viernes, 13 de marzo de 2026

LA PEQUEÑA ATAPUERCA DE LA SIERRA DE LAS NIEVES Y EL "HOMO MONDEÑUS CANUCHIENSIS". HALLAZGO DE RESTOS DE UN HOMO HEIDELBERGENSIS EN MONDA, UNA PIEZA DEL PUZLE DE LA EVOLUCIÓN HUMANA EN EL PARQUE NACIONAL SIERRA DE LAS NIEVES (MÁLAGA).



La Sierra de Canuchas

 

 

    Hace unos años, en 2020, me quedé bastante sorprendido con una noticia que leí en Diario Sur. Estupefacto. Casi conmovido. Este rotativo se hacía eco del hallazgo de varias herramientas líticas inicialmente datadas hace varios centenares de miles de años en el irrepetible Paraje de Juanar, en Ojén. El hallazgo fue realizado por dos biólogos que estudiaban la flora del lugar: Fernando Bernal y Vicenta Alguacil. Cronológicamente esas supuestas herramientas habían que asociarlas a la especie Homo Heidelbergensis (700.000 - 200.000 a. de C.), una especie humana fósil y extinta. Los Homo Sapiens, de los que formamos parte, aparecieron más tarde, hace unos 300.000 años. Ambas especies, que al parecer están emparentadas, comparten, por un lado, un origen africano y, por otro, su emigración a Europa y otros puntos geográficos, aunque en momentos diferentes. 

 

    Según la noticia, esas supuestas herramientas líticas fueron remitidas a la Universidad de Málaga para su estudio. A día de hoy, 13 de marzo de 2026, no conocemos el resultado de la investigación a la que fueron sometidas esas piezas, que algunos expertos en el tema, muy prudentemente, ponían en cuarentena cuando no aseveraban directamente que tales elementos no habían sido trabajados por el Ser Humano y se trataban de simples rocas... Y lo cierto es que observándolas con detenimiento, no tienen aspecto alguno de asociarse con las herramientas líticas típicas del llamado Achelense o Modo II, correspondientes a la datación que se les atribuyó (300.000 a 200.000 años de antigüedad), que se caracteriza por la talla bifacial de las piezas, teniendo como mayor exponente el llamado bifaz, junto a otras herramientas líticas.

 


 Noticia del 10/08/2020 de Diario Sur sobre el hallazgo

 

 

    Aquellos hechos, sean esos hallazgos o no útiles auténticos, me hicieron reflexionar el cuándo y el cómo llegó el Ser Humano a la zona de la Sierra de las Nieves. En este espacio, que alberga el Parque Nacional y la Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves, se documenta la actividad humana de forma ininterrumpida desde hace miles de años. Se conoce el poblamiento prehistórico en la zona rondeña, los vestigios de pinturas y grabados rupestres en cuevas de Alozaina, Casarabonela, Yunquera, El Burgo... junto a dólmenes, talleres líticos...  Aunque queda muchísimo por estudiar, investigar y profundizar, las evidencias de la presencia humana desde hace milenios son más que rotundas y uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos en la zona del Parque Nacional Sierra de las Nieves y su entorno es al del estudio, conservación y promoción de su inmenso y valioso patrimonio cultural. Nunca me cansaré de decirlo. Sin embargo, esos restos pertenecen a nuestra especie, el Homo Sapiens Sapiens.

 

    Y aunque lo de la evolución humana es un tema que me fascina y que fascinaría a cualquiera en su sano juicio, es una asignatura que no controlo todo lo bien que yo quisiera.


    Recuerdo la pereza y la atracción a partes iguales con la que estudiaba este asunto en la Universidad de Málaga, en aquellos lejanos años en que me formaba como historiador, que estaba más pendiente de las niñas (aunque ellas no estaban pendientes de mí) que de los libros y del bar de Filosofía y Letras que de la biblioteca. Que buenos pinchos de tortilla que ponían y que malafollá tenía Luis, el que lo regentaba. Pero mala malafollá. Pereza, por la cantidad de datos técnicos (volumen cerebral, alturas estimadas, peso, patrones de comportamiento y hábitat, economía…) de cada espécimen y por lo cambiante del “árbol genealógico” de la Humanidad cada vez que había un nuevo descubrimiento, una nueva reinterpretación de restos, unas nuevas dataciones... que nos proporcionaba un profesorado que no tenían los enormes medios didácticos con los que contamos hoy día. Atracción porque, claro, ¿a quién no le fascinaría conocer de dónde y quienes procedemos? ¿Cuáles son nuestros orígenes compartidos? ¿Quienes son nuestros ancestros? Si hubiera abordado el tema desde otra perspectiva o con cierta madurez, como lo hago ahora, la pereza no habría sido tal, sino queroseno para mi curiosidad. Pero agua pasada no mueve molino y aquí nos encontramos y muchos años más tarde y mucha menos cubierta capilar después, cayó en mis manos "La especie elegida", de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez. Un libro extraordinario, deliciosamente redactado y muy recomendable con el que felizmente me reconcilié con la paleoantropología.

