martes, 1 de mayo de 2018

FRANCISCO DOMÍNGUEZ FERNÁNDEZ. UN TOLOXEÑO CON BILLETE DE IDA Y VUELTA AL INFIERNO. MAUTHAUSEN: LOS ARCHIVOS DEL EXILIO



El cinco de mayo de cada año se conmemora una fecha muy especial: la liberación del campo de concentración nazi de Mauthausen (el último liberado por los Aliados) y de sus mortíferos campos anexos, como Gusen, en Austria, donde se les arrebató la vida de forma brutal a más de cien mil seres humanos de distintas nacionalidades, etnias, credos e ideologías políticas. Varios miles de prisioneros que fueron enviados a este campo y sus sub-campos, eran españoles.





Entre esos miles de desdichados -las fuentes apuntan a más de siete millares- se encontraban 223 malagueños, de los que perecieron 151 mientras que a tres de ellos se les considera desaparecidos. Milagrosamente varias decenas, concretamente 69, pudieron salvar la vida tras años de cautiverio en unas condiciones atroces e inhumanas. Uno de estos supervivientes era vecino del bello municipio de Tolox, en la Sierra de las Nieves, y se llamaba Francisco Domínguez Fernández. Otros ocho vecinos de la Sierra de las Nieves también acabaron en Mauthausen y Gusen, pero no aguantaron en ese infierno ni doce meses... Se trata del morisco Diego Cantarero Ballestero; de los guareños Diego Ruiz Agüera y Felipe Fernández Sánchez; de los hermanos panochos Francisco Granados Ortiz y Gonzalo Granados Ortiz; del ojenete Diego Sánchez Ortiz; y de los yunqueranos José Mateo Rivas y Antonio Piñeiro Mateo. 




Francisco Domínguez Fernández logró sobrevivir a una muerte más que segura durante su cautiverio en Mauthausen y en el terrible subcampo de Gusen. Al igual que ocurrió con miles de españoles, Francisco huyó de la Guerra de España y de la represión franquista para encontrarse cara a cara con la locura de la II Guerra Mundial en Europa y padecer en propias carnes el genocidio nazi.


Mauthausen no fue el único campo de concentración donde fueron a parar miles españoles pues hubo compatriotas nuestros en Dachau, Buchenwald, Bergen Belsen, Auschwitz, Flossenbürg, Natzweiler, Neuengamme, Sttuthof, Sachsenhausen, Gross-Rosen, Aurigny, Guernesey, Neu Bremm y Ravensbrück, campo este último especialmente levantado para albergar mujeres donde hubo 170 españolas. La gran mayoría de ellos acabaron siendo asesinados brutalmente o murieron como consecuencia de las infames condiciones de vida, la mala alimentación, los malos tratos y los trabajos forzados a los que fueron sometidos por el régimen nazi. Mauthausen era sólo uno más de los muchos lugares que tenían los nazis para “acomodar” a todas aquellas personas que consideraban enemigas o potencialmente peligrosas para el pueblo alemán: políticos de izquierda, judíos, delincuentes, enemigos de otros países… El universo concentracionario nazi llegó a tejer una red de decenas de campos que naciendo en suelo germano se fueron extendiendo como un cáncer por los distintos territorios anexionados u ocupados durante la II Guerra Mundial. De estos campos llegaron a depender cientos o miles de subcampos en los que sucumbieron millones de personas.


Este libro está dedicado a Francisco Domínguez Fernández, a los otros nueve vecinos de la Sierra de las Nieves que fueron asesinados en aquel campo, así como a todas las víctimas y supervivientes malagueños y españoles de los campos de concentración nazis.


miércoles, 7 de marzo de 2018

SYERRA PINERLA, SYERRA NEVADA, SIERRA DE XANAR/XENAR, SIERRA BLANQUILLA, SIERRA DE JAMANER/TAMANER... LOS OTROS NOMBRES DE LA SIERRA DE LAS NIEVES



Portada de la Propuesta Conjunta de Declaración del 
Parque Nacional de La Sierra de las Nieves


Ahora que se está poniendo tan de moda la Sierra de las Nieves -y no digo entre los senderistas, estudiosos o amantes de la naturaleza, que ya hace décadas que lo está- y que está teniendo esa enorme repercusión mediática por su proceso de  declaración como Parque Nacional, hay mucha gente que me pregunta, entre otras muchas cosas, qué de dónde le viene el nombre si no tiene nieve y, a lo sumo, cuando la tiene es cada varios años que cae alguna nevada, a veces copiosa, que nos deja una estampa fabulosa de la montaña, pero que dura muy poco en las cumbres. Semanas, tal vez...




