Montemayor en la arqueología 

 

     Sobre esta fortaleza se han llevado a cabo dos intervenciones arqueológicas, una en 2021 y otra en 2022, ambas promovidas por el Ayuntamiento de Benahavís. La segunda (A.A. Preventiva control de movimiento para la adecuación de un acceso al recinto superior del Castillo de Montemayor T.M.: de Benahavís (Málaga); Perdiguero Ayala, Carolina; Guitiérrez Andrades, Juan Manuel, Málaga, 2022) trató de una vigilancia arqueológica sobre el movimiento de tierras a la hora de acondicionar el sendero de acceso a los restos de la fortaleza; la primera (Actividad Arqueológica preventiva de análisis arqueológico de estructuras emergentes del Castillo de Montemayor, Benahavís. Málaga; Perdiguero Ayala, Carolina; Chacón Mohedano, Cristina; Arancibia Román, Ana; Arcas BArranquero, Ana, Málaga 2021), más interesante, trató sobre el análisis de estructuras emergentes, la realización de fotogrametría y el dibujo de la fortaleza, además de plantear actuaciones para su conservación. El informe publicado en el Anuario de Arqueología de la Junta de Andalucía es bastante completo y cuenta con planimetrías actualizadas. Hasta el momento todos los autores que hacían referencia a esta fortaleza tomaban la planimetría realizada por Sánchez Mairena.

 

 

 Planta del castillo de Montemayor en 2022,

según Taller de Investigaciones Arqueológicas

 

     Igualmente, ha sido objeto de varios artículos que han sido publicado en revistas especializadas y en algunos espacios web también especializados. Para aquellos que quieran profundizar en teste tema, dejo aquí los siguientes enlaces sobre la fortaleza de Montemayor, mucho más completos, fiables y rigurosos que mi entrada:

- Fortalezas Altomedievales de la Tierra de Marbella, de Alfonso Sánchez Mairena:

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=963570  

El artículo de Sánchez Mairena es excepcional. Además de estar muy bien documentado y redactado, nos muestra a esta fortaleza dentro de un contexto territorial y cronológico mucho más amplio en el que se incluyen muchas otras fortalezas, condición necesaria para entender su particularidad dentro de una totalidad territorial.  

- Benahavís. Castillo de Montemayor, con textos de Alejandro Pérez Ordóñez y fotografías de Rafael Galán García:

 https://arqueoalandalus.com/2017/05/29/benahavis-castillo-de-montemayor/

    Este artículo es más ligero que el anterior y emplea un lenguaje más cercano, pero no por ello es menos riguroso, además, contiene muy buenas e ilustrativas imágenes.

 -Fortificación en una tierra de frontera. Las defensas de la costa occidental malagueña, de Rafael Lara. Se trata de una completísima obra que a modo de catálogo, abarca las fortalezas y torres de la zona occidental malagueña construidas a lo largo del tiempo.

 

 

 

Descripción

 

    Debido a la ocupación de este cerro al menos desde el siglo X, la fortaleza original debió ser de menores dimensiones y poseer una distinta disposición. Con el tiempo alcanzaría su forma actual tras diversas actuaciones, modificaciones... Pero por los restos conservados, las técnicas constructivas y la planta del edificio, parece que estamos ante una obra de época nazarí (1238-1492) o quizás algo anterior. Dado que no se observa en esta construcción elementos poliorcéticos (torres, murallas...) concebidos para la resistencia ante un ataque pirobalístico (con cañones y pólvora), quizás haya que ubicarla cronológicamente en un momento anterior al siglo XIV.

    Lo que si que me ha llamado la atención es el enorme trabajo y esfuerzo que debió acarrear su construcción, movilizando a decenas o cientos de obreros especializados y enormes cantidades de materiales constructivos, muchos de los cuales hubo de traer de los alrededores: cal para las argamasas, madera para los andamios y estructuras de soporte, agua en grandes cantidades para las mezclas... en mucha menor medida, ladrillos, empleados en los aljibes. El trabajo de los picapedreros hubo de ser también titánico y el de los caleros, ya ni te cuento, debieron de estar quemándoles las alpargatas durante años. Menos visible, pero decisivo, el trabajo de los arquitectos e ingenieros.