 

    Así que hoy no vengo a este irrelevante foro digital a hablar sobre castillos, iglesias, huertas, paisajes culturales, antiguos oficios… que tanto me gustan. Hoy vamos a tratar un asunto tanto o más interesante, complejo y de una enorme importancia. Se trata del hallazgo de restos fósiles de un ser humano que vivió hace entre 300.000 y 500.000 años en un paraje del término municipal de Monda.


    Un hallazgo de una importancia capital, porque los restos físicos de este ser humano fósil en la Península Ibérica, conocido como Homo Heidelbergensis, son muy escasos. Se destacan los yacimientos de Atapuerca (Sima de los Huesos y Galería) en Burgos, y la cueva del Bolomor en Valencia. En la Cueva del Ángel (Lucena, Córdoba) apareció un fémur de Heidelbergensis mientras que en las Cuevas de la Araña (Málaga) también han aparecido algunas evidencias de su existencia materializadas en herramientas y artefactos, pero no restos óseos, mientras que en el resto de Andalucía su presencia se infiere a través de vestigios de sus industrias líticas en las terrazas de grandes cauces fluviales, como el del Guadalquivir. Hay que remachar que sus restos fósiles, la aparición de sus huesos, son muy excepcionales. En Portugal han sido descubiertos restos de esta especie en la Gruta da Aroeira; cerca de Lisboa, fue hallado un cráneo de Heidelbergensis de hace 400.000 años. 

 

 


Miguelón, reconstrucción de un ejemplar de 

Heidelbergensis hallado en Atapuerca

Que se quite Alfredo Landa 

 

 


    Su nombre se debe a que su primer hallazgo tuvo lugar en una mina de Mauer, cerca de la ciudad de Heidelberg, en Alemania, a principios del siglo XX. A nivel mundial es en la Sima de los Huesos, Atapuerca (Burgos), el lugar donde más restos de este ser humano fósil se han encontrado y mejor se han podido documentar, analizar y estudiar. En torno al 90% de los restos de Heidelbergensis han aparecido en este espacio. En otros lugares de Europa como el Reino Unido, Alemania, Francia, Portugal o Grecia, también se han hallado sus restos. Pero por la cantidad y la calidad de conservación de los restos óseos, Atapuerca no tiene parangón alguno.

 


Sima de los Huesos, Atapuerca (Burgos) 

 

 

Gran Dolina, Atapuerca (Burgos)

 


    Merece la pena dar un salto, pero metafórico (con lo que sufren mis rodillas y mi espalda saltando), a 1988, para conocer el contexto y la naturaleza de este singular descubrimiento. Año en el que yo todavía tenía pelo, algunos de vosotros ni habríais nacido y se estaban celebrando las olimpiadas de Seúl. Año en que un joven y fornido Javier Soto Portella, personaje que ha tenido una vida de auténtica novela de aventuras, movido por su incombustible curiosidad, descubrió en una cavidad de Monda varios restos óseos que rápidamente supo identificar con vestigios humanos, pero no tenía claro de que tipo. Junto a ellos, había otros fragmentos óseos de fauna del Pleistoceno Medio-Superior, mayormente de cérvidos. En lugar de tirarlos o guardarlos en un cajón como recuerdo, hizo lo que pocos: los remitió a un experto antropólogo de la Universidad de Granada para su estudio. Concretamente a D. Miguel C. Botella, actualmente Catedrático de Antropología Física de la citada Universidad de Granada. 

 

 

Javier Soto Portella

 (facebook)  

 


    Es bastante sorprendente, la verdad, como en el término municipal de nuestro pueblo se conservan restos tan sumamente antiguos y tan verdaderamente importantes. No es el único descubrimiento de Javier Soto, persona comprometida con el patrimonio cultural y la arqueología, que en las últimas décadas ha venido desarrollando una necesaria (y altruista) labor de divulgación del patrimonio cultural.

