lunes, 5 de octubre de 2015

SIERRA DE LAS NIEVES. LA MAGIA DEL PINSAPAR




Hacía meses que no me perdía por el pinsapar de la Sierra de las Nieves, por sus mágicos senderos y sus fascinantes paisajes, un lugar que embota los sentidos y que desata las emociones. Esos bosques de pinsapos, abetos que surgieron del frío glaciar y que han superado los cambios climáticos desde hace millones de años, arropan grandes superficies de la Sierra de las Nieves, especialmente cañadas, zonas de umbría, espacios húmedos y resguardados la mayor parte del tiempo de los rayos del Sol; los lugares más gratos para su existencia. El componente natural de la Sierra de las Nieves es, a todas luces, enorme; además de los emblemáticos pinsapos, encontramos otras especies en estas sierras calizas, como las sabinas rastreras, los fantasmales quejigos de alta montaña, los cedros… la diversidad botánica y faunística son asombrosas... Salta a la vista. Pero lo que no salta a la vista es la historia y la memoria de estos paisajes…







Los valores naturales son abrumadores y se apodera de todos nuestros sentidos pero, a pesar de ello, estas sierras tienen unos valores culturales y patrimoniales altísimos y no tan extensamente divulgados ni conocidos. Por la geología caliza de estas montañas ha proliferado todos los ejemplos de kárstico con espectaculares formaciones, donde abundan numerosos ejemplos de este modelado, como las cuevas y abrigos. Existen centenares o miles de ellas, empleadas muchas como refugio de ganaderos y pastores desde tiempo inmemorial, sospechándose un hábitat prehistórico en algunas de ellas. Al tenor de lo expuesto, abundan numerosos corrales y corraletas con sus muretes de piedra del lugar empleados para guardar el ganado. No en vano existen innumerables fuentes, pilares y manantiales, abrevaderos para animales, que en más de una ocasión han calmado la sed de muchos senderistas.








La extracción de madera, especialmente para la construcción, y la producción de carbón vegetal proporcionó el sustento de generaciones de jornaleros mientras que el lucrativo negocio de la nieve dejó su impronta en los numerosos neveros que perviven y en la memoria de los yunqueranos. También los arrieros se ganaron la vida por estas sierras surcadas de caminos y veredas llevando o trayendo distintos productos; el que algunos de ellos conserven parte de su antiguo empedrado delata que fueron vías muy transitadas y utilizadas por los mencionados arrieros, por viajeros, por bandoleros, contrabandistas… La caza fue también una actividad con la que se redondeaban ingresos y contribuía a aumentar el nivel proteico de una dieta no siempre larga en nutrientes.










La actividad minera tiene también un papel protagonista en la memoria de la Sierra de las Nieves pues en sus inmediaciones aparecen numerosas y antiguas explotaciones, destacando las minas de San Eulogio entre otras de menor envergadura.

El caminante observador y sagaz se habrá fijado en la existencia de alguna que otra era y de centenares de pequeñas paredes de piedra en ciertas laderas, de pequeñas terrazas. Antaño, en algunos lugares, también se cultivaba el cereal y las vides llegaban hasta las inmediaciones del Tajo de la Caína, como recuerda Edmond Boissier en su expedición científica realizada a estas sierras hacia 1837.






Fue en estas montañas donde encontraron cobijo muchos moriscos tras la revuelta del año 1568. Desde estas frías y abruptas montañas los guerrilleros españoles hostigaron a los invasores franceses, mientras que bandidos y bandoleros como “Pasos Largos” encontraron un lugar al cual no llegaba más que la ley del más fuerte. También conocieron estas sierras a varias partidas de maquis, de guerrilleros, en los convulsos años de la Guerra Civil y posteriores.







Los numerosos cortijos abandonados que se encuentran en sus inmediaciones nos hablan de un paisaje fuertemente humanizado mientras que el viejo Santo Desierto de las Nieves, el convento, nos trae a colación una historia de ermitaños y de una vieja ermita, la de la Virgen de las Nieves, que proporcionó uno de sus nombres (el más conocido) a estas viejas sierras.







La sobre-explotación de los recursos de estas sierras casi termina con la existencia del pinsapo. Por fortuna se introdujeron medidas para su recuperación y gracias a ellas hoy tenemos este tesoro botánico. La Sierra de las Nieves disfruta de un abundante patrimonio cultural, una interesante historia y una gran memoria ávidos de ser conocidos y compartidos.



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