martes, 5 de septiembre de 2017

URBANISMO Y ARQUITECTURA POPULAR EN LA SIERRA DE LAS NIEVES. UN PATRIMONIO DESCONOCIDO


El patrimonio cultural de la comarca de la Sierra de las Nieves es tan abundante y diverso como desconocido, motivo por lo cual es poco valorado y apreciado. Al menos esa es mi percepción, aunque es cierto que hay personas que lo conocen, que lo aprecian y que lo dan a conocer o que lo comparten, pero por desgracia no son muchas. 

Esa situación es lamentable porque ese patrimonio cultural, del que tenemos legados ya desde tiempos prehistóricos, supone un enorme recurso para el desarrollo socioeconómico y cultural de esta comarca en la que todavía subyace una fuerte impronta rural.






Pues esta entrada versa sobre uno de esos patrimonios culturales menos conocidos y menos valorados: su urbanismo y su arquitectura popular. Pero no lo vamos a dar a conocer a través de un post, como viene siendo lo normal en este blog, sino a través de un libro: URBANISMO Y ARQUITECTURA POPULAR EN LA SIERRA DE LAS NIEVES. UN PATRIMONIO DESCONOCIDO, que se puede descargar en los siguientes enlaces de forma directa y gratuita.


Y es que hace ya algún tiempo redacté un artículo sobre la arquitectura tradicional en la Sierra de las Nieves como encargo para una publicación periódica que versaba sobre patrimonio cultural y legado histórico, pero por circunstancias adversas la publicación quedó detenida y no fue posible ver el trabajo impreso.


Poco después decidí ampliar ese  trabajo dotándolo de una amplia introducción, profundizando en los apartados, sumándole algunos capítulos y añadiéndole más imágenes para darle formato de libro con la esperanza de poder verlo publicado a papel. Pero la búsqueda de una editorial que haya mostrado interés por este estudio ha resultado tristemente infructuosa, pues desgraciadamente no es un tema que suela llamar la atención del público en general.


Tampoco ha sido posible encontrar el compromiso de ninguna institución pública, por más que se ha buscado, que apostara por editarlo, imprimirlo y distribuirlo entre la población serrana en estos tiempos de recortes.



Dado que no he podido sacar este libro en papel he preferido subirlo a la red para compartirlo libremente con todas las personas que puedan estar interesadas en conocer el importante legado patrimonial que reside en el urbanismo y en la arquitectura tradicional de la comarca de la Sierra de las Nieves y con ello, desvelar un poco más su nada desdeñable legado cultural. Ese es el objeto primordial del libro, difundir y dar a conocer en tono divulgativo ese legado patrimonial tan desconocido.

No es la primera vez (y sospecho que no será la última) que me veo en estas circunstancias, pero después de tantos esfuerzos, de tantos meses de trabajo y dedicación leyendo, documentándome, visitando los pueblos (¡y disfrutándolos!); de interminables días, tardes y noches sentado frente al ordenador tecleando, unos días más inspirados que otros… después de tanto trabajo e ilusión, no puedo dejar que este libro se marchite en algún porfiado rincón del disco duro de mi ordenador. 




URBANISMO Y ARQUITECTURA POPULAR EN LA SIERRA DE LAS NIEVES. UN PATRIMONIO DESCONOCIDO, se articula en varios capítulos: el primero ocupa una necesaria, aunque quizás larga, introducción geo-histórica sobre el territorio en el que se acomoda la comarca de la Sierra de las Nieves al objeto de entender el contexto en el que nacen y se desarrollan los pueblos. En el segundo capítulo abordamos el origen y las formas del urbanismo serrano así como los elementos que lo componen (el viario y el entramado urbano, las edificiaciones públicas y religiosas, las fortalezas...). El tercer capítulo está dedicado exclusivamente a las viviendas, a los materiales con los que se realizaban, los elementos decorativos y ornamentales (llamadores, vierteaguas, rejas...), las tiplogías de las casas En el cuarto capítulo se recoge una serie de conclusiones y propuestas encaminadas a la salvaguarda y promoción del patrimonio arquitectónico tradicional de la Sierra de las Nieves, pues es un legado cultural muy vulnerable y de no actuar en su favor podemos perderlo con el paso de no muchos años. Para finalizar, en el último capítulo se recoge una serie de libros y artículos para que aquellas personas más interesadas en este tema tengan material en el que sumergirse.


Huelga decir que este trabajo sólo se ciñe a la arquitectura popular de los cascos urbanos de los pueblos de la Sierra de las Nieves, por lo que no trata del importántisimo patrimonio arquitectónico del ámbito rural como lagares, cortijos, molinos hidráulicos y batanes, casas de campo y otras muchas construcciones. Abarcar ese ámbito tan amplio, tan extenso y tan sumamente diverso hubiera exigido de muchísimo más tiempo y de muchísimos más recursos quedando, por tanto, como una asignatura pendiente que habría de abordarse en el futuro.









Espero que lo disfrutes y que lo compartas.


