viernes, 10 de febrero de 2017

LA FORTALEZA DE LA TEJA Y LA ALQUERÍA DE GAIMÓN. UN HINS CON ALQUERÍA EN LOS CONFINES DE MONDA Y TOLOX


LA FORTALEZA DE LA TEJA y LA ALQUERÍA DE GAIMÓN
Un hisn con alquería en los confines de Monda y Tolox


Francisco Marmolejo Cantos y Diego Javier Sánchez Guerra. Asociación Arqueológica de Coín





Esta entrada está relacionada con un artículo que el investigador Francisco Marmolejo Cantos y un servidor realizamos hace algunos años. El artículo trata sobre una vieja fortaleza asentada en la cima de un cerro de cierta elevación y una población dependiente, situada ladera abajo, que se encuentran entre los términos de Tolox y Monda. Se trata de unos yacimientos arqueológicos de gran valor y uno de ellos, el poblado, se dio conocer a través del mencionado artículo. 

En la Sierra de las Nieves, como no me cansaré de repetir, el patrimonio cultural es enorme. En él podemos destacar la gran cantidad de yacimientos arqueológicos de todas las épocas que tachonan este singular espacio, este fabuloso territorio. Por desgracia a mayor parte de este patrimonio arqueológico es completamente desconocido y, además, se suele encontrar con el rechazo de la sociedad y de las administraciones que lo ven como un escollo al desarrollo y al progreso, cuando no es más que lo contrario. Se trata de unos recursos culturales de primera magnitud muy útiles, insustituibles, para conocer nuestra historia, de dónde venimos, lo que somos... pero son también unos importantes y únicos recursos para el desarrollo del sector turístico cultural, que tantas posibilidades tiene en nuestro territorio.

Enlace al artículo:

http://www.arqueologiamedieval.com/articulos/139/la-fortaleza-de-la-teja-y-la-alqueria-de-gaimon-un-hisn-con-alqueria-en-los-confines-de-monda-y-tolox




Resumen 

Con este breve trabajo se pretende analizar el modelo de asentamiento rural andalusí en la zona de Sierra de las Nieves, partiendo de su ocupación plena en alta época medieval y su abandono progresivo tras la caída del Califato. La escasa intromisión de otras culturas materiales hace del lugar un enclave privilegiado para el estudio de estas comunidades de primera etapa islámica, por ello planteamos diferentes hipótesis de trabajo para futuras actuaciones arqueológicas y abordamos las diversas maneras de relacionarse con el medio físico y su explotación, frente a las dificultades agrícolas que presentan las peridotitas. 


En la confluencia de los términos municipales de Monda, Istán y Tolox, en el occidente malagueño, se han localizado diversos asentamientos con un horizonte cultural que abarca toda la Alta Edad Media. Más concretamente, en la cima del cerro de Los Castillejos de Puerto Verde, se conservan hasta hoy día las ruinas de un recinto fortificado casi inaccesible, con varios espacios de habitación en su interior, cobijando en su órbita una alquería abierta situada en las estribaciones de su vertiente meridional, a menor cota de altura y aprovechando los recursos hídricos de la cercana Fuente de La Sepultura.





Ubicación de la fortaleza de la Teja


Se trata de enclaves aislados y alejados de las principales vías de comunicación, pero con suficientes recursos para el establecimiento humano, tan sólo dificultado por la nula potencia agrícola de un sustrato litológico formado por peridotitas, con unos suelos muy pobres que condicionan la ubicación de los pastos y del espacio de huerta.

La división y organización territorial del occidente malagueño en alta época medieval es un aspecto apenas estudiado. Ni siquiera los límites de la cora de Rayya están claros, ignorándose hoy la situación geográfica de la mayoría de los husun ante la falta de investigación arqueológica. Es posible fundamentar que el mojón de Puerto Verde delimitaba la tierra de Málaga de la de Marbella en época bajomedieval, por tanto no habría inconveniente en integrar esta fortaleza y su alquería, ya deshabitadas, dentro de los límites malagueños. Cuestión distinta será delimitar con claridad las coras de Rayya y Algeciras en época califal, sin dejar de averiguar dónde quedaría la de Takurunna, lo cual no resulta nada claro.

En esta línea de trabajo, antes de entrar en otros aspectos, habrá que convenir que estamos ante un castillo de poblamiento que sirvió de refugio a sus habitantes y que vertebró el territorio al modo que lo hicieron los husun del levante peninsular. Dicho esto y a pesar de los parcos datos arqueológicos, no podemos pasar por alto que hacia el Norte se detectan sólo grandes alquerías altomedievales como la de Murta (Tolox), Porticate (Yunquera) o Jorox (Alozaina), y hacia el SE tan sólo los castillejos de la sierra litoral, verdadera frontera marítima, además de aquellos husun que evolucionaron a poblaciones modernas, tales como Coín y Monda, claramente rodeados por alquerías satélites y pequeños hábitat rurales dispersos.

Hasta el presente podemos decir que la alquería de Gaimón es la única asociada al castillo de la Teja, ninguna otra se ha podido documentar arqueológicamente en lo que debió ser su distrito castral. Si bien, en el entorno geográfico inmediato, en el partido de Chiribenítez, sabemos de la existencia de otro despoblado según consta por información del párroco de Monda a Medina Conde en el siglo XVIII. De lo que no cabe duda es que la zona estuvo bajo dominio de Ibn Hafsun, integrándose plenamente en la famosa revuelta que mantuvo en jaque al poder musulmán de Córdoba entre finales del siglo IX y principios del X.

A juzgar por los materiales arqueológicos observados en superficie, alquería y castillejo debieron convivir durante un buen tiempo; aunque a priori da la impresión que el castillejo fue anterior a la alquería y que ésta atrae a la población en época califal y taifas, acaso quedando sólo el recinto fortificado con alguna guarnición entre sus muros.




Estructuras murarias


Creemos no equivocarnos al afirmar que el momento de abandono definitivo de la alquería es posterior al de los Castillejos. Con toda suerte de reservas, a falta de actuación arqueológica y de una investigación más profunda, la fortaleza pudo quedar abandonada hacia el siglo X-XI. Ello se deduce porque apenas se observa material cerámico vidriado, tan sólo algunos pequeños fragmentos melados con manganeso en el sector Norte del recinto, pero su presencia no es significativa y resulta meramente residual. Acaso nos hablan del inicio de un abandono progresivo anterior a esta etapa.

Está fuera de toda duda que tanto la alquería como el castillejo ya se encontraban deshabitados en época bajomedieval. Partiendo de un análisis comparativo y atendiendo a la cronología, se podría pensar que la alquería quizá obedezca al descenso de la población indígena, quedando el recinto fortificado como último refugio de sus habitantes.

Queda claro que la escasa intromisión de otras culturas materiales hace del lugar un enclave privilegiado para el estudio de estas comunidades de primera etapa islámica. De hecho, permite analizar el modelo de asentamiento rural andalusí en la Sierra de las Nieves, todavía por describir, partiendo de su ocupación plena en alta época medieval y su abandono progresivo tras la caída del Califato.





 Mapa del siglo XVIII del geógrafo Tomás López 


La Fortaleza de la Teja

En el llamado cerro de los Castillejos de Puerto Verde, a unos mil metros de altura, en la divisoria entre los T. M. de Monda y Tolox, aún se conservan los cimientos de un potente recinto fortificado en altura tipo hisn de gran valor científico, histórico y patrimonial.

Es posible la identificación de este lugar echando mano del Libro de Apeo de Monda (siglo XVI) donde figura como Hasnalmenqueire (Hisn al-Menqueire), topónimo que da cuenta de su condición de fortaleza y en el que se advierte el sufijo -eire, que apunta a un probable origen romance.

Dada su naturaleza y funcionalidad, su ubicación en el cerro más elevado del lugar no es fortuita, por lo que posee una de las mejores vistas de la zona desde donde se domina estratégicamente tres importantes áreas, tres cruciales espacios en el pasado interconectados por veredas y senderos: todo el valle del Guadalhorce, Málaga y sus montes así como las tierras que se encuentran más allá de ella hasta la sierra de Tejeda-Almijara; todo el arco montañoso que conforma la zona Norte de la Sierra de las Nieves: sierra Real, sierra de la Nieve (con el estratégico paso del puerto de las Abejas, enlace entre la zona de Málaga y las tierras rondeñas), y las sierras Cabrilla y Prieta hasta la de Alcaparaín, muy próxima a Bobastro, junto a sus poblaciones adyacentes; y finalmente, aunque no por ello menos importante, hacia el Sur la sierra de Alpujata y de Albuqueria (donde existen otros castillejos que plantan cara al mar) y la zona litoral, pudiendo divisarse en días claros la línea de costa africana y la única puerta natural de entrada al Mediterráneo, el Estrecho de Gibraltar. El control estratégico del territorio es sencillamente espectacular y aunque no hay línea visual directa con la ciudad del rebelde, Bobastro, sí puede afirmarse que la hay con las fortalezas-puerta próximas a esta ciudad y con otros muchos asentamientos que formaron parte de la revuelta.



                   

                      Basamento de una de las torres en el sector Norte.


Sorprende cómo incluso en fotografía aérea es posible identificar con claridad el perímetro del castillejo de la Teja y los elementos que lo constituyen. Se trata de un rectángulo de 20 x 62 m aproximadamente con orientación norte-sur compuesto por muros de dos metros de espesor aviados en sillarejo en los que no se observa argamasa. Interiormente está compartimentado en dos sectores, uno Norte y otro Sur, separados por un muro divisorio hacia el centro del rectángulo. El espacio Norte posee cuatro potentes torreones de planta cuadrada en sus ángulos, con unos dos metros de lado.