     Es posible que elementos o vestigios anteriores fueran destruidos para la edificación de esta fortaleza, que a falta de un estudio más específico parece responder un plan arquitectónico único, dado que se puede apreciar que posee una unidad estructural definida en la que claramente se aprecian unas idénticas técnicas edificatorias y unos mismos materiales constructivos en todo el conjunto. Por ello nos inclinamos a pensar que debió ser objeto de una actuación concreta en un momento determinado. ¿Cuándo? No está claro. Posiblemente tengamos que ponerla en relación con la Batalla del Estrecho (1274-1350) y con el avance de la frontera castellana a costa del territorio del emirato nazarí de Granada. Sólo una investigación arqueológica podría arrojar alguna luz a este misterio, dado que las fuentes escritas ni son abundantes ni son muy prolijas.

    El conjunto se articula en dos recintos defensivos, si bien algunos autores indican que debió tener un tercer recinto del que señalan que se conservan muy pocos restos. En nuestra visita no hemos apreciado nada de este tercer espacio. Es posible que la gran cantidad de escombros que se encuentran dispersos por todo alrededor de la fortaleza hubiera llevado a pensar esto o que se encuentre totalmente desaparecido. O que un servidor no haya observado todo lo bien que debiera.

    El primer recinto o recinto exterior se sitúa en la zona más baja del conjunto. Presenta una planta poligonal de tendencia romboidal, dado que los muros y torres que lo configuran se adaptan a la morfología de un terreno muy accidentado, pedregoso y muy pronunciado. Lo compone un muro de casi dos metros de grosor que apea sobre la roca madre reforzado por casi una decena de torres de planta de tendencia cuadrada, cuyas ubicaciones responden a las necesidades topográficas de la cimentación. El muro, en sus más de trescientos metros largos de recorrido, se va retranqueando para responder a los exigentes desafíos topográficos. Toda la obra está ejecutada en mampostería de roca caliza bien trabada con un mortero potente en cal. En ella se observan escasas inserciones de fragmentos de ladrillo y teja, que no llegan a formar verdugadas. Igualmente se aprecian varias oquedades que no podemos relacionar con mechinales y cuyas funciones desconocemos.  

 


 En amarillo, el recinto exterior

 

 

 Tramo del muro norte

 

    En el tramo norte del muro hemos podido apreciar los restos de un antemuro cuya función podría ser la de barbacana o incluso de refuerzo, dada la fuerte pendiente del cerro por esta zona. De este elemento y hasta el momento nadie, que sepamos, ha hecho referencia o mención alguna.

    Las torres que observamos en este primer recinto son de tendencia cuadrangular, como hemos señalado. Sus ángulos se refuerzan con mampuestos de mayor tamaño y algunas conservan algo del enlucido original a base de una mezcla rica en cal. No hemos observado en los escasos restos elementos esgrafiados de carácter decorativo o apotropáico, como ocurre con otras fortalezas. Salvo una de ellas, todas las torres son macizas hasta el alzado conservado, sin que podamos saber si tuvieron o no alguna estancia en la parte superior que no ha llegado hasta nuestros días. Tan sólo una torre presenta restos de una estancia interna, la que se ubica al oeste. En una de las torres hemos observado un detalle constructivo curioso. Se trata de la torre central del tramo de muralla sureste, que en su cara exterior se reforzó con un tosco arco de medio punto ciego. Junto a ella hay una pequeña estancia que conserva el vano de entrada.


 Torre del ángulo este, maciza, como Sabrina Salerno, y con mampuestos de mayor tamaño en los ángulos 

 

    Todo este conjunto se encontraba enlucido con un revoco de mortero de cal, protección que perdería casi totalmente con el paso del tiempo y el abandono durante siglos. Todavía es posible apreciar algunos escasos restos del revestimiento en algunos paramentos.

    En este espacio el profesor Sebastián Fernández, que me dio clases de Historia Medieval y del que guardo un grato recuerdo, registró tres accesos: por el sur, un acceso directo, estrecho, que estaría rematado por un arco de medio punto no conservado y que se encuentran flanqueado por dos pequeños bastiones. Aquí hice un alto y me tomé un par de latillas bien fresquitas contemplando ensimismado el hipnótico Mediterráneo, viendo pasar por él toda su inmensa historia. Por el este dispone de otro acceso, pero en este caso es más complejo pues se presenta en recodo, protegido por una una barbacana y al amparo de una torre. Finalmente, en la cara noroeste Sebastián Fernández señala la existencia de un pequeño portillo de entrada, junto al cual se ubica el actual acceso al conjunto.