© Diego Javier Sánchez Guerra

viernes, 26 de mayo de 2017

PASEOS Y REFLEXIONES POR LA MEMORIA Y LA HISTORIA DE LAS ERAS DE MONDA




Para esta entrada he contado con la invaluable colaboración del vecino de Monda Juan Liñán, persona que sobrepasa holgadamente las ocho décadas y que tiene una memoria prodigiosa. Desde que era prácticamente un chiquillo Juan ha dedicado toda su vida al cuidado del campo y a muy diversas tareas agrícolas. Por sus manos han pasado innumerables fanegas de trigo, incontables tareas de aceitunas y ha recogido y descapotado más almendras que estrellas hay en el cielo. Con sus inestimables testimonios ha contribuido a rescatar parte de la historia de uno de nuestros antiguos cultivos como es el cereal, ya prácticamente perdido, y de las huellas que éste ha dejado en el paisaje y en el paisanaje rural de nuestro pueblo, como son las eras, los molinos hidráulicos, las técnicas agrícolas, el lenguaje de uso tradicional asociado a las labores de cultivo, la siega y trillado del cereal así como a otros patrimonios orales tales como las coplas de era, tesoros inmateriales mondeños más al borde de la extinción que el tigre de Bengala ¡¡¡Muchas gracias, Juan Liñán, por compartir tus conocimientos y saberes, tus recuerdos y tu memoria!!!



Juan Liñán en actitud de pose fotográfica



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Me gusta pasear por Monda  -¡¿A quién no?!-, por sus calles y rincones saludando a los vecinos, cruzar la carretera bajo el  Puente, en calle Olivo, y contemplar el pueblo desde el mirador de calle Peragüera, un excelente otero para disfrutar tranquilamente de los atardeceres que nos ha regalado la naturaleza. O recrearme en algunos floridos y fragantes balcones que algunas de nuestras vecinas cuidan con denuedo y que ayudan a embellecer nuestro pueblo. Subir a la cruz de Caravaca, a la de la Sierra y quedarme con las ganas de hacer lo propio con la cruz del Agua, en la que no he estado nunca ¡Pues su acceso se encuentra incomprensiblemente cerrado! Acercarme al lavadero de la Jaula y a las demás fuentes del pueblo, cargadas de recuerdos y de vivencias y que la música del agua me traiga viejos recuerdos. Bajar a la plaza, siempre tan animada y concurrida, a rebosar de vida en verano, más tranquila y apagada en invierno. Subir a las faldas del castillo para contemplar Monda y la Vega hasta que va difuminándose en el horizonte malagueño, desde un punto elevado y cargado de historia imaginando tiempos pasados, cuando hace siglos era una fortaleza importante con torres y murallas inexpugnables, pero también recordando tiempos más recientes, como cuando de pequeño iba con mi abuelo al solar que tenía bajo el castillo a pasar la tarde o echarle una manilla con las papas, los tomates, las alcachofas, los naranjos y otros cultivos… Era un huerto donde tenía una cuadra para la mula Sevillana y una pequeña granja para guardar herramientas, sacos y utillaje agrícola donde campaban los ratones, junto a un limonero, un enorme limonero… aquel lugar de mi infancia era lo más parecido a un huerto claro donde madura el limonero… Parece que todavía estoy viendo a mi abuelo rejuvenecer el filo de su vieja navaja en la piedra de afilar para reestrenarla en el pescuezo de algún pollo o de alguna gallina…

Pero una de las visitas que especialmente me gusta realizar es la del  Calvario y sus eras. Es éste un lugar con una historia trascendental donde reside un patrimonio cultural incalculable, imponderable, incuantificable y no tan suficientemente valorado por los mondeños… Lo primero de lo que nos damos cuenta cuando llegamos a este lugar es que desde el Calvario se tiene unas amplísimas vistas del entorno: se puede divisar todo el paraje de la Vega, tachonada con algunos centenarios olivos, lugar por donde se escapa el antiguo y mutilado camino romano buscando la tres veces milenaria ciudad de Málaga; al fondo se pierden las socarradas lomas de Rozuelas, antaño sembradas de vides, después de almendros y olivos y ahora de viviendas, los plantíos del siglo XXI… donde aparecen algunos afloramientos de peridotitas, una roca de extraordinario valor geológico la que ya hemos hablado en este blog; hacia el Norte nos saludan el Chaparral y los Cantosales, el llano del Concejo y la Sierra de las Nieves en el fondo se suele desdibujar bajo una tenue neblina o verse cubierta de un colosal sombrerete de nubes; hacia el Oeste divisamos Monda que con su inconfundible castillo de la Villeta, viejo testigo del paso de los años por nuestras tierras, ofrece un singular perfil de nuestro pueblo; hacia el Este podemos ver como verdean los pinares de Cerro Gordo y más cerca, la Torrecilla, a cuyos pies acertamos a atisbar las huertas y la alberca del Curita, donde muchos chiquillos nos hemos refrescado en verano y donde había que salir pitando cuando venía el dueño, con toda razón, a reñirnos ¡Más de uno hubo de correr descalzo, completamente desnudo y con la ropa en la mano! Y es que eran otros tiempos ¡Hostias!

Toda persona que llega por primera vez a este emplazamiento se queda impresionada por la magia que desprende este lugar. Además del paisaje el viajero repara inmediatamente en  el enorme altar-Calvario que restalla en blancura y violentos contraluces presidiendo la escena. Se trata de una construcción de carácter religioso que se remonta al siglo XVIII -casi 300 años de historia nos contemplan-, ejecutada magistralmente con ladrillo de barro cocido, enlucida y encalada, con dos nichos y rematada por tres cruces, la central más alta, como trasunto del monte Calvario o Gólgota, donde Jesucristo sufrió sus últimos momentos con el tormento de la cruz. A sus pies se extiende una gran era cuidadosamente empedrada y excelentemente ejecutada en cuyo centro podemos ver su fecha de construcción, 1891, trazada con cantos rodados.