En el flanco Oeste y adaptándose a las curvas de nivel, se localiza un lienzo de muralla que cerca el recinto principal aunque, debido a los escombros y derrumbes de éste, no se puede determinar con certeza su grosor. No obstante, puede verse claramente como envuelve las caras Sur (de forma escalonada) y Oeste, pero no así la Norte. Se diferencia del anterior por presentar un perímetro irregular y usar abundante cal en el mortero. En tal sentido, habrá de determinarse en un contexto estratigráfico si la construcción se hizo de una vez o fue realizada por fases en distintos momentos constructivos. No podemos tampoco pasar por alto que en algunas zonas y en paralelo a la muralla descrita, parece atisbarse los vestigios de un foso colmatado que envolvería parcial o totalmente esta fortificación, así como restos de un aljibe de medianas dimensiones.








Imagen aérea de hisn al-Menqueire, perímetro de la estructura castral (fuente: SIGPAC) 


En el interior del recinto aparecen conjuntos cerámicos de tradición indígena, junto a otras producciones de clara filiación islámica. En niveles superficiales no se observa la generalización de la serie ataifor y por ende de los vidriados, lo cual contrasta con los conjuntos cerámicos islámicos advertidos en la alquería, sobre los que habremos de volver.

Se advierten múltiples fragmentos de tejas digitadas con meandros, fragmentos decorados con cordones digitados, así como cerámica modelada a torno lento sin acabado alguno, con gruesos y abundantes desgrasantes. Muy escasamente aparece cerámica vidriada, tan sólo un melado con trazos de manganeso perteneciente a un ataifor.



Materiales cerámicos en superficie


La alquería de Gaimón 

Situada en el paraje de Gaimón del T.M. de Monda y atravesada por un corta-fuegos, junto al lugar denominado la Sepultura, la alquería se recuesta a media ladera a una altitud aproximada de 800 msnm, conservando aún algunos restos estructurales que han aflorado parcialmente a la superficie, merced al trabajo de las máquinas que mantienen el corta-fuegos.

El caserío se situaba por encima de la Fuente de la Sepultura, a una distancia de apenas 320 metros. Se confirma con ello que la elección del lugar estuvo muy condicionada por la ubicación de este manantial, perenne y de escaso caudal, aunque suficiente para el abastecimiento humano. No resulta tan clara la ubicación de la necrópolis, que bien pudo emplazarse bajo el espacio de residencia, a juzgar por la situación de los topónimos alusivos a la fuente y casa de la Sepultura.

Se ha de considerar la gran extensión y concentración de material constructivo, lo que anima decididamente a elevar el yacimiento a la categoría de alquería. En tal sentido, presentamos aquí una breve descripción de las primeras observaciones realizadas sobre el terreno, en tanto que el yacimiento se encuentra todavía inédito y fuera de inventarios oficiales.

Los vestigios de mayor importancia son las estructuras descubiertas tras la apertura del corta-fuegos, sin pasar por alto la presencia de escoria de hierro, junto al material cerámico que posibilita su datación. Se pueden advertir en superficie estructuras de habitación a pesar del paso de las máquinas excavadoras a la hora de realizar el corta-fuegos y las labores de mantenimiento. Se observa también una pequeña área formada por una masa de piedras de origen geológico diverso, formando una especie de pavimento, que a nuestro entender puede tratarse de parte del empedrado de una era de tiempos recientes. Conviene tener presente que a ambos lados del corta-fuegos, en el área de dispersión del material cerámico, se concentra gran cantidad de mampuestos correspondientes a edificaciones, muchos desplazados por la acción de las máquinas.





 Muro divisorio del recinto principal del castillejo

Es posible observar en superficie restos de escorias metálicas, muestra de que en el lugar se trabajaba el hierro, desarrollándose labores de extracción y transformación del mineral. En este contexto no debemos obviar que nos encontramos en una zona donde el sustrato geológico lo forman las peridotitas, rocas de origen ígneo muy ricas en metales pesados.

Se advierten conjuntos cerámicos de tradición indígena y un número relativamente alto de fragmentos vidriados melados de importación, con lo que podría trabajarse con la hipótesis de que se trataba de una población islamizada o en proceso de islamización. En superficie podemos apreciar grandes porcentajes de tejas y de otras piezas, la mayoría bizcochadas, predominando los fragmentos amorfos de cerámica común paleoandalusí con núcleos carentes de oxidación. En resumidas cuentas, se observan bases planas y bordes exvasados, con la siempre presencia de cordones digitados entre la escasa decoración.



Piezas cerámicas de tradición indígena


El material cerámico vidriado que a simple vista puede observarse en el lugar es más abundante que en el castillejo de la Teja, destacamos aquí como indicadores: un fragmento de fondo con pared de ataifor de perfil esférico vidriado en melado claro; otro fragmento de ataifor con vidriado melado y trazos de manganeso en ambas caras; y por último un fragmento de pared de una pieza de forma cerrada, con vidriado exterior melado con trazos de manganeso, sin vidriar al interior.




Material cerámico vidriado


Convendría tener presente el hallazgo de abundantes fragmentos cerámicos realizados a mano. Algunos parecen presentar un bruñido exterior, otros son fragmentos de paredes con decoración ungulada y gruesos desgrasantes. Destacar también la presencia de un fragmento de molino de mano para molturar cereal.


En lo tocante a su estado de conservación, llama la atención los daños que ha sufrido el yacimiento desde la apertura del corta-fuegos, agravado por las tareas periódicas de desbroce y enrasado. No obstante, pese al paso de las máquinas, no es descartable la presencia de niveles arqueológicos conservando cimentaciones, pavimentos, conducciones hídricas... Igual de preocupante se presentan los posibles ensanches y mejoras del camino de Istán a Tolox o el futuro deslinde de la Cañada Real del Mojón de Puerto Verde, que podría nuevamente alterar y destruir el registro arqueológico del asentamiento.



Referencias históricas

Carecemos de noticias precisas en texto andalusíes que hablen de nuestro enclave, si bien en principio son numerosos los testimonios que se conservan de época castellana hasta prácticamente nuestros días. Bien podemos deducir por el Libro de Apeo de Monda (siglo XVI) que la fortaleza de la Teja es conocida como Hasnalmenqueire, citándose además un arroyo de Almenque en el deslinde inédito de 1525.

Las fuentes documentales modernas nos hablan nuevamente de su existencia en el siglo XVIII. Es el caso del viajero alemán Carl Christoph Plüer, que nos deja el siguiente testimonio:

Fortaleza de la Teja, la cual aparece sobre el mapa, es una antigua fortaleza desmoronada, en ruinas, en la Sierra Real, donde los moros fortificaron un lugar donde tenazmente se defendieron. 



Testimonio de Carl Christoph Plüer


Por si nos quedara alguna duda, otra fuente histórica donde se cita es el Suplemento al Diccionario de Medina Conde, de finales de esa centuria, que recoge el siguiente testimonio del párroco de Tolox: “Sobre aquel cerro, tambien llamado el castillejo, donde naze la fuente de la Teja, se rreconocen oy fragmentos de su muralla y foso (…)”.




Suplemento al Diccionario de Medina Conde


Incluso los mapas y la cartografía antigua reflejan con claridad su existencia. En el mapa elaborado por el geógrafo Tomás López fechado en 1795 aparece nominado como Fortaleza de la Teja, situándola junto al monte de Gaimón y la fuente de la Alfaguara.

La última referencia histórica la trae el diccionario de Madoz, cuando describe que “en jurisdicción de Tolox y en la sierra que se describe, se encuentran los puertos de la Corona, las Golondrinas, Jaraon (sic. por Janón), Castillejos, donde están las ruinas de Calaluí (sic.) y un aljibe con senderos antiguos y medio borrados”. 





Primeras hiladas del recinto exterior y derrumbes del recinto principal 



Captación de recursos

El área que tratamos se integra dentro del ámbito de las cordilleras Béticas en su vertiente más meridional. Nos encontramos en la cabecera de dos cuencas hidrográficas, la de los arroyos que vierten en Río Verde y la de los que desaguan en Río Grande. Una zona de alto valor ambiental, integrada en pleno Parque Natural de la Sierra de las Nieves, donde la toponimia menor concentra, en tan reducido espacio geográfico, nombres tan sugerentes como Los Bancales, La Sepultura y Los Castillejos.

Gaimón es hoy un partido rural del término municipal de Monda deslindado como dehesa en el siglo XVI. Gran parte del territorio comprendido entre los parajes de la Sepultura y Castillejos se presenta repoblado tras el incendio forestal de 1994, en el que quedaron arrasadas en torno a las 2.000 hectáreas y fallecieron dos efectivos atrapados en las tareas de extinción. La desaparición de la cubierta vegetal y la acusada pendiente se tradujo en la pérdida de los suelos, debido principalmente a la escorrentía que nunca logran absorber las peridotitas. Hoy va recuperándose el denso matorral y el paisaje se muestra cubierto por coníferas de repoblación, quedando las zonas más sombrías reservadas a jóvenes pinsapos que, pacientemente, van recolonizando el territorio.

Vinculado directamente con la alquería encontramos el pequeño espacio hidráulico de la fuente de la Sepultura, así como estrechos bancales en la cabecera de los arroyuelos que bajan del castillo. Se pueden distinguir varios espacios discontinuos dedicados al riego, encajonados al fondo del arroyo de Los Bancales y extendiéndose por la Loma de La Alberca. Ahora bien, el de mayor importancia es el arroyo de la Fuente de la Teja, que derivaba sus aguas para regar la zona hoy ocupada por las ruinas de la Majada de la Teja, con gruesos muros en piedra seca y enormes mampuestos y sillarejos. La antigua majada parece asentarse sobre primitivas terrazas de cultivo, aunque no queden vestigios de acequias o encaminamientos, ni estructuras hidráulicas, tan sólo se hace evidente la proximidad inmediata de la fuente de la Teja, así como un espacio aterrazado y abancalado con altos niveles de derrumbes.