 

 La zona del hallazgo, dónde es muy peligroso

andar debido a que los desprendimientos rocosos se suceden

con una alta frecuencia  

 

 

Dos cabras monteses en la zona del hallazgo

 ¿Ves la segunda? 

Yo tampoco 

  


    Volviendo al tema, Miguel Botella, junto con Rafael Urquiza de la Rosa (Catedrático de Otorrinolaringología de la Universidad de Málaga) y Miguel Ciges (Académico Honorario de la Real Academia de Medicina de Andalucía), firmaron un artículo publicado en los Estados Unidos de América en 2005: Study of a temporal bone of Homo Heildelbergensis, Estudio de un hueso temporal de Homo Heidelbergensis (Urquiza, R., Botella, M., & Ciges, M. (2005). Study of a temporal bone of Homo heildelbergensis. Acta Oto-Laryngologica, 125(5), 457–463. https://doi.org/10.1080/00016480510026241).


    Este artículo, publicado en inglés, se centró en el estudio de un fragmento de hueso temporal izquierdo hallado en Monda y perteneciente a este “mondeño” ancestral de la especie Homo Heidelbergensis. Para los autores la singularidad del fragmento conservado reside en varias cuestiones:

 

 que forma parte de la pared lateral y la base del cráneo,

 

- que contiene el órgano de la audición, 

 

- y que contiene el órgano del equilibrio. 

 

    Este fragmento fue datado en torno a los 300.000 – 500.000 años de antigüedad (Pleistoceno Medio). Fue sometido a cuatro métodos. Casi nada: escaneo de superficie en 3D, tomografía computerizada, reconstrucción 3D y medición de CFA y exploración de la cavidad timpánica.

 

 

 


Diferentes perspectivas del fragmento de hueso estudiado

 

 

     En 2011 en la Revista CILNIANA 24/25, se publicó el artículo titulado Sierra Blanca. Catálogo de Cavidades. Los autores fueron Javier Soto y Calixto Romero. En él se dio luz a este hallazgo y ya entonces se puso de manifiesto su trascendental valor:

 

(...) en 1997 se encontraron en la zona denominada Sierra Canucha unos restos fósiles que correspondían a un molar, un metacarpiano y un fragmento de cráneo (temporal), que fue depositado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Examinados por Miguel Botella, director y profesor titular del Laboratorio de Antropología Física, los clasificó como de la especie Homo Heidelbergensis. Este hallazgo puede situar esta estación paleontológica como la más antigua de Andalucía, con el primer heilderbergensis de su historia, además de ser el asentamiento más al sur de Europa de este homínido. Ello concuerda también con los restos líticos de Coto Correa.

 

 

    Lo de Heidelbergensis queda como muy técnico, como muy científico y casi impronunciable. Por eso a este "Homo Mondeñus Canuchiensis" lo vamos a hacer más cercano y lo vamos bautizar con un nombre algo más cotidiano y más pronunciable para nosotros, como por ejemplo: Juan Sánchez (papá, no me pegues). Los ancestros de nuestro vecino Juan, de este homínino, tienen su origen en el continente africano, cuya especie surgió hace aproximadamente entre 600.000 y 700.000 años, nada más y nada menos. Al parecer evolucionó del del Homo Antecessor, una especie cuyos restos hallados en Atapuerca se han datado en 800.000 años y cuyos orígenes no están claros del todo, algunos lo sitúan en África y otros en Europa, aunque existe cierta polémica científica en torno a estas propuestas. 

 

    La especie a la que perteneció Juan Sánchez perduró hasta hace unos 200.000 años. Se estima que la rama africana de Heidelbergensis que emigró a Eurasia dio lugar a los Neandertales en Europa (por eso se les conoce también como pre-Neandertales) mientras que la que permaneció en África evolucionó hacia los Sapiens (nuestra especie), que emigraría a Eurasia mucho más adelante. Esto, como se ha indicado, es estimativo, porque todavía hay (y habrá) mucho debate, dado que su clasificación y relación exactas con otras especies sigue siendo objeto de acalorados debates científicos.