 


 Portillo de acceso de la ladera norte, donde fenece la

baranda de madera 

 


 Acceso en recodo de la zona este del muro, que se aprecia bastante

mal por mor de la vegetación. La rampa de acceso está empedrada

como las calles de nuestros pueblos hace décadas

 


 Acceso sur

 

    En este primer recinto se conserva un aljibe uno junto a la entrada en recodo. Tiene unas dimensiones de 6,30 x 2,65 metros, es rectangular y está semiexcavado en la roca. Aún conserva los arranques de una bóveda de medio punto que lo cubría. Está construido en roca caliza con una argamasa muy rica en cal, revestido internamente y pintado a la almagra para mantener la impermeabilidad. Aunque no podemos descartar que este aljibe aprovechara el agua de lluvia de forma puntual, no sería ésta su fuente principal de abastecimiento, sino que el agua debieron de subirla en mayor medida a lomos de bestias hasta este punto tan elevado. 

 


 Aljibe del recinto inferior que conserva el arranque de la bóveda

(Foto Rafael García Galán

  


 Otra imagen del aljibe que, como se ve, está siendo 

víctima del crecimiento de la  vegetación

 

    La extraordinaria dispersión de numerosos vestigios constructivos y de materiales latericios nos lleva a pensar que en este espacio debieron existir otras infraestructuras y construcciones que, o bien no se han conservado, o bien se encuentran sepultadas.

    Envuelto por este primer espacio y en la cota notablemente más elevada, se encuentra el recinto superior, de mucho menores dimensiones. Un espacio más complejo y dotado de multitud de elementos porliorcéticos y varias estancias. Está construido con la misma técnica y los mismos materiales que la muralla principal, sólo que posee muchas más inserciones de materiales latericios. 

 


 El recinto superior

 

 

 Vista aérea de la zona de la acrópolis, la zona superior,

 desde el norte

 

    Posee una planta de tendencia triangular reforzada por varias torres, con algunas habitaciones y un singular aljibe compuesto por una doble cisterna. Parece ser que el acceso a este espacio se hacía desde el este, a través de un espacio posiblemente en recodo, a juzgar por los restos emergentes, ceñidos por dos bastiones, uno de ellos con un hueco que creemos podría albergar algún cuerpo guardia mientras que el otro se presenta como un cuerpo avanzado más allá de la entrada, a modo de torre albarrana para vigilar el acceso. A partir de este espacio atravesamos un vano muy estrecho que conserva el arranque de un arco por el que un hombretón fornido como yo, de unos cien kilos a la canal, pasa muy justito, y que nos da paso al espacio superior. 

 

 

  Planta aproximada de la acrópolis del conjunto

 

 

 

Acceso a la zona superior, a la derecha, el hueco que pudo albergar un

cuerpo de guardia, a la izquierda, la angosta entrada al recinto superior

 

 
 
Huellas del trazo de la talocha o fortacho en el remate final
del acceso a la zona de la acrópolis o alcázar
 

Muro sur del alcázar, junto al acceso sur 
 
 
Interior del acceso al alcázar
 

 

    En esta zona, hacia el sur, se conservan varias estancias y una torre semicircular que apea sobre la roca madre. Una de estas habitaciones, de pequeñas dimensiones, conserva un enlucido que no es similar al de resto del castillo, por lo que creemos puede ser posterior. En la base de este espacio se conserva un pequeño arco ciego de medio punto a base de ladrillo de barro cocido, de aparente carácter estructural. Además, se observan algunos restos de estructuras de similares características edilicias. Quizás estemos ante vestigios de la época de ocupación durante la Guerra de Independencia. 

 


 Acceso norte del alcázar, cuya obra no es 

de factura andalusí, sino posterior 

 



    Estructuras que posiblemente tengamos que poner
en relación con la ocupación francesa 

  

    El extremo este del recinto superior se cierra con un cubo que alberga en su interior dos aljibes comunicados por un arco de medio punto. Al interior está revestido de un enlucido muy rico en cal e impermeabilizado por almagra. Posee varias capas, lo que nos lleva a pensar en un uso prolongado a lo largo del tiempo y la necesidad de recibir obras de mejora. La cabestrada se ha dedicado a dañar el interior de este aljibe esgrafiando frases y nombres. El dolor causado es doble: por el daño al patrimonio y por las faltas de ortografía. Exteriormente tiene aspecto de torre maciza y es posible que en su alzado hubiera contenido una estancia interna. El agua de este aljibe, al igual que los anteriores, era traída o bien de fuentes cercanas o bien de los cauces fluviales próximos. En el extremo oeste esta parte del conjunto se ve reforzada con un bastión de tendencia circular. 