Pinsapar de la Sepultura, junto a la alquería de Gaimón

El aprovechamiento ganadero de esta zona debe remontarse a época medieval, sin duda es anterior a 1538, fecha en la que se concede al concejo de Monda el monte de Gaimón para que pudiesen hacer dehesa boyal y poder criar ganados. La importancia económica que alcanzó la ganadería se aprecia hoy en el complejo nudo de vías pecuarias que se dan cita en Puerto Verde, paso natural para alcanzar la Serranía de Ronda. Dato que quizá nos esté indicando el papel estratégico de la fortaleza para el control y vigilancia de los caminos en época califal.

Causa extrañeza que, en antiguos protocolos notariales, hayamos podido localizar la Cañada Real de Puerto Verde atravesando de punta a punta todo el término de Coín, comunicando el Puerto de los Pescadores con el Puerto de Ojén, enlazando con la cañada del Rosal hasta llegar al mojón de Puerto Verde, donde confluyen los términos de Istán, Monda y Tolox. Desde aquí se bifurcan las vías, por la izquierda, hacia el Puerto de las Golondrinas, encrucijada de caminos, y por la derecha hacia la vereda del Camino de Istán, dirección Tolox, enlazando con la Vereda del Retamar y con la Vereda de Yunquera.

Vestigio de aquella primitiva red viaria se conservaba en el pago de Carreira citado en los apeos de Monda.

Entre los recursos minerales que se explotan, como decíamos, se observan abundantes fragmentos de escoria de hierro dentro de la misma alquería. La actividad pesquera en Río Verde tampoco debió ser una práctica marginal, pese a la proximidad de la costa mediterránea. No de otra suerte pervive en la toponimia menor un cerro llamado del Pescado, mencionado como atalaya en el deslinde de la dehesa de Gaimón del siglo XVI.

Sabemos que la zona vive un proceso de concentración poblacional en el período altomedieval, iniciado probablemente antes de la irrupción del Islam. Queda claro que a lo largo de la Historia, por su aislamiento e inaccesibilidad, ha sido un lugar atractivo para huidos, disidentes, fugitivos, bandoleros y contrabandistas, maquis durante la Guerra Civil, estraperlistas y furtivos. Durante las revueltas moriscas fue lugar de refugio de los perseguidos y hogar de los monfíes, como testimonia Luis del Mármol Carvajal. Tradicionalmente ha sido un espacio para la disidencia. Siendo muy probable que esta función de refugio, bien conocida durante siglos, también se diera en su momento fundacional.


Bibliografía

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miércoles, 25 de enero de 2017

EL HOMBRE Y LA SIERRA (DE LAS NIEVES) EL OFICIO DE NEVERO

EL HOMBRE Y LA SIERRA (DE LAS NIEVES)
EL OFICIO DE NEVERO




El cielo, de camino al puerto de los Ventisqueros, en Yunquera


Como amante de la historia y del patrimonio cultural de la Sierra de las Nieves, una vez me preguntaron en una conversación cual de los patrimonios culturales de este fabuloso espacio natural y humano consideraba el más representativo, el más importante. Sin titubeos, sin dudas y sin indecisiones respondí que el agua. Un poco atónito se quedó mi interpelado, pues esperaba una predecible respuesta: tal fuente, tal iglesia, tal castillo, tal calzada, tal molino… Pero en un primer momento no entendió la contestación que le había dado. Hube de explicarle que ha sido el agua la madre de casi todos los patrimonios en la Sierra de las Nieves: ha sido la que ha modelado las montañas calizas y ha creado su red de simas, cuevas y cavernas, en muchos casos habitadas y usadas por el ser humano hasta tiempos recientes; es el agua la que ha dado vida a ríos, arroyos y manantiales que han permitido el desarrollo de la agricultura irrigada y de los espacios de huerta desde época andalusí, de los molinos harineros, de los batanes, de los alcaldes del agua…; la que circula por fuentes y lavaderos públicos, dando sentido a estos tradicionales espacios de agregación colectiva; la que se emplea en los ritos cristianos dentro y fuera de las iglesias; la que en forma solida, de nieve o hielo, daba sentido al oficio de nevero y con ello al nombre de Sierra de las Nieves…



La fuente y lavadero de la Jaula, en Monda



Agricultura irrigada en Tolox


Esta entrada va de agua en estado sólido, de su aprovechamiento y explotación por los neveros, de los pozos de nieve... y quiero dedicarla a todos aquellos hombres, jornaleros, trabajadores, arrieros, capataces… que durante siglos desarrollaron la ya desaparecida actividad de nevero y que dieron su actual nombre a la Sierra de las Nieves.

También quiero dedicarla al profesor Juan Bardón Garcés, al que conozco poco pero al que admiro bastante. El profesor Bardón ha presentado recientemente un libro en su pueblo, Yunquera, titulado Yunquera. Entre el Antiguo Régimen y la Restauración (1750-1900). En él, después de diez años de ardua labor documental, de leer y consultar cientos de libros y artículos así como de investigar muy pacientemente en diferentes archivos, ha plasmado la historia de Yunquera desde mediados del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX. En esa magna obra, porque no puede calificarse de otra forma, le dedica un extenso y completísimo capítulo a los pozos de nieve, al trabajo de los neveros yunqueranos y al negocio de la nieve que es completamente excepcional por lo documentado y detallado de los contenidos que nos ofrece, arrojando una necesaria luz a un tema aún no tan conocido como cabría suponer y que es de una trascendental importancia para la historia de la Sierra de las Nieves y la identidad de sus habitantes. 




Igualmente me gustaría señalar que esta entrada es una versión reducida y adaptada a los medios digitales de un trabajo que sobre los pozos de nieve, simas y ventisqueros de la Sierra de las Nieves, estoy realizando y que espero vea la luz en unos meses ¡Toquemos madera!



INTRODUCCIÓN

La Sierra de las Nieves es el nombre que recibe una comarca que se ensortija entre el Valle del Guadalhorce, el litoral marbellí y la Serranía de Ronda.  Es un lugar prodigioso. Se trata de un espacio de una riqueza geológica, botánica y faunísticas sobresalientes. Posee un relieve y unas formaciones montañosas diversas y singulares, de año en año coronadas por caducas nieves donde nacen multitud de riachuelos y ríos, como el Verde, el Turón y el Grande, habitados por numerosas especies de peces y anfibios. En este singular espacio se ha desarrollado decenas de oficios tradicionales a lo largo y ancho de su historia, que no es poca.





Dada su riqueza y diversidad naturales en el corazón de este emblemático lugar se creó el Parque Natural Sierra de las Nieves en 1989, que alberga la mayor población de pinsapos del planeta y que se encuentra en la actualidad en pleno proceso de declaración como Parque Nacional, merced a sus valores ecológicos y naturales, geológicos y faunísticos. Otros significados pinsapares los encontramos en la Sierra de Grazalema, Cádiz, y en Sierra Bermeja, Málaga, ésta última con la particularidad de ser el único bosque de pinsapos que se desarrolla sobre un sustrato geológico de peridotitas. 



Uno de los pinsapares de la Sierra de las Nieves


Sin embargo sus valores naturales y paisajísticos así como culturales y patrimoniales no sólo han sido reconocidos por las administraciones públicas nacionales; la UNESCO, dentro de su programa HOMBRE y BIOSFERA, catalogó esta comarca como Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves, un galardón que tiene una importante relevancia mundial. Junto con otros espacios naturales del Sur andaluz a los que se suman otros del Norte de África, pasando por las acaracoladas aguas mediterráneas del Estrecho de Gibraltar, forma parte de la Reserva de laBiosfera Intercontinental del Mediterráneo, la primera a nivel mundial en su género.



La Reserva de la Biosfera



La Reserva de la Biosfera Intercontinental



Además de sus patrimonios naturales el legado cultural de la Sierra de las Nieves, como he manifestado en multitud de ocasiones y como no me cansaré de señalar, no es menos interesante ni menos importante, pero es mucho menos conocido y mucho menos valorado. Ello se debe primordialmente a su general desconocimiento lo que ha conducido, al igual que en otras muchas zonas rurales, a su infravaloración a pesar de que la historia es larga y la huella del ser humano en estos lares, intensa.



Dolmen del Tesorillo de la Llaná, en Alozaina


Volviendo a la cuestión de los antiguos oficios, los más destacados y los que han sido la base económica de los pueblos que componen esta comarca durante miles de años han sido la agricultura y la ganadería, sin duda, entre otros muchos duros trabajos que llevaron a cabo los sufridos habitantes de estas tierras como el de arriero, carbonero, minero, jornalero, molinero… oficios que aunque de género masculino también fueron  igualmente realizados y compartidos por las mujeres, tan trabajadoras como los hombres o más, y tan invisibles ¡Siempre las mujeres rurales tan invisibles!