 

 

Uno de los muchos esquemas que existen sobre la evolución humana

 

 

Mapa que muestra los yacimientos donde se han encontrado Heidelbergensis y Pre-Neandertales




    Y ahora dejemos de lado la visión sesgada que suelen ofrecernos películas y algunos tipos de documentales sobre nuestros antepasados, a los que representan primitivos, con aspecto simiesco, comunicándose mediante gruñidos y con, aparentemente, pocas entendederas. El ser humano prehistórico, dentro de nuestras diferencias, tenía unos prodigiosos conocimientos de su entorno y unas enormes capacidades físicas y cognitivas. Llegó a ser, a pesar de su escaso tamaño y fragilidad en comparación con otras especies, sino el mayor depredador de la biota, el más eficiente. Si no, párate un momento a pensar, a reflexionar, y observa hasta dónde hemos llegado como especie; de salir del continente africano y poner un pie en Eurasia (Homo Erectus, hace unos 1,5 millones de años); hemos salido de la Tierra, de esa diminuta isla azul que flota en mitad del Sistema Solar, y hemos sido capaces de poner un pie en la Luna (Neil Amrstrong, 1969), mientras el planeta Marte nos espera; incluso hemos sido capaces de mandar una sonda más allá de los confines del Sistema Solar (Voyager 1, lanzada en 1977). No hemos terminado de arrasar la Tierra cuando ya soñamos lúbricamente con arrasar el Sistema Solar...

 

 

Un punto azul pálido.

Fotografía de la Tierra tomada el 14/02/1990 por la 

sonda Voyager 1 en su viaje sin retorno a unos 

6.000 millones de km de distancia, entre Neptuno y Plutón.

No somos nadie. 

 


    Juan Sánchez, nuestro Heidelbergensis mondeño, nuestro "Homo Mondeñus Canuchiensis", era un homínino que (polémicas y debates científicos aparte) evolutivamente se encontraba entre los Antecessor, por un lado, y los Sapiens y Neandertales, por otro. Era, al parecer de muchos, el “eslabón”, la “bisagra”, entre una especie y las otras. Juan Sánchez, el Heidelbergensis mondeño, era un tipo alto (entre 1,70 y 1,80 m) y fornido, de más de 90 kg de puro músculo, bastante robusto y corpulento. Un bicharraco, vamos. Te podía dar una hostia a mano abierta que te quitaba todas las tonterías y todas tus putas gilipolleces. A pesar de lo descrito, estéticamente no era un mozo guapo para lo que entenderíamos con nuestros estándares actuales de belleza. Podría ser resultón -con unas copas de más, claro- pero, desde luego, no un guaperas. Sus enormes arcos superciliares (eminencias óseas arqueadas situadas sobre las órbitas oculares); su mandíbula prominente, que albergaba unos dientes grandes debido a que su dieta incluía alimentos duros o que necesitaban de una mayor fuerza masticatoria; y sus orificios nasales inusualmente amplios para calentar y humedecer el aire respirado en un clima frío, potenciaban un acentuado prognatismo facial. Recordemos los rostros de los monarcas Carlos I, Felipe II y sus vástagos, con esas mandíbulas excepcionalmente sobresalientes que afeaban unos caretos ya de por sí poco agraciados. Además, debía estar forrado por una tupida y mullida capa de vello corporal para adaptarse a la climatología y como no conocía el jabón… mejor no sigo.



Reconstrucción de un Homo Heidelbergensis

 



    Pero no nos engañemos. A pesar de su aspecto aparentemente rudo y fortachón, la especie a la que pertenecía nuestro “abuelo” mondeño, Juan Sánchez, disponían de una capacidad craneal que rondaba los 1.100 a 1.350 cm cúbicos (más que una Cagiva), lo que le proporcionaba una notable inteligencia (los humanos actuales rondamos los 1.200 a 1.400 cm cúbicos, aunque alguno no lo parezca). Contaba con una habilidad verdaderamente colosal, determinante y diferenciadora: la capacidad de hablar y, por lo tanto, de comunicarse, de sacar las ideas de su cerebro y compartirlas con otros de su especie. Controlaba el fuego, lo que supone no sólo una mejor alimentación y mejores estrategias de caza, no sólo una mejor protección ante el frío, no sólo una barrera contra el ataque de fieras salvajes... también una mayor capacidad de socialización, cohesión social y de desarrollo cognitivo dado que a la luz que ofrece el fuego se "prolonga" el día y con ello, el pasar más tiempo conversando, compartiendo, imaginando... incluso ¿porqué no? jugando y fantaseando con las sombras... Existen indicios de que llegó a construir estructuras de hábitat muy básicas al aire libre (Terra Amata, Niza, Francia); realizaba herramientas de piedras muy bien elaboradas y auténticamente mortíferas; trabajaba el hueso; utilizaba lanzas de madera para la caza en grupo (Schöningen, Alemania), a lo que ayudaba su capacidad de comunicación basado en el habla; vivía en sociedad, en grupos de varias decenas de miembros, y hay fundamentados indicios de que incluso llegó a tener ritos funerarios (Atapuerca, España).