 

 Interior de uno de los aljibes

 

 

 Otra perspectiva de los aljibes

 

 

Torre de tendencia circular en el ángulo noroeste de la zona de la acrópolis, 
que apea sobre la roca madre y otras estructuras que combinadas, 
conforman su basamento 
 
 
 

    Como bien han observado otros autores, esta fortaleza no presenta vestigios del empleo de tapiales y tampoco aparecen elementos estructurales adaptados o acondicionados para resistir frente a la pirobalística, esto es, a aguantar los proyectiles escupidos por cañones que funcionaban a base de pólvora. Sin mucho fundamento, creemos, se ha venido recogiendo la existencia de un paso subterráneo, cuestión que se repite en otras muchas fortalezas y que forma más parte del folclore popular que de la realidad histórica, alimentando y enriqueciendo de paso nuestro patrimonio cultural oral e inmaterial.

    Los materiales cerámicos que se pueden ver en superficie entre los restos de las estructuras son claramente islámicos, predominando los de época nazarí, momento al que creemos pertenecen los vestigios de la actual fortaleza. Se observan algunos más antiguos, del siglo X, y otros de época cristiana, pero en comparación son extraordinariamente escasos. Sin embargo, la ocupación del cerro debió ser bastante temprana a juzgar por la presencia de fragmentos de algunas herramientas líticas pulimentadas, como se ha señalado.

    Por su estado de conservación, tanto el castillo de Montemayor como las torres de alquería de Benahavís se encuentran recogidas en la Lista Roja del Patrimonio con la denominación de “Conjunto defensivo de Benahavís”. No llega a entenderse como poseyendo un legado patrimonial como éste, Benahavís, en pleno corazón turístico de la Costa del Sol y con acreditada solvencia económica, no cuente con un centro o espacio de interpretación que lo de a conocer y desde donde se realicen actividades para su conservación, promoción y puesta en valor. 

 


   

CONCLUSIONES

 

    El castillo de Montemayor no es meramente una ruina, un montón de piedras y escombros en lo alto de un cerro. Una ruina es lo que tengo yo en la boca. Se trata de un enclave arqueológico de primer nivel. Esta fortaleza es parte de lo que queda de un estado medieval musulmán extinto que tuvo su final en las postrimetrías del siglo XV y que formaba parte de una red de fortalezas y elementos castrales que mantenían la salvaguarda y la integridad de un todo, de una estructura jurídica, política, social, cultural y territorial (al-Ándalus), que fue menguando a lo largo del tiempo hasta desaparecer. Aunque miremos y aparentemente sólo veamos restos de muros, de paredes, de torres... devorados por la vegetación, lo cierto es que tenemos ante nosotros una verdadera ventana para mirar al pasado con nuestros propios ojos, al igual que ocurre con la Alhambra de Granada o la Mezquita de Córdoba.

    No debiera ser posible que una fortaleza de la entidad patrimonial e importancia histórica como es el castillo de Montemayor se encuentre en este estado de abandono, deterioro y dejadez, representando como representa, un recurso histórico-cultural con un extraordinario potencial científico, cultural, turístico... El paso del tiempo, la falta de mantenimiento, las fuertes lluvias de los últimos años y los negativos efectos de la vegetación, están consumiendo esta impresionante fortaleza. Y hay elementos con grave riesgo de colapso que pueden causar no sólo pérdidas patrimoniales, sino también personales, pues son numerosos los senderistas que acuden atraídos por la magia este lugar. Pero esto es España, miarma, y no se le puede pedir peras al olmo. En el Reino Unido o en Francia no dejarían que se arruinara un bien patrimonial tan singular y lo tendrían puesto en valor, dándole de comer a muchas familias.


 La vegetación y la falta de cuidados están haciendo estragos en la fortaleza

 

    Desde las Administraciones públicas se debería poner en marcha un proyecto de consolidación de sus restos, junto con campañas de excavaciones arqueológicas y jornadas de promoción. Y, por supuesto, un programa de puesta en valor para hacer que sea visitable y disfrutable, convirtiéndose en un elemento dinamizador de la economía local y territorial. Y no quedarse aquí, claro. Ya hemos señalado que Benahavís cuenta con varias torres de alquería que presentan un desigual estado de conservación y que deberían ser objeto de actuaciones de consolidación y también de puesta en valor. 