Juan Sánchez, vecino de Monda, en la recogida de aceitunas



La ganadería ha sido otra de las actividades económicas tradicionales básicas



Pero el más afamado de los oficios, el más conocido, el que más se ha propalado al menos en los últimos años, ha sido el de nevero ¡¿Por qué?! Quizás por su singularidad, por su particularidad, por lo poco común de su labor… ¡Quién sabe! Lo cierto es que el negocio de la nieve, cuyo mayor desarrollo tuvo lugar entre finales del siglo XVI y principios del XX, supuso una importante actividad económica en la Sierra de las Nieves hoy completamente desaparecida y prácticamente olvidada. Sólo nos quedan los viejos pozos, junto con las profundas simas, anegados de sedimentos y del peor de los posos: el del olvido; los antiguos caminos de arriería, hoy transitados por senderistas; los viejos recuerdos de las familias de los neveros, cada vez más borrosos; y un importante legado documental en diferentes archivos a través de los cuales conocemos los nombres de los pozos, los litigios y luchas por controlarlos, los contratos de arriendo de los neveros, los del abasto de las ciudades y sus problemáticas, de los destinos de la nieve de la Sierra de las Nieves…



Documento manuscrito de uno de los archivos


Para profundizar en este singular tema existen muchas investigaciones, libros y artículos a nivel general que vienen viendo la luz desde hace décadas y que estudian los neveros y los pozos desde distintas perspectivas y desde diferentes enfoques (arqueológico, arquitectónico, antropológico, patrimonial…) ofreciendo una completísima imagen de los pozos de nieve y del oficio de nevero a lo largo y ancho del tiempo. Amén de estos trabajos existen muchísimas publicaciones en internet, unas más completas que otras, unas más documentadas que otras… que le otorgan una visibilidad enorme a un patrimonio sorprendentemente aún tan poco conocido en nuestras tierras, al mostrar una multitud de fotografías antiguas y modernas, dibujos y gráficos que ayudan a la comprensión de este extraordinario patrimonio cultural.



Libros sobre neveros y pozos de nieve de distintos lugares de España





UN POCO DE HISTORIA

La historia del aprovechamiento de la nieve como hielo es muy antigua. Ya en el Próximo  Oriente está documentado como los antiguos sumerios la empleaban, aunque su uso no estaba generalizado. En el mundo mediterráneo tanto griegos como romanos la empleaban convenientemente para aplicaciones médicas, como calmar el dolor, bajar la inflamación, cortar hemorragias… así como para enfriar alimentos, especialmente bebidas, particularmente el vino. En lugares tan distantes como la India o China también se ha documentado su uso.

Los musulmanes, especialmente los médicos, la usaron con prolijidad y a ellos se atribuye la invención del sorbete y de distintos tipos de helados y refrescos. Algunos de sus recetarios de medicina en los que empleaban la nieve llegaron a Europa, se tradujeron y con ellos muchos médicos europeos llegaron a escribir tratados de las aplicaciones médicas de la nieve.

A finales de la Edad Media el uso del hielo se introdujo en las cortes europeas, pues entonces era un producto todavía muy caro que solo llegaba al alcance de unos pocos.

En España está documentado su consumo desde muy antiguo, pues en Mérida se conserva un pozo de nieve de época romana así como en algunas villas romanas del Norte de nuestro país. En época medieval se tiene algunas noticias de su uso y consumo pero habría que esperar hasta los siglos XVII y XVIII para su empleo generalizado y mayor acceso de todas las capas sociales. En estos años son muchos los médicos que la recetan, realizando incluso numerosos tratados relacionados con su empleo terapéutico, hoy día una gran fuente de conocimiento sobre este tema en esa época. Son famosos los del médico sevillano Nicolás Monardes (Tratado de la nieve y del beber frío, 1574) o el del médico valenciano -de nombre un tanto particular- Francisco Franco (Tratado de la nieve y del uso de ella, 1569).



Tratado de la Nieve y del uso della, de Francisco Franco


¿Cómo un producto tan poco común y tan complicado de conservar se generalizó en esos siglos? Pues su abundancia en esta época tuvo mucho que ver y ello se debió a un suceso ambiental que los expertos han denominado la Pequeña Edad de Hielo. Se trata de una etapa de frío que abarca desde el siglo XVI al XIX, teniendo sus máximos rigores entre el XVII y el XVIII. En esta época las temperaturas cayeron, muchos ríos se congelaron en determinadas épocas del año, crecieron los glaciares y la cota de nieve bajó considerablemente y se mantuvo durante muchos meses al año. Gracias a esta abrupta bajada de las temperaturas muchas montañas de nuestro país se cubrieron de nieve y surgió su aprovechamiento.



Pintura de época reflejando una fuerte nevada


El origen de la Pequeña Edad del Hielo no está claro. Unos lo atribuyen a los efectos de varias grandes erupciones volcánicas en diferentes puntos del planeta que arrojaron materiales a la atmósfera, creando una película envolvente que provocó que los rayos del Sol no llegaran al ciento por ciento a la Tierra, lo que conllevó a una disminución de las temperaturas. Otros especialistas atribuyen la bajada del mercurio durante esos años a una reducción de la actividad solar, dado que en esos años se tiene constancia de que las manchas solares se redujeron drásticamente… Ya fuese por una cosa o por otra, o por ambas combinadas, el caso es que llegó el frío, la nieve y el oficio de nevero.



LOS POZOS DE NIEVE Y OTROS RECEPTÁCULOS DE NIEVE ARTIFICIALES Y NATURALES EN LA SIERRA DE LAS NIEVES




El puerto de los Ventisqueros con algunos de sus pozos de nieve


En la Sierra de las nieves además de los famosos y conocidos pozos, había otros lugares donde se acopiaba la nieve: simas, como en la Maroma, y cuevas; pucheros, que eran pequeños pozos excavados en el suelo y arrimadizos o arrimaderos, acumulaciones de nieve en superficie apisonada y cubierta por materia vegetal, tierra y esteras. Hubo también pilones o heleras, pequeños depósitos donde se congelaba el agua que una vez transformada en hielo, se introducía en los pozos. Pero este último sistema fue menos empleado.



Puchero



 Arrimadizo


Numerosas fuentes documentales nos hablan de los pozos, del transporte y del sistema de abasto y venta en ciudades como Málaga. También muchos viajeros, botánicos, naturalistas y eruditos que visitaron estos entornos, nos hablan, entre otras muchas cosas, de la actividad de los neveros, de los depósitos o pozos de nieve, de la larga permanencia de la nieve en la Sierra de las Nieves: el erudito rondeño Juan María de Rivera Valenzuela los señala en su obra Diálogos de Memorias Eruditas; el naturalista irlandés William Bowles habla fugazmente de la explotación de la nieve; el viajero inglés Francis Carter, en su obra De Gibraltar a Málaga, también señala la actividad; sin embargo es el botánico valenciano Simón de Rojas Clemente (para muchos el verdadero descubridor del pinsapo) el que ofrece una información extraordinaria de los pozos y la actividad de los neveros en Grazalema y en Sierra de las Nieves. Veamos la parte que nos concierne:

Sierra de Tolox parece es más fría que todas las vistas antes desde Cádiz, así le cae mucha más nieve que a la del Pinar (en Grazalema) y no necesitan los Neveros para recoger la necesaria de amontonarla en manera alguna, pues forma ventiscas en que llega al grueso de 4 y 8 y más varas cuando allí rarísimo año llega a cuatro y en rarísimo paraje, y de tabla (donde no está acumulada por su peso ni por el viento) o entablada hasta más de una vara y dos.

La recogen aquí con parihuelas, que llevan dos hombres, puesta encima una estera. En San Cristóbal en los harapos de las mantas o la cargan al hombro; aquí todo son balsas, que llaman sin embargo pozos. Las hacen en cualquiera parte cerca de las ventiscas, levantando mucho en ellas el montón de nieve que cubren solo con las ramas de pinsapo y tierra encima. Así es que se les derrite mucha cantidad.

El escritor W. Irving, que visitó Yunquera y Ronda, no los menciona, pero años después si deja constancia en Granada sobre la actividad de los neveros; y los naturalistas suizo y alemán respectivamente, E. Boissier y H. M. Willkom. El primero aporta algunos datos y además habla de la actividad en Sierra Tejeda, mientras que el segundo, a pesar de que no hace referencias al oficio, si que nos habla de otras actividades y de las personas que subían a ganarse la vida da la  Sierra, por lo que sus testimonios son fundamentales para entender este espacio tan natural como profundamente humanizado.



De izquierda a derecha: Francis Carter, Simón de Rojas y E. Boissier


Se viene aceptando como fecha más antigua de que se tiene constancia de la explotación de la nieve en la Sierra de las Nieves el testimonio que se refiere a una cacería organizada en el Coto de Doñana en el año 1624, ofrecida por el Duque de Medina Sidonia al monarca Felipe IV, uno de los últimos Austria. Es el poeta antequerano Pedro Espinosa quien recogió la noticia que se encuentra reproducida en innumerables webs, libros y artículos:


Traíanse cada día seis cargas de nieve, de Ronda, en cuarenta y seis acémilas, repartidas en diferentes puestos, con que no paraba la nieve en ninguno.


El rey solía viajar con una corte de chupópteros, gorrones, sinvergüenzas y aprovechados que no hacían más que comer, beber y vivir del cuento. Allá donde iba el monarca, iban ellos, arrasando cual plaga de langosta. El Duque de Medina Sidonia, hombre muy poderoso y acaudalado en la época, para ganarse el favor del monarca debía cubrir estos gastos y otros, por lo que la visita le saldría por un ojo de la cara. Pero, claro, algo buscaría y algo ganaría, pues es bien sabido que estas cacerías de alta alcurnia, como reuniones de empresas y empresarios de la época que eran, tenían unas finalidades que iban más allá de la caza. En la actualidad pasa lo mismo; se reúnen ministros y empresarios en alguna cacería o reunión de empresa y al poco, por arte de birlibirloque, nos suben el precio de la luz un 30%. Pero ¡No nos desviemos del tema! ¡Al final siempre acabo andando por las ramas!