Excalibur, el bifaz hallado en Atapuerca






Lanzas de Schöningen, conjunto de ocho lanzas

a las que se atribuye 400.000 años de antigüedad, 

pertenecientes al Homo Heidelbergensis, aunque Recientes investigaciones han reducido la edad de estas lanzas a los 200.000 años,

con lo que la herramienta de madera más antigua conocida sería la lanza de Clacton, en el Reino Unido, que se ha datado en unos 400.000 años.



    Juan Sánchez pertenecía a un grupo o clan de Heidelbergensis, compuesto por hombres, mujeres, niños, adolescentes, abuelos... familias. Eran cazadores y recolectores. Esto es, para que el clan sobreviviera se dedicaban a cazar animales -sin descartar, por su puesto, el carroñeo- y a recolectar algunos frutos de la naturaleza. No eran productores. No cultivaban ni criaban ganado. Tampoco les hacía falta habida cuenta de los recursos que existían en su medio ambiente. Se desplazaban de un lado a otro de forma estacional aprovechando esos recursos. Pero, cuidado, también formaban parte de la cadena trófica y podían acabar sus días en las tripas de alguna fiera.

 

 

 Recreación de un grupo de Heidelbergensis liados con sus faenas

 


    Sus herramientas líticas, de piedra, se clasifican en el complejo cultural y tecnológico denominado Achelense (también llamado Modo II), que se caracteriza por piezas muy masivas de tamaño mediano-grande, con útiles diseñados para el descuartizamiento de grandes mamíferos, como bifaces, hendedores o picos triédricos. Aunque aparentemente toscas, eran unas herramientas letales y altamente funcionales. La técnica de tallado la trajeron del continente africano.

 

 

Ilustración que recrea a un grupo de Heidelbergensis en plena caza 

 


    Se supone que trabajaban el cuero y las pieles y se ha discutido sobre su capacidad para la creación artística, dado que en el yacimiento de Bilzingsleben (Turingia, Alemania) se hallaron algunos patrones grabados en la tibia de un elefante y que podrían atribuirse a esta especie. Y aunque hasta el momento no existen evidencias de arte figurativo, el Heidelbergensis presenta una gran capacidad de adaptación y de elaboración de herramientas complejas, así como indicios de simbolismo. 

 


 Hueso grabado de Bilzingsleben, Alemania


    No contaba ni con seguridad social, ni con planes de pensiones, ni sistema sanitario... pero, parece ser, que algo solidarios si que eran. En Atapuerca se ha descubierto especímenes de hace casi medio millón de años que contaban, estimadamente, con unos 45 años de edad (auténticos matusalenes para esa época) y que tenían serios problemas osteoarticulares y de movilidad, lo que les imposibilitaba para la caza y otras actividades económicas básicas, por lo que se piensa que los Heidelbergensis velaban por sus mayores y vulnerables y cuidaban de ellos. 

 

 


Recreación de Benjamina, una niña Heidelbergensis hallada en Atapuerca que nació con graves problemas craneales (craneosinostosis lamboidea verdadera)  y que fue cuidada hasta los diez o doce años, en que falleció




Los restos aparecidos en Monda


    En el término municipal de Monda, en la zona de Canuchas, perteneciente al macizo de Sierra Blanca, se encontró, entre otros restos óseos, un fragmento de hueso de Homo Heidelbergensis que se corresponde con una porción del hueso temporal izquierdo.

 


 Ubicación del hueso temporal izquierdo

 




Hueso temporal izquierdo hallado en Monda (Málaga) 

Tomado de: Urquiza et al., 2005



    En apariencia, podría tratarse de un hallazgo pequeño, pero lo cierto es que supone un descubrimiento grande. Verdaderamente inmenso.


    El investigador Alejandro León Cristóbal, de la Universidad de La Rioja, escribió en 2020 el artículo “Aproximación al poblamiento del género Homo en Andalucía y Gibraltar: los restos óseos humanos desde Homo Sapiens hasta Homo Neanderthalensis”, que fue publicado en la revista Arqueología y Territorio n.º 17.