Era y Calvario




1891

La única sorpresa de los visitantes, muy desagradable, por cierto, la provoca la distorsión de tan bello lugar por varias torretas de suministro eléctrico cuyo cableado gravita por encima del conjunto y enmaraña las vistas a su entorno inmediato, afeando considerablemente el espacio. Además, los restos de materiales de construcción y obras, los contenedores y otros objetos que desorganizadamente se desparraman junto a ella junto con las basuras que se esparcen alrededor, tampoco contribuyen a la belleza del conjunto ni a propiciar una buena imagen de este lugar en toda aquella persona que lo visita… ¡No tenemos arreglo!










La era del Calvario desde las eras que tiene enfrente y desde  
el monumento religioso.  Alrededor, cableado eléctrico, contenedores, escombros y materialesde construcción apilados

Centrándonos en la gran era del Calvario cabría decir que es un lugar polisémico, cargado de significados, de sentidos y de memorias. No ha sido sólo un espacio de trabajo donde se ha trillado y venteado el cereal y algunas leguminosas, como los garbanzos, también ha sido y sigue siendo un sitio con un fuerte carácter religioso, especialmente durante la Semana Santa, así como un lugar de encuentro donde jóvenes y mayores pasan la tarde en determinadas épocas del año.

Es posible que antes de esta era hubiera otra más antigua, porque es un lugar muy apropiado para aventar el cereal, además, algunos testimonios documentales del siglo XVI así parecen indicarlo. Su construcción, como se ha señalado, se produjo a finales del siglo XIX. Para ello hubo de acondicionarse el espacio, allanarse debidamente y calzarse o reforzarse por aquellos lugares que hiciera falta por lo que alrededor de la era, en ciertas partes, podemos observar restos de muros de contención elaborados a base de una sencilla mampostería en la que se emplea roca del lugar sin argamasa -trabada a hueso- o con una argamasa muy pobre en cal. De esta manera la nueva era podía ganar mucha más amplitud.



Detalle de muro de contención en una era situada en una ladera


El pavimento, delicada y estudiadamente ejecutado pues es de una planitud casi matemática, se realizó a base de cantos rodados procedentes de cursos fluviales próximos, como el arroyo Alcazarín. Muchos se preguntarán que por qué se emplean cantos de río; la respuesta es sencilla, de esta manera era mucho más fácil y eficiente trillar el cereal o las legumbres que posteriormente se aventaban y, además, no recibían la humedad del suelo ni otras impurezas. Sin embargo no todas las eras se realizaban con cantos rodados, según las regiones y las disponibilidades de materias primas, del tipo de terreno, de la geología… hay lugares donde sólo se apisonaba bien el suelo y otras zonas donde en lugar de cantos, se empleaban losas de pizarra, como ocurre en las Alpujarras o en la Sierra de las Nieves con la era de los Gamones, que es de losas de calizas, por ser los materiales más abundantes en los entornos.




 La era de los Gamones, antes y después de la restauración 



Aunque no se perciba a simple vista esta era, al igual que otras, se encuentra levemente basculada hacia un lado y el motivo es la lluvia; inclinar la superficie hacia un lado garantiza que cuando llueva no se formen charcos sobre ella.

Su límite con el monumento del Calvario lo marca un pequeño realce de pavimento empedrado a los pies del altar definido por rocas de mayor tamaño. En los ángulos podemos observar unos huecos que en el pasado, posiblemente, sirvieran para sostener unos faroles, algunas antorchas o algunas cruces.

Esta era ésta tiene un radio de unos 9 metros, lo que le profiere un área aproximada de 255 metros cuadrados y unos 56 metros de circunferencia. Los cantos con los que se componen tienen un tamaño más o menos regular y no se disponen aleatoriamente sino que se organizan desde el centro de la era hacia el exterior. En este lugar hay un círculo pétreo de casi un metro de diámetro donde, como se ha señalado, se encuentra la fecha de construcción. Desde este punto parten una serie de radios que dividen en algo más de cuarenta porciones la superficie de la era, como si de una caja de quesitos se tratara. En nuestro caso ésta y otras eras son circulares, pero no siempre sucede así; en la población vecina de El Burgo tenemos una bella era rectangular junto al río Turón.


La era del Calvario en una imagen aérea
 

Junto a la era del Calvario se encuentran otras de tamaño algo menor; unas más próximas y otras más alejadas. Por debajo de ella, hacia la carretera de Coín, hay una era  construida en una ladera rodeada por un olivar y no sobre un cerrete, que conserva en una pared semicircular hecha a base de rocas del lugar un pequeño hueco, un pequeño nicho cuya finalidad era la de fresquera; ahí se depositaban los alimentos y la bebida, como el agua o el aguardiente, para que estuvieran frescos.  Según recuerda Juan esta era recibe el nombre de Morito. Pasada la carretera hay otra pequeña era afectada por los movimientos de tierra cercanos y relacionados con la urbanización de la zona que se encuentra en un mal estado de conservación y casi pasa inadvertida a la vista. Tenemos que echar mano nuevamente de la memoria de Juan, que recuerda que había tres eras, no una, y se llamaban las eras del Berraco. La urbanización y construcciones de la zona han destruido las otras dos. En las fotografías aéreas de los años cincuenta de la pasada centuria podemos ver muy claramente el conjunto de estas tres construcciones.