Volviendo a la cuestión del dato más antiguo de la explotación de la nieve en la Sierra de las Nieves, hay varias noticias y referencias anteriores que nos llevan una fecha tan temprana como es el año 1566 (casi sesenta años antes), donde un militar de Ronda con grado de Alférez, Gregorio de Santisteban, ya tenía la concesión de explotación de las nieves del término de Ronda, donde se incluían las de la Sierra de las Nieves. Ello daría lugar a numerosos litigios en años sucesivos con los vecinos de términos como Tolox y Málaga (a través de Yunquera, de la que era propietaria) por el control del acopio y venta de la nieve. Sus descendientes de la famosa familia Mondragón de Ronda continuarían con estos derechos hasta que la misma ciudad de Ronda los consiguió en un momento aún indeterminado del siglo XVII. A partir de esa época los pozos, ventisqueros y simas de la Sierra de las Nieves aparecen en muchos archivos, especialmente en el de Málaga, detalladamente estudiado por el profesor Juan Bardón Garcés.

Este es un extracto del contenido que se recoge en uno de los documentos que componen uno de los pleitos surgidos por la explotación de la nieve y que data de finales del siglo XVI:


El Rey por cuanto habiéndonos hecho relación  por parte de Gregorio de Santisteban, mío Alférez de la ciudad de Ronda, que algunos años acaecía nevar en aquella ciudad y que la nieve que ansí caía ninguna persona la había acostumbrado a guardar y suplicándonos que porque quería edificar algunas casas en que se pudiese conservar para que se aprovechasen de ella en verano los que quisiesen de que se (ilegible) a beneficio a la dicha ciudad y a los demás de la comarca, le diésemos licencia para que él y no otras personas por algún tiempo pudiese guardar la dicha nieve y venderla a la dicha ciudad y su tierra y dos leguas alrededor. Por una mía cédula firmada de mi mano fecha en Madrid a seis de marzo del año pasado de mil y quinientos y sesenta y cinco le dimos la dicha licencia por tiempo y espacio de quince años,  con que si alguna la quisiese guardar y beneficiar para su casa, lo pudiese hacer…

Aquí nos encontramos con la referencia documental más antigua a la explotación de la nieve en la Sierra de las Nieves y, además, la primera referencia a la construcción de infraestructuras para albergarla y conservarla en un momento tan temprano como es la segunda mitad del siglo XVI. En el texto se citan como casas, pero nosotros entendemos que con ese término debía hacerse referencia a los los pozos. Gregorio de Santisteban, en vista de que según él nadie aprovecha comercialmente la nieve, obtiene una licencia de exclusividad que irán renovando sus descendientes y familiares, lo que les enfrentará a los intereses de otros concejos como el de Tolox o el de Málaga y de los que no podemos tratar en la presente entrada por falta de espacio.



Uno de los pozos en el puerto de los Ventisquero, en Yunquera



El mismo nevero en una foto antigua


Estructuralmente podemos decir que los pozos de nieve de la Sierra de las Nieves son unas obras circulares, de unos ocho a diez metros de diámetro (algunos algo más) y unos dos metros de profundidad, ceñidos por un muro compuesto de rocas calizas trabadas en seco, sin argamasa, que se ubican en torno a los 1200 – 1800 m de altitud, orientados al Norte, buscando la zona de menor insolación para no dañar al hielo almacenado, y en laderas con cierta pendiente ya que en la parte inferior, en la base y en uno de los extremos, se les practicaba un orificio para que el agua del deshielo tuviera salida. Esta salida  recibía la denominación de caño. En la pared interior el pozo se instalan una serie de peldaños embutidos en el muro para acceder al interior, a base de rocas de mayores dimensiones. Además de esta rústica escalera, antiguamente también se bajaría con escaleras de madera.



Peldaños interiores en el restaurado pozo de la cañada de los Corrales, pasado el puerto del Saucillo, en Yunquera



Un servidor interpretando el pozo de la cañada de los Corrales, pasado el puerto del Saucillo, en Yunquera


Pero hay que señalar que para ciertos investigadores no estaríamos ante un pozo de nieve, sino ante lo que se denomina ventisquero (de hecho el puerto de los Ventisqueros en Yunquera recibe el nombre por ello), que la investigadora Guadalupe Pizarro define como excavaciones de escasa profundidad, sin cubierta de obra pero protegida por muros, generalmente semicirculares o circulares, de cierta altura. El muro cerraba una vaguada o depresión del terreno y servía para aprovisionarse de nieve sin construir un pozo de almacenamiento propiamente dicho. Este tipo de estructuras se conserva aún en poblaciones de montaña andaluzas como Valdepeñas de Jaén, la Sierra de las Nieves en Málaga, y Sierra Nevada. Los de la Sierra de las Nieves son diferentes a los de la Sierra del Pinar, en Grazalema; a los de Baza, en Granda; a los de la Sierra de Espuña, en Murcia; y otros de distintos lugares de la geografía española que no eran iguales: éstos tienen un perfil tronco-cónico invertido y una profundidad de unos ocho metros, recibiendo una cubierta abovedada o bien de ladrillo o cantería, o bien de tejas, depende de la región geográfica.




Sección de un pozo de nieve con cubierta


A los de Sierra de las Nieves vamos a seguir llamándolos pozos, pues es por el término por el que tradicionalmente los conocemos.




Maqueta de un pozo de nieve en la Torre Vigía de Yunquera


Los pozos de nieve de la Sierra de las Nieves los hay en los términos municipales de Yunquera, Tolox y Ronda. En el término de Yunquera se conservan varios en el puerto de los Ventisqueros y alrededores, al menos seis, mientras que hay otro restaurado en el puerto del Saucillo, en el inicio del sendero que lleva al Torrecilla pasando por el mencionado puerto de los Ventisqueros. En Tolox conocemos al menos dos en el puerto del Oso, uno de ellos de gran tamaño y restaurado. En Ronda había varios en la cañada de las Ánimas y en los Llanos de la Claridad.  



Pozo de nieve del puerto del Oso, en Tolox


Además de los pozos se aprovechaban las simas. En Yunquera las fuentes documentales mencionan dos y en Tolox varias, pero ninguna está debidamente localizada. Sabemos que las simas del Peñón de los Enamorados y de Juan Pato se usaron como neveros, pero no conocemos los nombres que les otorgaban antaño. En ellas se acumulaba la nieve de forma natural y había que bajar a por ella con cuerdas y subirla a base de fuerza. Las fuentes documentales también mencionan alguna cueva para el encierro de nieve, pero no proporcionan ni su nombre ni ningún otro detalle que nos permita localizarla.



Sima de los Enamorados, en Tolox


Antaño hubo aprovechamientos de nieve incluso en el término de El Burgo, pero no tenemos constancia de que hubiera pozos. En su completo estudio el profesor Juan Bardón habla de un arrimadizo que había en el término de El Burgo a finales del siglo XVIII, en el paraje denominado los Pozuelos. Este topónimo tan sospechoso bien pudiera estar haciendo referencia a la pasada existencia de algunos antiguos pozos o de algunos pucheros, aunque no disponemos de suficientes datos como para poder aseverarlo con rotundidad.




Sima de Juan Pato
(Foto cedida por Rafael Flores Domínguez,


Asociados a los pozos de nieve había chozas de materia vegetal, como nos relataba Edmond Boissier en sus memorias, y otras elaboradas con piedra. De las primeros ninguna se ha conservado, de los segundos tenemos constancia de dos: uno en el puerto de los Ventisqueros y otro en las inmediaciones del puerto de los Pilones, en término municipal de Tolox. Se trata de construcciones pequeñas y toscas de muros gruesos realizados con rocas del lugar trabadas a hueso, sin argamasa, como los neveros. Pueden rondar los cinco o seis metros cuadrados y a juzgar por los restos de tejas, tenían una humilde cubierta de teja mora a un agua. Estas pequeñas construcciones eran el humilde refugio del guarda, de la persona que se quedaba a cargo de que no robaran la nieve y que ayudaba a los arrieros a cargarla para el transporte, anotando la cantidad que se llevaba cada arriero.



Chozo de nevero en el puerto de los Pilones, Tolox





EL TRABAJO EN EL POZO DE NIEVE

La labor de encerrar nieve o empozarla no era tarea fácil. Según algunas fuentes orales recabadas a neveros del siglo XX los pozos se llenaban en primavera. Sin embargo la documentación archivística señala que eran los meses de enero y febrero cuando se procedía al llenado de los pozos ¿Qué ha pasado? ¿Ha bailado el calendario? ¿Nos aclaramos o qué? La única explicación que se me ocurre es que la Pequeña Edad del Hielo empezó a desaparecer a partir del siglo XIX, por lo que debió incidir en el régimen de innivación, la elevación de la cota, su mantenimiento en el tiempo… lo que debió repercutir también en el cambio en el momento de recogida.



Trabajadores de la nieve


El trabajo del llenado del pozo era duro y requería de decenas de hombres durante varios días. Si el pozo era más grande, más jornaleros; si había nevado menos, más todavía porque había que desplazarse mucho para recoger nieve… Y no olvidemos dos cosas: la primera, que había que subir andando desde las poblaciones vecinas con bestias cargadas de pertrechos (herramientas, comida, materiales…), pues no había coches que nos acercaran a las inmediaciones de los pozos. En el caso de Yunquera, subir desde el pueblo al puerto de los Ventisqueros era todo un “alpargatazo”. Y después había que encerrar la nieve. Un trabajo duro de narices. A esta circunstancia se añadía la del frío intenso y el azote inmisericorde del gélido viento que acaricia estas montañas. Unas condiciones ambientales muy adversas para las que los neveros tenían unos apaños para la época insuficientes, a base de prendas confeccionadas con pieles de animales que les ofrecía cierta protección, nada en comparación con los preparos que llevamos hoy día los senderistas.