    Un bien patrimonial como el castillo de Montemayor junto con las torres de alquería benahavileñas, además del interés científico, arqueológico e histórico que posee, representa un extraordinario recurso turístico, máxime encontrándose en la Costa del Sol y formando parte del entorno del Parque Nacional Sierra de las Nieves. Y si a ello se le pueden sumar el conjunto de torres de la cercana costa y algunas de sus fortalezas costeras, mejor que mejor, porque se puede ofrecer un producto turístico y cultural centrado en el patrimonio cultural fortificado de una extensa porción de costa, que no es para nada desdeñable.

    Reitero porque soy un pelma y un pesado. Se antoja extraño que la localidad de Benahavís, contando con ese importante e irrepetible patrimonio cultural basado en torres de alquería y la fortaleza de Montemayor, no posea ni tan siquiera un centro de interpretación o un espacio interpretativo relacionado con este tema. No obstante y visto que el mismo consistorio ha promovido dos actuaciones sobre este Bien de Interés Cultural, algún interés debe de tener.

    Volvemos a aprovechar este microscópico foro digital que no interesa a nadie para reivindicar un PROYECTO DE PUESTA EN VALOR Y RECUPERACIÓN DEL PATRIMONIO POLIORCÉTICO DE LA PROVINCIA DE MÁLAGA, un proyecto de puesta en valor de los castillos, fortalezas y torres de Málaga, que es tan enormemente extraordinario como diverso y que además de representar una gran herencia cultural ofrecería un suculento complemento y/o alternativa al turismo de sol y playa, contribuyendo enormemente a la desestacionalización turística y al desarrollo de la Málaga interior, la gran olvidada. Un proyecto que, al igual que el Caminito del Rey o la Gran Senda de Málaga, debería poner en marcha o liderar la Diputación Provincial de Málaga. Fortalezas como la de Bentomiz o la de Zalía, por destacar algunas, se encuentran entre las más deterioradas, siendo de las más espectaculares de la provincia de Málaga y conteniendo en ellas una enorme carga histórica y patrimonial.

 

 Castillo de Bentomiz (Luis Monje)

 

Castillo de Zalia (dreamstime.com) 
 

    Pero no todo son malas noticias. El necesario contrapeso lo tenemos en las actuaciones que han promovido algunos ayuntamientos apostando por la restauración y puesta en valor de sus fortalezas. Destacar, entre otros, el de Cártama hace unos años donde se actuó en su muralla y el de Teba, desde hace también algunos años, con sus espectaculares restos. Debemos añadir más recientemente el empuje que el Ayuntamiento de Casarabonela, con gran esfuerzo, está realizando para poner en valor los restos de su castillo de Qasr Bunayra, que se incluye dentro de un marco general de puesta en valor de sus recursos culturales y naturales. Y otras de las fortalezas que van a ser intervenidas es la del castillo de Bezmiliana, donde se va a proceder a la consolidación de sus muros y su puesta en valor para que sea visitable.

 

 Castillo de la Estrella, Teba (Diario Sur)

 



 Imagen de la excavación arqueológica llevada

a cabo recientemente en la fortaleza de Casarabonela, que 

ha sacado a la luz unos interesantes vetigios 

(Astarté Estudio de Arqueología) 

 

 

 

    Finalmente añadir que esta entrada es tan sólo un pequeño resumen centrado en la fortaleza de Montemayor que se desprende de un trabajo de más enjundia y más exhaustivo que estoy preparando sobre las fortalezas del Parque Nacional Sierra de las Nieves y que espero que vea la luz antes de que entregue la cuchara.

    Yo, por mi parte, cuando di por terminada la ruta, volví pesadamente a mi coche y regresé al pueblo para contemplar la torre de la Leonera y el llamado Palacio de Benahavís, construcciones que en visitas anteriores tampoco había podido detenerme a ver tranquilamente. Después de cortar las dos orejas y el rabo, el maestro remató la faena ahogando su sofoco en una espumosa y fresca jarra de cerveza. A la que siguió otra.


 

 

(C) Diego Javier Sánchez Guerra.