La era de Morito




Detalle de la fresquera de la era de Morito


Alrededor de la Escuela de Educación Infantil “Monda” hay otras tres; dos pequeñas, una junto a la otra, por debajo de la mencionada Escuela y más arriba del Calvario, tras unas viviendas, que presentan un buen estado de conservación y en las que se puede apreciar cómo se realizaron paredones para su soporte pues se ubicaban en una zona un poco inclinada. Se trata de las eras de Mestre. Una tercera era algo más grande y un tanto deteriorada por el paso de vehículos, maquinaria pesada… se  sitúa por encima de la escuela infantil, junto al camino de Alpujata, y posee unas preciosas vistas al pueblo, al castillo y a las sierras. Es un excelente mirador paisajístico natural, un lugar desde donde se puede disfrutar de bellos atardeceres. Se trata de la era de las Siete Ollas, como nos señala Juan Liñán. Su nombre, según nos cuenta este veterano mondeño, se debe a que era un lugar donde llegaba el aire con más dificultad y se tardaba más en trillar y aventar, por lo que había que echar más días, más ollas.



La era de las Siete Ollas con Monda al fondo


Punto central de la era de las Siete Ollas


Ya en la Vega, entre la carretera antigua de Coín y el carril que conduce a Rozuelas, sobre una pequeña elevación del terreno, hay otra pequeña era empedrada muy bien conservada que suele pasar desapercibida a la vista, se trata de la era de la Guerra, cuyo nombre nos vuelve a recordar Juan Liñán con total nitidez.



La era de la Guerra



Las eras en el entorno del Calvario


En el paraje del Tejar había varias eras. Estaban la era de Randero, junto al camino de la cuesta de las Herreras, que fue destruida para edificar una casa y donde tuvo lugar un triste acontecimiento. Cerca del cauce del Tejar, en su margen izquierda, hay otra, la era de Talanca. Más lejos, en el paraje de Guájar, tenemos otras dos pequeñas eras. Una de ellas, según recuerda Juan, era la era de Parrilla.



Las eras en el entorno del arroyo del Tejar


Las eras de Monda son muy antiguas; en el Libro de Apeos, documento del siglo XVI, aparecen mencionadas en cantidad considerable. Este documento, como ya he señalado en otras entradas, lo estudió y lo publicó junto con las primeras ordenanzas de la villa de Monda, José  Antonio Urbano Pérez y lo podemos consultar en su libro La villa de Monda en el siglo XVI. Apeos y primeras ordenanzas. En el apeo que se hizo de las propiedades del cristiano viejo y escribano público de profesión, Bonifacio Villalobos, se hablaba de:

Un pedazo de tierra del susodicho que sirbe de heras y de tierra de pan (tierra de cereal panificable) junto con la dicha era que alinda con otra hera de Bartolomé Arruro y con hera de Luis Haicor y con el camino que ba a Alpuxaja y tiene en la dicha hera un moral a la parte de arriba y no más…

Posiblemente este testimonio se refiera a algunas de las eras que  hemos descrito y que se encuentran en el entorno del Calvario. Éstas pueden ser muy antiguas y con el tiempo habérsele hecho arreglos y reparaciones para alargar su vida útil hasta ser reestructuradas a finales del XIX y/o principios del XX. Lo más probable es que originariamente fueran terrizas. Estamos hablando de casi medio milenio de  uso ininterrumpidos; las semillas con las que se elaboraba la harina de todo el pan que se amasaba y se cocía en Monda durante casi cinco siglos y alimentaron a decenas de generaciones de mondeños, besaron las eras del Calvario antes de que las caricias del viento las separaran de la paja para después recibir el demoledor abrazo de las piedras de molturación de los molinos harineros.

Las del Calvario fueron en el pasado muy importantes para la economía y la sociedad mondeñas. Tanto es así que con el tiempo renombraron una de las calles más populosas de nuestro municipio que antaño llegó a tener su propia verbena y que fue rebautizada como calle Erillas, aunque popularmente todos pronunciemos La Cerilla. Ello tuvo lugar en un momento posterior al año 1.894 porque anteriormente la calle Erillas se llamaba calle Misericordia, tal y como aseveran los planos y callejeros antiguos. 



 Plano de finales del siglo XIX donde podemos observar el nombre 
original de C/ Erillas: Calle de la Misericordia



Estas eras, casi fósiles de un tiempo muy reciente, nos hablan de que en el pasado hubo bastante cereal plantado en los campos de Monda a diferencia de ahora, donde priman olivos y almendros. Su explicación es evidente; en una sociedad rural tradicional donde las comunicaciones son precarias se tiende a la subsistencia, a cubrir todas las necesidades con la búsqueda de recursos en el medio inmediato. Los cereales que se plantaban pues tenían un doble uso, por una parte los de carácter panificables eran posteriormente molturados, transformados en harina que serviría para hacer el pan en varios de los hornos que tenía Monda; por otra parte cereales como la cebada, servirían para alimentar a las bestias, muy numerosas hace décadas en nuestro pueblo por la necesidad que se tenía de ellas para el trabajo diario (arriería, arado, carga, transporte…). El trigo que se plantaba en el pueblo normalmente estaba destinado al autoabastecimiento y al consumo familiar y no para la exportación y venta, pues era poca la cantidad que se producía y se orientaba a satisfacer las necesidades del consumo local. No obstante se podía vender o trocar pequeñas cantidades.