    En él hace un repaso a los hallazgos en Andalucía y dedica varios párrafos a los restos aparecidos en Monda, haciéndose eco de su notable importancia. Su artículo, Aproximación al poblamiento del género Homo en Andalucía y Gibraltar. los restos óseos humanos desde Homo Sp. hasta Homo Neanderthalensis, puede consultarse en el siguiente enlace:


 https://www.ugr.es/~arqueologyterritorio/Artics17/Artic17_1.html


 

    A falta de un análisis arqueológico, no sabemos como nuestro Juan Sánchez fue a parar al lugar donde fue descubierto, que se trata de una cavidad. Junto a él había restos óseos de fauna. ¿Podría tratarse de un lugar donde Juan y los miembros del clan realizaran sus actividades diarias, como el despiece de la carne de caza y su alimentación? O, en otro orden de cosas ¿Habría sido Juan parte del menú de algún depredador que llevara sus restos a su madriguera, a su cueva? Muy complicado, pero que muy complicado, el despejar esta incógnita sin una excavación de por medio.

 

 

 

¿Porqué tiene tanto valor este hallazgo?


    Porque estos restos aparecidos en Monda y pertenecientes a una humanidad fósil y antecesora de otras especies humanas son casi únicos en el sur peninsular. Y desde luego los restos del "Homo Mondeñus Canuchiensis" son únicos en la provincia de Málaga.


    Por otra parte, no olvidemos la potencialidad que podría tener el yacimiento paleontológico donde fueron encontrados estos restos óseos, junto con otros a nivel de superficie. ¿Qué misterios y que “tesoros” paleoantropológicos nos depara el subsuelo de las cavidades en los que fueron hallados?


    El puzle de la evolución humana se reescribe casi a diario y aquí, en Monda, parece que podría haberse encontrado una de sus piezas fundamentales.





Conclusiones


    Un hallazgo de estas características no puede dejarse pasar por alto, no puede ser ignorado. Es necesario proteger el lugar del descubrimiento y realizar una campaña arqueológica y de estudio preliminar del yacimiento para ver sus potencialidades y auténticas posibilidades, contando con las Universidades, especialistas, las Administraciones Públicas y, por supuesto, teniendo siempre en cuenta a la propiedad.

 

    A nivel Sierra de las Nieves estamos ante un hallazgo de un valor verdaderamente extraordinario. Tengamos en cuenta que los indicios más antiguos de poblamiento en esta zona se retrotraen a diez o quince mil años. Con la presencia de Juan Sánchez, del "Homo Mondeñus Canuchiensis", movemos el dial hacia atrás de 300.000 a 500.000 años, además de hablar de la presencia de otra especie de homínido.

 

    Sería deseable la creación de una figura o de un organismo que aglutine a diferentes Administraciones Públicas, Universidades, otras entidades o fundaciones, especialistas... que busquen financiación para campañas de excavaciones, para investigación, para puesta en valor, para la protección del yacimiento… sumando el esfuerzo de distintos participantes. 


    Posibilidad de plantear, pero a largo plazo, la creación de un espacio interpretativo municipal en un local público o incluir los resultados del hallazgo en un espacio interpretativo que ya se disponga. Este descubrimiento científico debe tener ese valor científico, no lo olvidemos, pero también debe ser promotor y potenciador de los valores y recursos locales: debe contribuir al desarrollo local.


    Organizar jornadas de difusión, visitas, actividades… que pongan en el mapa el valor de este hallazgo y otros posibles futuros hallazgos relacionados, y le otorguen el valor que merecen.


    No estamos ante la aparición de una moneda antigua, de una espada "vieja", de una enterramiento de hace unos siglos o de una herramienta lítica de hace algunos miles de años. Estamos nada más y nada menos que ante los restos de una especie humana extinta que todavía puede arrojar mucha luz sobre la evolución de la Humanidad y sobre nuestra propia especie.





    Agradecimientos a Javier Soto por dar a conocer este descubrimiento pero, sobre todo, por su ejemplar e incansable labor de descubrimiento, promoción y divulgación del patrimonio cultural. Hacen falta más personas como tú, Javier.




(c) Diego Javier Sánchez Guerra.

 

 

 

    P.S: como la paleoantropología no está reñida con el disfrute y el aprovechamiento de la naturaleza, se hace cuerpo en este manojillo de espárragos el popular dicho: ¡para la casa, hasta las piedras!

 



¡Y olé!