Los viejos quejigos de Tolox tras una copiosa nevada


La respuesta es sencilla: el nombre por el que conocemos hoy día esta estribación de la Serranía de Ronda, proviene del trabajo de los neveros y del comercio de la nieve que en forma de hielo se conservaba durante meses en sus cimas, oficio que se desarrolló durante casi cuatro siglos. Los neveros, como todos sabemos, recogían por medios manuales la nieve de la superficie y las almacenaban en pozos (de este tema ya hemos tratado ampliamente, por lo que se recomienda este enlace: "EL HOMBRE Y LA SIERRA (DE LAS NIEVES). EL OFICIO DE NEVERO") durante el invierno y la primavera, apisonándola y transformándola en hielo para venderla en los meses más cálidos. Los receptáculos artificiales donde se guardaba se denominan neveros o ventisqueros, pero también los hubo naturales como simas y cuevas. Esta nieve, en forma de hielo, llegaba a multitud de poblaciones, especialmente Málaga, pero también Cádiz, Sevilla, Tarifa, Olvera... ¡incluso a la misma Ceuta!, donde era utilizada en múltiples fines: para elaborar helados, hacer refrescos y enfriar bebidas, conservar ciertos alimentos y en numerosas aplicaciones médicas (rebajar la fiebre, tratar ciertas enfermedades, reducir contusiones...). 




Uno de los neveros del puerto de los Ventisqueros


Aunque actualmente sean escasas las nieves que alberga y pocos los años de nevadas, resulta que en el pasado sí que hubo muchísima más nieve y que ésta llegaba a ocupar las cumbres de la sierra durante más de seis meses al año, llegando a cotas muy bajas. Algunas fuentes documentales hablan de hasta de ocho meses cada año. ¿Qué es lo que ha ocurrido para que esto no sea ya así? ¿Cómo es posible que de esa abundancia hayamos llegado a la situación actual en la que la nieve es poco más que testimonial? Se da la circunstancia de que entre los siglos XIII-XIV al XIX, tuvo lugar a nivel mundial un acontecimiento climático conocido como la "Pequeña Edad del Hielo", en la que las temperaturas descendieron varios grados por motivos aún no del todo claros; unos señalan que tuvo su origen en una mayor actividad volcánica que provocó la expulsión de una gran cantidad de cenizas a la atmósfera que impedía en gran parte la penetración de la radiación solar, teniendo como consecuencia un enfriamiento generalizado. Otros ponen el acento en la actividad solar, y aunque es cierto que para estas fechas se detecta una fuerte bajada de las manchas solares, no está del todo clara la conexión entre una y otra cosa.

En zonas de sierras como la nuestra esa bajada de las temperaturas se tradujo en un aumento de la innivación y en una mayor permanencia de las nieves en las cumbres. Sin embargo, en el siglo XIX las temperaturas vuelven a subir, provocando el retroceso de las nieves, haciendo escasear las nevadas y sentenciando de muerte al oficio de nevero, a lo cual se sumaría la fabricación de hielo artificial.  




Otro de los neveros del puerto de los Ventisqueros


Pero me estoy saliendo del tiesto, como me ocurre siempre. Este post va sobre el nombre de Sierra de las Nieves...

Volviendo al tema. Cuando en esta zona se empezó a almacenar y comercializar la nieve en forma de hielo por esa mayor disposición del blanco meteoro que trajo la "Pequeña Edad del Hielo", empezó a percibirse, sobre todo desde el exterior, desde los mercados de consumo, esa imagen de proveedora de la nieve, especialmente entre los malagueños, principales destinatarios de su preciado producto durante los siglos XVII al XIX. Pero los lugareños, los vecinos de Ronda, Tolox, Yunquera y El Burgo, naturalmente, además de por ese, la conocían por otros nombres.