LA MEMORIA DE JUAN LIÑÁN



Juan Liñán


Desde su sólida memoria Juan Liñán nos señala que las mayores extensiones de cereal se encontraban en el paraje de la Vega y aunque había otros lugares donde también se sembraba, éste era el espacio donde había mayores espacios cultivados. Juan nos recuerda, con cierto añoro y total precisión cronológica, como hace poco más de tres décadas no se siembra cereal en Monda…

En las últimas décadas los cultivos y usos han evolucionado en el paraje de la Vega, transformando el paisaje y donde el cereal ha ido dejando paso a los cultivos arbóreos, especialmente al olivo. A continuación incluimos una serie de fotografías aéreas de la zona realizadas desde mediados de los años cuarenta de la pasada centuria, para ilustrar esos cambios.



La Vega desde El Calvario



La Vega en una imagen aérea de 1945



La Vega en una imagen aérea de 1956



La Vega en una imagen aérea de 1980




La Vega en una imagen aérea de 2015, el cambio
del paisaje ha sido sencillamente atroz



Siguiendo de la mano de la memoria de este mondeño de pro, el trabajo de la era tenía lugar tras la siega del cereal. Éste se segaba normalmente hacia junio-julio, a mano, con una hoz: con una mano se cogía un haz de cereal y con la otra se segaba con la hoz. La mano que recogía el haz de cereal se protegía por una pieza de madera y cuero.  Era un trabajo muy duro en el que se sufría los rigores veraniegos y que realizaban los hombres, pero también algunas mujeres dadas las necesidades de antaño. Tras la siega el cereal era amontonado en gavillas, esto es, en grupos de haces, y reposaban en los campos unos 15 ó 20 días para que se fuera secando. Cuando estaban listas, las gavillas eran bacinadas a las eras, esto es, cargadas en bestias que lo transportaban. Allí se procedía al trillado y venteo del cereal aprovechando la acción del viento, que podía soplar por la mañana, por la tarde o por la noche, con lo que había que amoldarse a los caprichos del dios Eolo.



 Mujer rifeña segando y rodeada de gavillas



 Campo segado con máquina entre Monda y Coín
 

Tanto las técnicas de cultivo como las herramientas empleadas durante miles de años, desde el dominio del cultivo del cereal, cambiaron poco a lo largo del tiempo hasta la época de nuestros abuelos, cuando la mecanización del campo y el nacimiento de una economía Mundo empezó a suscitar profundos cambios en nuestros paisajes y nuestros paisajanes agrícolas. Las hoces, los molinos harineros -tanto manuales, de sangre o hidráulicos-, las técnicas de cultivo y trabajo... han variado escasamente en los últimos milenios hasta la introducción de las máquinas cosechadoras, los molinos mecánicos...




La siega del cereal 



Hoz neolítica formada por una pieza de madera y dientes de sílex



Hoces del tiempo de nuestros abuelos, en hierro y con mango de madera


Siguiendo con nuestro relato, el cereal, agrupado en haces o gavillas, era descargado en la era y extendido sobre su superficie. Para separar el grano del tallo de la paja se hacía pasar bestias por encima con unos instrumentos llamados trillos para que a base del golpe con los cascos y de la acción de éstos, se separara el grano de la paja. Los trillos eran unos artefactos que se empleaban para esta tarea; éstos se conformaban por una tabla de unas dimensiones determinadas fijadas a las bestias mediante correajes a las que a la parte inferior se les incrustaba fragmentos de sílex o cuchillas metálicas. Los más elaborados poseían unas ruedas metálicas dentadas. Los trillos iban enganchados a las bestias y el hombre que las dirigía en su minúsculo periplo circular, se subía en ellos para aumentar la presión y mejorar el proceso de trillado. A la vez que se desgranaba la espiga también se trituraba la paja, que era empleada en otras necesidades, normalmente para el alimento de animales (vacas, bestias de carga…). A veces se montaban también algunos chiquillos para pasearse y divertirse.



 Trillando en El Calvario con el castillo al fondo


Para matar el tiempo mientras se trillaba y hacer más llevadera la labor, solía cantarse algunas coplas de era, hoy tesoro oral que está en grave riesgo de pérdida por su desuso y paulatino olvido. Juan nos señala que su función era la de animar a las bestias y para hacer más liviano el trabajo.



 Apañando a las bestias para el trillado en El Calvario


La trilla era una labor que solía llevar toda una jornada completa y tras realizarse ésta, se dejaban las gavillas trilladas sobre la era durante toda la noche. Y para cuidar del producto, había que dormir allí mismo. Al día siguiente se procedía al aventado del cereal. El trabajo era sencillo y simple, pero requería de técnica y conocimiento para ser más efectivo y menos agotador. Las gavillas trilladas se disponían longitudinalmente en la era y varios hombres, con los biergos, las herramientas adecuadas para aventar, lanzaban la mies al aire una y otra vez con el fin de que el grano, que pesaba más, cayera al suelo mientras la paja se la llevara el viento un poco más allá. Finalizado el proceso el cereal se introducía en sacos a la espera para su almacenamiento en las viviendas y posterior transformación en harina, mientras que la paja se apilaba para ser empleada en la alimentación de las bestias.