Herramientas de los neveros


En el tajo había un capataz asistido por un manijero que dirigía los trabajos y a los trabajadores, normalmente jornaleros. Inicialmente el fondo del pozo, después de ser debidamente limpiado, debía cubrirse con troncos para que la nieve no entrara en contacto directo con la tierra y evitar así que se acelerara su deshielo. Tras ello un grupo de trabajadores no especializados se dedicaba a recoger la nieve y arrimarla al pozo. Para su transporte usaban capazos y parihuelas con esteras de esparto, según recoge Simón de Rojas. En algunas ocasiones también podía emplearse bestias con serones cargados de nieve y en no pocas se hacían bolas que se llevaban rodando hasta el pozo. Dentro otros trabajadores la comprimían con pisones de madera hasta convertirlas en una sólida masa de hielo; eran los pisoneros, trabajadores más cualificados que debían salir de vez en cuando del pozo para calentarse, porque el frío era insoportable, sepulcral. Seguramente más de uno perdería algún dedo por efecto de la congelación. Hace más frío que en la Rejierta, reza un dicho yunquerano en referencia a uno de los pozos de nieve que tiene este nombre.



Acarreando nieve al pozo


El yunquerano Miguel Macías, uno de los últimos neveros de la Sierra de las Nieves, así lo rememoraba en una entrevista:
Yo estuve allí, en los Ventisqueros. Entonces tendría unos trece o catorce años. Como era uno de los neveros más jóvenes, me tocaba casi siempre portear la nieve endurecida adosándome los témpanos a las espaldas; a veces, para amortiguar la frialdad, me amarraba una colambre (piel curtida de cabra); en otras ocasiones, la acarreaba sin protección alguna…
La nieve estaba cerca del pozo e íbamos los hombres con palas, cortando la nieve. Yo cogía los terrones, echándomelos a la espalda y los echaba al pozo y dentro del pozo había cinco hombres con pisones, aprisionando la nieve.



Apisonando la nieve


Los pisoneros iban comprimiendo la nieve por capas de un grosor determinado (algunos apuntan a 25 cm otros a 50 cm), separadas por materia vegetal, para que no se compactara todo el producto en un solo bloque. Tras llenarlo hasta el borde, se seguía acumulando y comprimiendo la nieve dándole forma semiesférica. Después se cubría con materia vegetal, en muchos casos ramas de pinsapos (no pocos naturalistas a partir del siglo XIX criticaban a los neveros por el daño que ocasionaban a este singular abeto), sobre la que se compactaba y apisonaba con fuerza una capa de tierra. El conjunto se cubría con esteras de esparto que se fijaban con piedras, para resguardar mejor el hielo de las lluvias y tempestades de estos lugares.



Sección de nevero



Arrimadizo


Junto a los pozos solían hacerse arrimadizos, sobre todo los años de más nieve, para aprovechar la mayor cantidad de este recurso. Los arrimadizos eran mucho más vulnerables a las inclemencias meteorológicas, por eso la nieve se conservaba peor.

El trabajo del encierro y empozado de la nieve había terminado y huelga decir que los trabajadores cobraban un jornal que no era para echar cohetes, habida cuenta de las condiciones laborales y de las características de los trabajos.

Ahora había que conservar y vigilar la nieve hasta que la demanda de este producto se materializara, con lo que se abriría el pozo para ir sacando el producto, ya transformada en hielo, para su transporte, distribución y venta.

El siguiente enlace conduce a un vídeo grabado hace un par de décadas donde se recreaba el oficio. De él hemos tomado las imágenes para ilustrar este apartado:






LOS CAMINOS Y DESTINOS DE LA NIEVE

No terminaba el periplo de la nieve en los neveros. Convertida en hielo y cuando llegaba el momento, sobre todo los meses más calurosos, era sacada de los pozos y transportada por los caminos de la Sierra de las Nieves alcanzando distintos destinos en diferentes épocas: Málaga fue una gran consumidora de hielo de la Sierra de las Nieves, pero el producto llegaba también hasta Ronda, Cádiz, Tarifa, Sevilla, Olvera, Antequera e incluso la distante Ceuta.

En estos lugares el hielo se empleaba con fines médicos (reducir inflamaciones y fracturas, calmar el dolor, combatir contagios y epidemias…) así como enfriar bebidas y elaborar helados.

Los caminos que debían seguir los arrieros con sus importantes cargas solían ser bastante malos. En numerosas ocasiones eran los mismos neveros los que se ocupaban de remendarlos. Hoy día son muy transitados por los senderistas y amantes de la naturaleza, ajenos al intenso uso que esos caminos y veredas tuvieron para el transporte de madera, carbón (que incluso llego a abastecer a las distantes ferrerías de Marbella), nieve y otras mercancías.



Camino empedrado hacia el puerto de los Ventisqueros


El hielo, cortado en bloques, se extraía de los pozos y se introducía en los serones de las bestias, que estaban recubiertos de paja cortada (tamo) para conservar mejor el hielo. Era un trabajo de transporte duro que se realizaba por la noche para evitar que las altas temperaturas afectaran demasiado al producto. A las bestias se las cargaba bien a sabiendas de que iban a ir perdiendo peso por el camino.



Recogiendo el hielo


El yunquerano Francisco Sibajas Catarrito, hijo de uno de los últimos arrieros que llevaban la nieve, recordaba una anécdota que le ocurrió a su padre cuando transportaba hielo a Antequera:

Mi padre cargó un borrico con 12 arrobas y cuando llegó a Antequera quedaban ocho. La pesaron y… ocho. El resto lo había perdido por el camino.



El transporte del hielo en bestias


El Ayuntamiento de Málaga, como propietario de la villa de Yunquera y sus sierras hasta 1816, aprovechaba la nieve en beneficio propio. Como la ciudad era una gran consumidora de nieve, la del término de Yunquera se la quedaba para el abasto de los malagueños, no salía a otros destinos, al menos legalmente. Cada año el Ayuntamiento malagueño sacaba a pública subasta la nieve de Yunquera; el postor que hicera la propuesta más ventajosa se quedaba con la explotación de las nieves el tiempo que durara el contrato, donde se recogía una serie de condiciones como el precio, los lugares de venta, la calidad del producto… El abastecedor contrataba a todo el personal, arrieros incluidos, y se ocupaba de que en la ciudad no faltara el hielo en los lugares establecidos como neverías, ni a  los botilleros, ni a los heladeros… A Málaga no le faltaba el hielo en los doce meses del año. El año que nevaba poco o nada, se buscaba en Sierra Tejeda e incluso en Sierra Nevada, en Granada. A partir de 1816, independizada Yunquera de Málaga, las nieves yunqueranas tomarían otros derroteros y otros destinos, no exclusivamente la ciudad del Guadalmedina.

En Ronda el procedimiento era muy similar. El Ayuntamiento subastaba la explotación de la nieve de su término municipal y el concesionario se ocupaba de suministrar a los negocios de la ciudad. Así lo refiere Simón de Rojas Clemente a primeros del siglo XIX:


Ronda tiene estancada la nieve, la pone a pública subasta y saca unos 4.000 reales, a condición de que la han de dar al nevero juntos a los pozos por 15 reales cada carga, siendo de cuenta de este llevársela a su Nevería de Ronda y obligación suya darla al Pueblo a cuarto la libra, a las Comunidades a ochavo y de balde al Corregidor y Alcalde.

El negocio solía ser lucrativo si el año era beneficioso en nieve, pero siempre había contingencias que obligaba a los concesionarios a gastar más dinero de la cuenta (limpieza de los pozos, arreglo de senderos, aumento de las contrataciones…). La verdadera beneficiaria del negocio de la nieve era la Hacienda Real, que tenía sometido este negocio a una presión fiscal muy alta. En algunos momentos del siglo XVIII el 45% de lo que se generaba, se lo quedaba el fisco vía impuestos. De esta forma no es de extrañar que se falsearan cuentas y se vendiera parte de la blanca nieve en el sempiterno mercado negro.

El final de la actividad y del oficio vino por un doble motivo; a mediados del siglo XIX se inventó el frío industrial y rápidamente las fábricas de hielo encontraron acomodo en muchas ciudades, como Málaga. Por otro lado los rigores climáticos de la Pequeña Edad del Hielo empezaron a remitir andado este siglo, con lo que la disponibilidad de producto era menor, procediéndose al abandono de algunos pozos que estaban en cotas muy bajas, como el de Porticati, en Yunquera. Poco a poco el oficio se fue apagando y sus oficiantes, desapareciendo. Que se tenga constancia, fue en 1931 cuando se llenó el último pozo en Yunquera.

Catarrito, como práctico hombre de pueblo resumió estos trascendentales cambios y acontecimientos con la desaparición de un oficio ancestral de la forma más sencilla, de la forma más breve y rotunda:


Un día vino uno con gaseosa y helados... 
y se acabó el ir al ventisquero





OTROS POZOS DE NIEVE EN LA PROVINCIA DE MÁLAGA

En la provincia de Málaga no sólo hay pozos y otros receptáculos artificiales y naturales en la Sierra de las Nieves. Existen otros lugares como la Sierra de Tejeda, la Sierra del Jobo o la Sierra de Líbar donde se conservan numerosos ejemplares de pozos de nieve similares a los ventisqueros de la Sierra de las Nieves.