Hemos de tener presente que el espacio al que ahora nosotros denominamos Sierra de las Nieves es muy amplio y se encuentra compuesto por muchas formaciones que a lo largo del tiempo han recibido diferentes denominaciones; Para los yunqueranos ha sido “siempre” la sierra de Yunquera, para los de Tolox, la sierra de Tolox... Es un espacio que internamente está compuesto por diferentes accidentes que reciben distintos nombres y que tiene unos límites toponímicos a veces imprecisos. A ello hay que sumarle otra circunstancia de gran relevancia histórica: la conquista castellana y el proceso repoblador cristiano junto con la expulsión de las comunidades moriscas. ¿Y que tiene eso que ver? Muy fácil, los andalusíes que durante siglos vivieron y habitaron en esta zona habían aplicado sus propios topónimos, sus propios nombres de lugar a los diferentes espacios y accidentes geográficos desde hacía siglos y siglos. Tras la conquista castellana y la expulsión de los moriscos, muchos de estos topónimos se fueron perdiendo paulatinamente hasta caer en el desuso y en el más completo de los olvidos, otros se castellanizan, van apareciendo nuevos nombres para designar viejos lugares que sustituyen a los anteriores... Detrás de estos cambios se encuentran diferentes factores como la difícil pronunciación de algunos nombres de origen arábigo por los castellanos, la distinta pronunciación de otros topónimos que se acomodan más al habla castellana, distorsionándolo no sólo a nivel fonético sino también en lo que se refiere a su significado, pues son topónimos que acaban siendo completamente resignificados, resemantizados. En ese sentido los libros de apeo y repartimiento, documentos de finales del siglo XVI que se elaboraron tras la expulsión de los moriscos, atesoran un paisaje toponímico en muchos casos fósil de una inusitada riqueza y de un extraordinario interés.

La primera denominación que inequívocamente designa a la Sierra de las Nieves, la encontramos en un documento muy antiguo en una fecha tan temprana como los últimos años del siglo XV, que se refiere a otro anterior de las primeras décadas del siglo XIV. En el expediente de un pleito del año 1496 que tuvo lugar entre la ciudad de Ronda y la de Málaga por sus límites jurisdiccionales y que se encuentra en el Archivo de la Catedral de Málaga, aparece la traducción y el traslado de un documento arábigo mucho más antiguo, en concreto del año 1324, en plena época nazarí. Este documento ha sido recientemente estudiado por Esteban López García y Virgilio Martínez Enamorado para su libro "El paisaje de Tolox a través de su toponimia andalusí en la documentación castellana"En ese traslado se halla la denominación más antigua que existe de la Sierra de las Nieves: Syerra Pinerla, en clara alusión a la existencia de pinos (¿o pinsapos?) en estos lares. El topónimo, que tiene un indudable origen romance, o sea, que se formó con anterioridad a la islamización de la zona, logró sobrevivir a una intensa arabización y mantenerse oculto y olvidado en viejos y raídos documentos hasta nuestros días.

Siguiendo con el tema archivístico y documental, a finales del siglo XV, tras la conquista castellana, se genera una abultada documentación en materia de repartimientos, pleitos por lindes, ocupaciones ilegales de jurisdicciones vecinas... donde emergen multitud de topónimos y nombres de lugar. Se conserva una denuncia de 1499 de los mudéjares de Tolox por la entrada de ganados de Ronda y Marbella en tierras toloxeñas, donde aparece el nombre de Syerra Nevada para designar a la sierra de Tolox que ocupa la Sierra de las Nieves. Y es el primer alcaide de esa villa, Sancho de Angulo, quien confirma el delito volviendo a recoger el susodicho topónimo:

Algunas personas de la ciudad de Ronda e otras tierras de su mandado se han metido en los propios términos de la dicha villa de Tolox que es de la dicha ciudad de Málaga en la Syerra Nevada del pinar de la dicha villa...

El libro de apeos de Tolox (siglo XVI), que está siendo objeto de un profundo estudio y análisis por el citado investigador Esteban López García, nos ha deparado numerosas sorpresas toponímicas en referencia a la Sierra de las Nieves.  En él, entre otros como Sierra Blanquilla, se conserva un curioso topónimo: Xenar, también de origen andalusí. En el citado libro de apeo se recoge:

... que en esta villa hay una dehesa que llaman de Xenar que es en lo alto de la syerra Blanquilla en ella que es muy corta e de muy poca agua porque los ganados que son en la dicha dehesa muchos años no tienen donde beber...