 Trillando en El Calvario



Trillos de madera


Pero no siempre había viento para la labor del aventado, por lo que había que esperar a que éste se levantara. El aire, que procedía de levante, solía soplar a partir de las once de la mañana, como recuerdan Juan Liñán y su esposa Francisca con esta sentencia: “Ya se han levantado los malagueños”. Mientras se esperaba el viento a la acogedora sombra de un árbol, se dejaba una caña al borde la era con un trapo enganchado en su extremo. Cuando el viento soplaba agitando el trapo, los trabajadores se dirigían rápidamente a aventar el cereal, aprovechando el aire.




Los "caminos del viento"


Las eras eran de propietarios particulares que las alquilaban para la trilla y el venteo. Aunque también había quien las tenía en propiedad en sus terrenos. Si ocurría que una gran parcela contaba con una era y con el tiempo esta parcela se dividiera entre varios propietarios, todos tenían derecho al uso de la era, cayera en la parcela que cayera.

Tras todo el proceso de cultivado, recolección y trilla del cereal para su almacenaje, venía la molienda, que se podía hacer de varias maneras, a saber, con una molineta de mano, un pequeño molino formado por dos piedras y que se accionaba con una mano y que molía pocas cantidades; con un molino de sangre, esto es, mediante una bestia que accionaba un empiedro trasmitiéndole un movimiento circular; o podía ser molturado en uno de los molinos hidráulicos que existían en Pereilas (Coín), como señala Juan Liñán, que recuerda el nombre de varios de ellos, a los que normalmente iban los mondeños. Esos molinos son del siglo XVIII, pero había algunos más antiguos, del siglo XVI, que eran propiedad de varios moriscos mondeños. 

Sin embargo desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX se podía molturar en alguno de los tres molinos hidráulicos harineros que había en Alpujata, de los que ya hemos tratado en este blog. En el caso de realizar la molienda en el molino, se podía pagar al molinero en especie, lo que se denomina maquila y que representa alrededor del 10 % del producto, o en metálico. Ninguno de estos molinos muele ya. Algunos son viviendas, otros están en ruinas o abandonados, muy transformados y mutilados por reestructuraciones posteriores.




Uno de los antiguos molinos moriscos de Monda


Los procedimientos tradicionales de trabajo y la mayoría de las herramientas empleadas en la siega, trillado y venteo del cereal, han cambiado poco a lo largo de los milenios, desde el origen de la agricultura en el período Neolítico hace varios miles de años hasta el tiempo de nuestros abuelos, en que la mecanización del campo y la importación de harinas de otras regiones y países, empezaron a jubilar a herramientas y a agricultores. En la Antigüedad son numerosas las referencias a las labores agrícolas asociadas a la explotación del cereal. Existe numerosas pinturas y grabados de hace milenios de distintas culturas que así lo aseveran; los encontramos, por ejemplo, en algunos cilindros-sellos de culturas antiguas de la zona de la actual Turquía hace alrededor de cinco mil años o en el interior de tumbas egipcias hace tres o cuatro mil años, adornando sus paredes, llenándolas de vida. 











Pongamos por ejemplo a Jenofonte, un historiador, militar y filósofo de la antigua Grecia que en su obra titulada  Economico, que versa sobre la economía doméstica y la agricultura, nos describe en forma de diálogo entre dos personajes, Sócrates e Ischómaco, como era el proceso de trilla y venteo del cereal, entre otras muchas labores relacionadas con el campo:

Modo de trillar
Sócrat. Es verdad, Ischómaco; pero yo quisiera ahora ver si igualmente sabía el modo de trillar. Ischóm. ¿Ya sabes que las bestias son las que trillan las mieses? Sócrat ¿Pues no he de saberlo? Ischóm. Doy también por supuesto que no ignoras, que bajo el nombre de bestias se entienden bueyes, machos, mulas y caballos. Y paso a preguntarte ¿sabes que estos animales únicamente saben pisar y quebrantar la mies? Sócrat. ¿Pues cómo quieres que yo suponga en ellos otros conocimientos? Ischóm ¿Y a quién incumbe que la parva se desmenuce, como conviene, y se trille por igual? Sócrat ¿Quién duda eso? a los trilladores. A éstos toca tornar y revolver la trilla, poniendo bajo los pies de los animales lo que no está trillado, par que de este modo vaya por igual, y se acabe cuanto antes. Ischóm. Con efecto sabes tan bien trillar como yo mismo.
Modo de aventar
Sócrat. Pues si te parece, Ischómaco, podemos pasar al modo de limpiar los granos. Ischóm. Enhorabuena, Sócrates. Y dime si se comienza a limpiar la parva por aquella parte que está cara al viento, no se derramará la paja por toda la era? Sócrat. Es forzoso que así suceda. Ischóm ¿No es consiguiente también que ésta caiga sobre el grano? Sócrat. Es muy natural que la paja vaya revuelta con el trigo a aquella parte de la era que está desocupada. Ischóm ¿Y qué sucederá si uno comienza a aventar por la parte que está de costado al viento? Sócrat. Es claro que la paja quedará en su lugar natural. Ischóm ¿Después que hayas limpiado el grano hasta la mitad de la parva, proseguirás aventando la demás paja, o amontonarás lo ya limpiado antes de pasar adelante? Sócrat. Amontonaré lo ya limpio, para que no se vuelva a mezclar con la paja, y tenga que aventarlo dos veces. Ischóm. Ya, Sócrates, te hallas en estado de poder enseñar a otros el modo de limpiar los granos. Sócrat. Te aseguro, Ischómaco, que no me creía tan instruido y estaba en el entender que lo ignoraba…