Los de la Sierra Tejeda fueron visitados por Boissier hacia 1837, que nos dejó esta impagable descripción:

…a solo trescientos pies por debajo del punto culminante; hay allí unas bandas calizas horizontales entrecortadas por grietas y fracturas parecidas a las que se observan en algunos puntos del Jura; se ha aprovechado esta exposición fría y elevada para establecer unos ventisqueros. Son sencillamente unas cavidades circulares de unos diez o doce pies de diámetro y seis de profundidad, en las cuales se almacena la nieve durante el invierno; se cubre después, primero con ramas, después con tierra, y se conserva así todo el verano. Un buen número de ventisqueros estaban dispuestos en los alrededores, unos abandonados, otros llenos o en explotación.




La famosa sima de la Maroma, en la Sierra Tejeda


En la Sierra del Jobo, cerca de Archidona, también había algunos neveros que abastecían a esta población y otras, que durante muchos años fueron explotados por una congregación religiosa hasta que pasó a propiedad del Estado tras los procesos desamortizadores de mediados del siglo XIX. El Diccionario Geográfico Estadístico de Pascual Madoz a mediados de esa centuria recogía:

…se distinguen los nombres de sierra de Jorge, que es la primera por la parte del N., sierra del Jobo, donde existen varios pozos de nieve que pertenecieron al estinguido conv. de míminos de Archidona, y hoy al Estado.





En el Catastro de Ensenada de Benaoján, estudiado y publicado por Manuel Becerra Parra, de mediados del siglo XVIII, se hace referencia a los cuatro pozos de nieve que tenía en propiedad el Marqués:



Catastro de Ensenada de Benaoján


Estos se encontraban en la Sierra de Líbar y entre los escasos restos que quedan de los pozos nos encontramos con una serie de pilas, denominadas popularmente como pilas del Tunio, donde se helaba el agua por las noches para, una vez transformada en hielo, introducirla dentro de los pozos.





En distintos puntos de la geografía de nuestro país podemos encontrar neveros y pozos de nieve como Andalucía (espectacular es el del Castillo de la Mota, en Alcalá la Real) , Extremadura (donde destaca el de Salvatierra de los Barros), las Castillas, todo el Norte peninsular y la zona del Levante mediterráneo, encontramos multitud de restos de esta vieja industria asociada al frío. En la España insular también contamos con este precioso legado patrimonial en islas como Mallorca, donde son famosas las cases de neu, las casas de nieve de la Sierra de Tramuntana y en Canarias, donde son conocidos los pozos de nieve de Izaña (Tenerife), muy similares a los de Sierra de las Nieves, y los de Gran Canaria.

No siendo un patrimonio exclusivo de la Sierra de las Nieves en Málaga, los pozos de nieve de nuestra Sierra, los ventisqueros, son un legado patrimonial sobresaliente, singular y de un valor excepcional.




PROPUESTA DE RECUPERACIÓN Y PUESTA EN VALOR

En este blog se habla mucho del valor de nuestro patrimonio cultural y natural, de su riqueza y grandeza, de su diversidad, de sus potencialidades… pero por lo general no se vienen haciendo propuestas para poner en valor nuestros patrimonios culturales. Habida cuenta de ello y de la importancia no sólo de divulgar los valores culturales de la Sierra de las Nieves y su Entorno, de promover su conocimiento para fomentar su uso sostenible y su conservación, he querido hacer una pequeña propuesta de puesta en valor de los neveros de la Sierra de las Nieves donde se propone una serie de pautas para rescatar y dar a conocer debidamente ese gran patrimonio cultural que son los pozos de nieve y el ya desaparecido oficio de los neveros,  para que lo disfrutemos, lo conservemos y se transforme en un factor más de desarrollo sociocultural y económico de estas tierras.




Chozo de neveros con pozo de nieve a los pies, en los Ventisqueros, Yunquera


En Sierra Nevada existe un camino de los neveros de carácter histórico, etnográfico y además, como no podía ser de otra forma, de enorme interés paisajístico y natural. Numerosos escritores nacionales y extranjeros desde el siglo XIX, como el ya citado W. Irving, recogieron este oficio en Sierra Nevada y dieron a conocer este camino, así como las gentes que lo realizaban. Hoy día es un itinerario de más de veinte kilómetros de duro recorrido marcado por la dirección del Parque Nacional de Sierra Nevada que tiene usos lúdicos y senderistas, turísticos y culturales, ambientales... A lo que hay que añadir diferentes publicaciones, artículos, estudios y libros realizados por distintas personas e instituciones que potencian el conocimiento de este singular sendero y contribuyen a ponerlo en valor. Uno de sus recursos culturales más señeros como es el antiguo camino de los neveros, porque Sierra Nevada tiene un patrimonio cultural -además de natural- extraordinario, ha sido puesto en valor, se ha rescatado, se ha convertido en un elemento de desarrollo y dinamización que se ha sumado a los ingentes valores naturales de este espacio natural protegido.

En nuestra Sierra de las Nieves se puede implementar una puesta en valor de carácter muy similar. De hecho sería más que necesario para la conservación y el mejor conocimiento de los neveros, últimos vestigios éstos de un oficio ya perdido y de una honda tradición de los que ya no nos quedan oficiantes, pues los últimos neveros, los últimos jornaleros de la nieve, murieron hace ya largas décadas.

La propuesta que se expone a continuación no es ni la mejor ni la peor. Es, simple y llanamente, una propuesta de puesta en valor que se puede enriquecer, completar, corregir… y en la que debería trabajar un equipo multidisciplinar de historiadores, antropólogos, informáticos, biólogos, técnicos de medio ambiente, intérpretes y divulgadores del patrimonio, ingenieros… Ahí va:

1º  Lo primero que habría que hacer es proceder a la localización de todos los pozos de nieve y simas conocidos tanto en el terreno como en las fuentes documentales, en los archivos, elaborando una ficha individual con sus coordenadas, estado de conservación, dimensiones, descripción… Muchos de los pozos tienen sus nombres propios, como se ha señalado y como ha puesto de relevancia el profesor Bardón, por lo que habría que tratar de identificarlos a pesar de que sabemos que sería una labor harto difícil. Igualmente habría que  localizar y/o identificar todas las infraestructuras asociadas a la explotación de la nieve como chozos, veredas, viejos caminos empedrados o no, senderos...

Huelga decir que ya ha habido algunas actividades en este sentido. La Mancomunidad de Municipios de la Sierra de las Nieves, hace ya algunos años, acometió un proyecto de identificación y catalogación de los pozos de nieve.


Nota de prensa sobre las actuaciones de la Mancomunidad de 
Municipios Sierra de las Nieves y su Entorno
(Foto cedida por la Mancomunidad Sierra de las Nieves)


2º  Paralelamente habría que realizar un trabajo de carácter documental por los pueblos del entorno para recuperar fotografías antiguas, si las hubiera, viejos testimonios, recuerdos, la memoria de los neveros con entrevistas a los descendientes, la recuperación de entrevistas antiguas -que las hay-, el conocimiento del oficio, el rescate de los viejos aperos y herramientas de trabajo… Igualmente habría que tratar de localizar toda la documentación archivística y documental que se conserva en distintos archivos, la cual es abundante e importante, junto con la bibliografía y los artículos publicados sobre este tema en este ámbito.

3º  Una vez identificados los neveros y los chozos, habría que proceder a la limpieza y consolidación-restauración de los mismos. No habría que tocar ni uno sólo si no se cuenta con la financiación para la limpieza y consolidación ya que si sólo se procede a la limpieza y no se consolida la obra rescatada, se puede deteriorar más rápidamente. Esta labor, aunque debería ser realizada por personal técnico, también debería incluir voluntarios de colegios, institutos y vecinos de la zona para hacer propia, suya, la labor de recuperación de su patrimonio y de su memoria, para formar parte activa de la recuperación de su legado cultural.

Hay que señalar que la Red de Voluntariado del Parque Natural de la Sierra delas Nieves ya ha llevado a cabo algunas labores de limpieza y consolidación de los neveros del puerto de los Ventisqueros y de su choza, entre otras muchas dentro del Parque Natural.



Limpieza y recuperación de neveros en el puerto de los Ventisqueros, Yunquera
(Foto cedida por el Parque Natural Sierra de las Nieves)



El estado de conservación en el que se encuentran los pozos 
de nieve actualmente no es el más deseable


4º Seguidamente habría que elaborar una serie de contenidos interpretativos en los que se incluyeran textos, fotografías, reconstrucciones digitales y vídeos para introducir en pequeños paneles interpretativos que no dañaran visualmente el paisaje y que incorporaran códigos QR para ampliar la información que se quiere proporcionar. No sólo de los pozos, sino también de los hitos relacionados con los neveros como los senderos y los chozos. El objetivo primordial sería crear y darle contenido a una ruta de los neveros o un sendero de los ventisqueros de la Sierra de las Nieves.




Panel interpretativo en el pozo de nieve del puerto del Saucillo, en Yunquera


5º  Paralelamente habría que dar trámite a la inscripción como BIC (Bien de Interés Cultural) en la Consejería de Cultura, de los neveros y sus infraestructuras complementarias, dado el valor patrimonial que tienen y su notable singularidad. La declaración como BIC, además de otorgarle el mayor grado de catalogación y protección por su carácter de patrimonio cultural singular, garantizaría su conservación y preservación.




Otro de los neveros del puerto de los Ventisqueros, Yunquera


6º Habría que elaborar una exposición itinerante donde se muestre la historia de este oficio y sus valores etnoculturales, las personas que lo desarrollaron, los valores culturales de los paisajes donde residen los pozos de nieve y el proceso de restauración-consolidación. Esta exposición debería visitar cada pueblo y exponerse incluso en algunos lugares de Málaga, dada su estrecha relación con este tema en una determinada época. Esta exposición itinerante finalmente tendría que hallar un espacio fijo en alguno de los centros interpretativos de los pueblos, priorizando Yunquera y/o Tolox por su secular vinculación con el oficio.

7º Existen multitud de publicaciones y libros sobre los pozos de nieve y los neveros en distintas regiones de nuestro país, algunos se editaron tempranamente dado el interés que este tema despertaba y despierta en multitud de puntos de nuestra diversa y accidentada geografía. En Andalucía, entre las publicaciones y artículos más recientes sobre esta temática publicados en distintos medios, destaca el libro Los neveros de Sierra Nevada. Historia, industria y tradición, de Manuel Titos Martínez. La Sierra de las Nieves, visto el trascendental legado patrimonial y cultural que atesora en referencia a su patrimonio cultural nevero como brevemente hemos podido ver en esta entrada, necesita perentoriamente un estudio monográfico donde se recoja la historia, el patrimonio y los valores de los neveros, tanto de los pozos de nieve como de las persona que ejercieron el oficio ya extinto. Por tanto otra de las actuaciones que debería llevarse a cabo sin más demora es la realización de un libro sobre los neveros y los pozos de nieve en la Sierra de las Nieves.




Dibujo de un nevero


En este sentido se recuerda lo que se señaló al principio de este post,  que lo brevemente expuesto en esta entrada es un avance de un trabajo mucho más amplio que estoy preparando.

8º En la Sierra de las Nieves existen varias placas o monumentos que homenajean y reconocen la labor de distintas personas ligadas a la conservación, salvaguarda y protección e investigación en este espacio natural protegido. Se trata de personajes públicos y conocidos -también algunos anónimos que dieron su vida por ella- gracias a cuyos trabajos y estudios así como a las actuaciones de conservación llevadas a cabo, se han dado los pasos convenientes para dotar de una protección adecuada a este singular espacio natural y de preservar sus fabulosos valores naturales para que los podamos disfrutar hoy día. Sin embargo no han sido las únicas personas que han contribuido a hacer esta Sierra, porque durante cientos o miles de años otras muchas personas trabajaron y ayudaron a dar forma y memoria a este extraordinario lugar mediante el desempeño de numerosos oficios y ocupaciones motivados por la búsqueda del sustento diario. La huella cultural del ser humano en estos parajes es enorme. Sería la hostia, no, ¡LA PUTA HOSTIA!, poder inaugurar un monumento dedicado a los neveros, a los hombres de la nieve pues a su oficio, entre otras cosas, le debe el nombre este extraordinario espacio montañoso. Monumento dedicado a los neveros, decía, y por extensión a aquellas personas, hombres y mujeres anónimos, que también se ganaron la vida en estos lares: carboneros, arrieros, ganaderos, agricultores… Y, ya de paso, que alguno de los pueblos afectados diera nombre a alguna calle o plaza con referencia a este oficio o a las personas que lo desempeñaron, también sería un precioso gesto y un orgulloso homenaje a su gente, a su memoria y a sus raíces históricas… 





Dibujo del yunquerano Miguel Merchán


9º El Parque Natural y/o el deseado futuro Parque Nacional debería incorporar en su logo o imagen de marca algún elemento que hiciera referencia a esta actividad para poner de manifiesto la singularidad de la Sierra de las Nieves entorno al oficio de nevero y, a la vez, poner de relevancia la trascendencia de la figura humana en este espacio natural protegido a través de los numerosos viejos oficios que desarrollaba.


CONCLUSIONES

El Parque Natural Sierra de las Nieves atesora, además de un importante patrimonio natural, un fabuloso legado cultural, una extraordinaria historia que todavía está por descubrir, por dar a conocer, por disfrutar. Estos paisajes tan desoladoramente bellos poseen un intenso grado de humanización. No puede entenderse este espacio natural protegido sin la presencia del ser humano desde hace milenios, puesto que en gran medida ha sido él el creador, el modelador de estos paisajes que ahora disfrutamos y el que le ha dotado de memoria, de su memoria. Más que de un espacio natural podríamos hablar de un espacio cultural.

Los neveros no son, por tanto, los únicos patrimonios culturales que existen en el Parque Natural Sierra de las Nieves, pero tienen una importancia capital pues ha sido su actividad la que le ha dado nombre a esta Sierra. además de los pozos de nieve hay multitud de corrales que en muchas ocasiones aprovechan abrigos naturales que nos hablan de un pasado reciente donde la actividad ganadera tenía una notable importancia; existen muchas cuevas que han podido tener usos humanos desde la prehistoria; afloran fuentes y manantiales que dieron de beber al ganado, veredas y viejos senderos recorrido por arrieros, carboneros, viajeros…, pequeñas chozas que dieron un humilde cobijo a los trabajadores de estas sierras; restos de terrazas y bancales de antiguos viñedos que proporcionaban uvas frescas, pasas y vino mosto de los que da cuenta, entre otros, Edmond Boissier; viejas eras en desuso desde hace muchísimos años entre los pinsapos, donde se aventaba el cereal… tenemos testimonios y documentos sobre grupos de monfíes, bandidos y marginados moriscos, que deambulaban por estas sierras hasta los años finales del siglo XVI, de bandoleros, de guerrilleros españoles que combatían a los invasores franceses, de naturalistas y botánicos interesados por la ciencia y los misterios que albergaban esta Sierra, de partidas de maquis incansable y continuamente perseguidos por la Guardia Civil… y en la actualidad de botánicos y estudiosos del medio ambiente, de senderistas, de espeleólogos, de agentes forestales, de amantes de la naturaleza y la montaña… que nos hablan de la relación del ser humano con estas tierras desde hace miles de años hasta el momento presente.
Por otro lado, el fin del oficio de nevero, aunque haya transcurrido casi un siglo, nos da que pensar… El oficio, los saberes, las técnicas, los conocimientos, la memoria de las personas que desempeñaron los trabajos… en una pequeña parte quedaron fosilizados en el tiempo tras el fin de la actividad y la desaparición por imperativo biológico de los últimos neveros, de los últimos hombres de la nieve. En la actualidad ocurre lo mismo con muchos antiguos oficios: ya no se practican por su baja rentabilidad y porque la mayoría de los oficiantes han fallecido. Carboneros, esparteros, palmeros, canasteros, artesanos… son o eran depositarios de unos conocimientos milenarios que se van a perder de aquí a unos años si no ponemos ningún remedio.




Antiguos oficios 


Estos hombres y mujeres, en el desempeño de unas actividades milenarias, habían modelado unos paisajes agro-culturales fuertemente antropizados, que son los que hoy disfrutamos en la Reserva de la Biosfera de la Sierra de las Nieves. Dentro de unos años esta Sierra va a ser cultural y patrimonialmente más pobre si no actuamos. No podemos ser testigos pasivos ante esta pérdida de identidad cultural. Ya no.




La Sierra de las Nieves y sus múltiples paisajes modelados por el Ser Humano





Agradecimientos

Me gustaría agradecer a una serie de personas e instituciones que me han proporcionado información documental o gráfica así como indicaciones, sugerencias y ayuda para componer esta entrada así como el trabajo más extenso que sobre los pozos de nieve y el oficio de nevero estoy realizando. A Rafael Romero, del Ayuntamiento de Yunquera, por ponerme en contacto con personas conocedoras del oficio de nevero en Yunquera; a la Dirección del Parque Natural Sierra de las Nieves en las personas de Rafael Haro, su Director-Conservador, y Juan José Jiménez, técnico de Medio Ambiente, por haberme facilitado imágenes y fotografías; a la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de las Nieves y su Entorno en la persona de su gerente, Tomás Rueda Gaona, por haberme permitido consultar el Inventario y Catalogación de Pozos de Nieve P. N. Sierra de las Nieves; a los investigadores Esteban López García y Francisco Marmolejo Cantos, por proporcionarme datos y fundamentales referencias documentales; a José Manuel Dorado Rueda, de Editorial La Serranía, por ponerme en contacto con algunas personas muy conocedoras del tema; a las investigadoras Pilar Delgado Blasco y Pilar Ordóñez Vergara por darme acceso a su trabajo inédito Memoria del Inventario de Patrimonio de la Meseta de Ronda y Propuesta de Plan de Gestión del Patrimonio, que me ha sido de gran utilidad; a José Antonio Díaz, de Granada Natural, y José Antonio Madrid Callejas, del blog Sierra Nevadensis, por sus apreciaciones sobre el oficio de los neveros en Sierra Nevada. A Rafael Flores Domínguez, de RFNatura. Turismo y Naturaleza, gran conocedor y amante de la Sierra de las Nieves y autor de numerosos libros y artículos sobre este espacio natural, por sus imprescindibles indicaciones en la localización de algunos pozos de nieve y los contactos proporcionados; Al profesor Juan Bardón Garcés, por compartir conmigo sus conocimientos y por proporcionarme toda la bibliografía y documentación que le he solicitado; A Manuel Becerra Parra, de Ediciones Pinsapar, otro de los enamorados incondicionales de la Sierra de las Nieves y de otros espacios naturales de Andalucía y España en los que siempre deja una indeleble huella, por sus indicaciones sobre los neveros de la Sierra de Líbar y Grazalema, por compartir conmigo los documentos que pacientemente ha ido rescatando del Archivo Municipal de Ronda y por sus sugerencias e indicaciones para llevar a cabo esta publicación.


A todos ellos, muchas gracias. 


©  Diego Javier Sánchez Guerra