Jenofonto, petrificado

En relación a la era del Calvario, la grande, la que todos conocemos y por la que todos paseamos, posee un carácter religioso indiscutible. Junto a ella, presidiéndola, se levanta nuestro famoso altar-Calvario en cuyos poyetes nos hemos sentados en multitud de ocasiones a comernos los hornazos tras el final de la Semana Santa y desde él, en nuestras travesuras infantiles, hemos tratado de escalar los salientes del Calvario para conquistar la hornacina central o las cruces que rematan el conjunto. En origen éstas eran de madera pero durante la Guerra Civil fueron destruidas -como otros legados religiosos y civiles- por lo que finalizada la contienda civil, fueron sustituidas por las de metal que podemos contemplar actualmente. En el mundo cristiano el Calvario posee un valor simbólico de trascendental importancia pues fue el lugar donde Jesús de Nazaret pereció crucificado tras sufrir un injusto juicio y una terrible tortura a manos de los romanos y a instancias del Sanedrín, la autoridad judía, además de con con la complicidad de amplios sectores del pueblo judío. Para la tradición cristiana Jesús se sacrificó para salvar a toda la humanidad y cada año, con la Semana Santa, se recrea sus últimos días y su sacrificio. Ni que decir tiene que la subida y el encuentro del Crucificado y la Virgen de los Dolores la noche del Jueves Santo son el momento álgido de nuestra Semana Santa. Quien todavía no lo haya presenciado no sabe lo que se pierde.



Misa en el Calvario



La noche del Jueves Santo en el Calvario


La noche del Jueves Santo en el Calvario

Algunas eras han desaparecido completamente debido a obras o remociones del terreno. Es el caso ya mencionado de la popularmente conocida como era del Randero en el camino de las Herreras, espacio donde tuvo lugar un trágico acontecimiento y que fue completamente destruida para la construcción de un edificio hoy en desuso. Otras, las más, están ocultas por la vegetación y el olvido hasta que dentro de algunos años, a lo mejor muchos, acaben por desaparecer.


Foto aérea 1956


Foto aérea 2014


La puesta en valor de las eras de Monda, al menos las que se encuentran en el entorno del paraje del Calvario, debería ser una actuación obligada y prioritaria para su conservación, integración y mantenimiento así como para el disfrute de las presentes y futuras generaciones de mondeños y mondeñas, una actuación que deberíamos solicitar los propios vecinos. Al margen de que todas las eras que tenemos en nuestro término municipal, así como otros elementos del mundo rural tradicional, deberían estar catalogadas como patrimonios etnográficos que son, a continuación se presentan algunas propuestas para las eras del Calvario en particular:

-Los planes de desarrollo urbanístico municipales deberían otorgarles la debida protección como bienes patrimoniales culturales de carácter etnográficos que son, en tal sentido deberían ser catalogadas y protegidas en los mencionados planes.

-Otra de las actuaciones necesarias es la limpieza de las mismas y la consolidación de las partes más vulnerables así como la sustitución del cableado y mejora de los entornos con una profunda limpieza, que favorecerían estéticamente estos lugares haciéndolos más agradables de visitar y más atractivos para el turismo, sector económico de gran importancia.

-Además habría que darles varios usos sociales, culturales y económicos; podrían convertirse en pequeñas plazuelas y en pequeños miradores en las que sentarse a disfrutar a modo de  miradores al fabuloso entorno paisajístico agrícola que poseemos así como en improvisados observatorios del firmamento y, en cierta forma, como miradores al pasado, a nuestras raíces, porque el uso cultural debía de ser obligatorio con visitas organizadas de los alumnos de la escuela y otros colegios que encadenaran, a su vez, la visita a las eras con la de la Casa Museo de Marigloria, otro de los tesoros de nuestro pueblo, entre  otros lugares de interés etnográfico e histórico. Tanto en los vecinos municipios de Ojén e Istán, pertenecientes a la Reserva de la Biosfera de la Sierra de las Nieves -como Monda-, han puesto en valor sus eras como excelentes miradores además de cómo lugares para realizar distintas actividades. Sírvase el ejemplo de Istán, donde se viene realizando el concurso-exhibición de tiro con onda.



 Tiro con onda desde las eras de Istán


 Mirador de las eras de Ojén

-Sus usos como atractivos turísticos estarían más que justificados por el enorme valor patrimonial y cultural que poseen; en ese sentido habría que colocar alguna sencilla panelería  informativa en varios idiomas y darlas a conocer a agencias y empresas de turismo para que, junto con otros recursos, sean un elemento de obligada visita como hoy día los es, por ejemplo, el lavadero de la Jaula, en el que todas las mañanas nos encontramos a grupos de turistas. En algunos lugares organizan anualmente exhibiciones y concursos de trilla; no sería descabellado plantearse una actividad de esta índole en Monda.

-Habría que darlas a conocer mediante charlas, conferencias y exposiciones. En tal sentido el día 13 de mayo de 2017 tuve la suerte de participar en la VI JORNADA AGROECOLÓGICA DE MONDA, que cada año organiza no sin esfuerzo pero con un gran derroche de ilusión y motivación, el Ayuntamiento de Monda.

Estas jornadas tienen como objeto poner de relevancia los productos agrícolas de las zonas rurales, especialmente la de Monda y su entorno, por lo que cada año el protagonista es un producto agrícola diferente. Este 2017 la jornada se centró en el trigo, un cereal que tradicionalmente ha tendio una especial trascendencia en el paisaje agrícola mondeño, a pesar de no haber alcanzado ni de lejos la importancia del olivo o del viñedo.

En la jornada se habló del pan y de sus orígenes y se realizaó una cata con una magnífica intervención de Antonio García de "El Colmenero" de Alhaurín el Grande; también se hicieron tallres de cerveza artesanal y una cata de cerveza artesanal. A mí me tocó hablar del patrimonio cultural asociado al trigo, por lo que comentamos los valores de los paisajes agroculturales, hablamos de las eras, de los molinos harineros y de las tahonas... Pero quiero destacar que conté con la extraordinaria ayuda de Juan Liñán. Juan nos ilustró, en forma de entrevista, sobre uno de los patrimonios culturales más frágines: el patrimonio cultural inmaterial. A lo largo de su intervención nos habló desde su experiencia y sus vívidos recuerdos de cómo eran las duras labores de siembra y siega; cómo eran los trabajos en las eras con los trillos, el venteo, las coplillas de era... así como en los molinos y en las tahonas. 



Un servidor con Juan y con representantes del Equipo de Gobierno 
del Ayuntamiento de Monda


La presencia y participación de Juan Liñán en esta jornada organizada anualmente por el Ayuntamiento de Monda le dió una relevancia especial, contribuyendo a rescatar la memoria y el patrimonio cultural inmaterial del mundo rural mondeño. Juan, nuevamente ¡Muchas gracias!
 










EPÍLOGO


La siembra, siega y separación del grano de la paja para su molturación y posterior transformación en pan, ya lo hacen desde hace muchísimas décadas las máquinas cosechadoras. La mecanización del campo con la introducción de nuevas tecnologías y abonos más potentes así como de cultivos transgénicos, las mejoras de las comunicaciones y los transportes a nivel global y la inmersión en una economía-mundo ha cambiado radicalmente nuestro planeta propiciando, entre otras muchísimas cosas, la quiebra de la agricultura tradicional en muchos lugares del planeta, conllevando la modificación unos paisajes y unos usos agrícolas milenarios, extinguiéndolos en multitud de ocasiones.


La mecanización del campo



El abandono del campo y de las labores agrícolas tradicionales
 

La distribución internacional del trabajo planificada por las grandes potencias económicas junto con las grandes corporaciones y multinacionales ha asignado a distintas regiones del planeta diferentes funciones productivas o de servicios. Ello ha provocado unos cambios muy profundos en todos los ámbitos: económico, social, paisajístico, cultural… Gran parte del cereal que se consume en nuestro país en forma de pan y otros productos procede de tierras lejanas, muy lejanas. Ello ha tenido en nuestras tierras un fuerte impacto en las estructuras productivas, en las relaciones de producción, en los paisajes agrarios, en los antiguos usos y en los oficios que se les asociaba, en la economía productiva tradicional, en las personas... Desde hace mucho tiempo es más barato comprar no ya el trigo, sino la harina, a otros países, con lo que los cultivos, las eras y los trillos, los molinos de cereal y sus singulares unidades de medidas, los conocimientos ancestrales… hace mucho, mucho tiempo que dejaron de tener sentido en una economía desquiciada por un capitalismo neoliberal radical que busca la quimera de la producción, el crecimiento y el enriquecimiento ad infinitum de unos pocos, claro. 

Por tanto los espacios de sembradío, las eras, los viejos molinos hidráulicos, las herramientas y las técnicas de trabajo empleadas... han pasado a convertirse en elementos de un pasado muy reciente con el que todavía muchos nos identificamos, pero que irremisiblemente se encuentran condenados a fosilizarse en el paisaje, en ciertos museos locales de carácter etnográfico (como el de Marigloria, donde se conservan estas herramientas y se explican sus usos, lugar -casi templo- donde reside parte de la memoria de nuestro pequeño y grande universos cultural rural), o a desaparecer por completo. Junto a estos  vestigios nos queda el más frágil de todos:  la memoria de muchas personas que vivieron y trabajaron en aquellas épocas el cereal desde su siembra, pasando por su su siega, su trillado en las eras, su molturaciónhasta su total conversión en pan. Cuando se apague la memoria de estas personas, se irán al traste en nuestras tierras miles de años de tradición agrícola.

El campo, nuestro entorno rural y el lugar en que vivimos, pierde biodiversidad y pierde patrimonio cultural material e inmaterial. Y eso se traduce en una lenta pero paulatina pérdida de identidad cultural.



©   Diego Javier Sánchez Guerra