El topónimo Xenar, que habría que relacionar con el nombre del río Genal y el precioso valle que lo rodea, está haciendo referencia al lugar que hoy conocemos por meseta de los Quejigales. Ese lugar, como dice el documento, se empleaba como dehesa boyal, como lugar de pastos para animales de arada, estando su límites claramente definidos en el libro de apeos de Tolox:

Apeose una dehesa boyal que es en el termino de la dicha villa de Tolox en lo alto de al syerra que dizen Blanquilla que alinda con el termino de la çibdad de Ronda partiéndola los mojones del dicho termino que comiença desde una majada que llaman de la Perra y aquí esta un mojon de piedras donde comiença la dicha dehesa e va partiendo entrel dicho termino de Ronda hasta asomar al rio Verde arriba de otra majada de Caalhyta que esta allí otro mojon de la dicha dehesa e desde la dicha majada viene a dar por la dereçera a la cueva que dizen de las Palomas e aquí ay otro mojon e desde allí buleve derecho a la majada de la Perra donde se començo este deslinde quedando los dichos mojones en torno de la dicha dehesa como redonda.




Sin embargo el topónimo Xenar aparece siete décadas antes (e incluso, antes, en documentos de finales del siglo XV) en otro documento sobre lindes entre Ronda y Málaga en el año 1502:

En el pleito que es entre el concejo, justicia e regidores, caballeros, escuderos, vecinos e moradores de la noble ciudad de Málaga en su nombre de una parte, e el concejo, justicia, regidores, caballeros, escuderos de la noble ciudad de Ronda e su procurador en su nombre de la otra, sobre cierto debate e partición e devisión de términos de la syerra que dizen de Xavar e montes a pastos della que ay e es entre las dichas ciudades sobre la dicha syerra de Xanar e montes e pinares e pastos della sobre que es este pleito.

Por tanto y que sepamos hasta ahora, los dos topónimos más antiguos por los que se conocía este espacio eran los de syerra Pinerla y syerra de Xanar o Xenar. El empleo de Xavar, parace ser más un error del copista que otra cosa.

No obstante son muchas más las denominaciones que a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII aparecen en numerosas fuentes documentales y archivísticas que hacen referencia a este espacio como consecuencia del negocio de la nieve y de los conflictos y litigios que generaba, así como los pleitos entre lindes de estas poblaciones. Estas denominaciones, como es natural, suelen convivir en el tiempo, unas más y otras menos. Algunas acabarán cayendo en desuso, pero otras se mantendrían. En ese sentido la denominación que más suele aparecer en las fuentes documentales y bibliográficas, sobre todo a partir de mediados del siglo XVI, es la de Sierra Blanquilla, o Sierra Blanquilla de Tolox, evidentemente dada por la tez blanquecina que le profieren las rocas calizas. Ese nombre, además de en numerosos pleitos e informes, aparece incluso en crónicas y otras obras, como la de Luis del Mármol Carvajal, “Historia del Rebelión y Castigo de los Moriscos del Reino de Granada”, publicada hacia 1600. Nos relata este cronista que participó en la guerra de los moriscos:

Tomando pues a la parte de levante de Ronda, donde llaman la Jarquía, encima de la villa de Tolox, que es de la joya de Málaga, cuatro leguas de la mar, está Sierra Blanquilla, más alta que otra del reino de Granada.


Portada del libro de Luis del Mármol


En numerosos documentos que obran en el Archivo Histórico Nacional referentes al marqués de Villena, señor de Tolox y Monda y propietario de las nieves y otros recursos forestales de las sierras de Tolox, también aparece profusamente este término en los arriendos que hace de las nieves de su jurisdicción a vecinos de Ronda y Sevilla. Además de en estos archivos, en algunos manuscritos de gran interés relativo a Tolox como el del doctor Pedro Ximénez recientemente publicado por el investigador Francisco Marmolejo Cantos ("Tolox en el siglo XVIII. El manuscrito del doctor Pedro Ximénez") , se repite este topónimo de sierra Blanquilla, entre otros muchos anteriores que se irían transformando o desapareciendo a lo largo de esa centuria y posteriores.




El nombre de sierra Blanquilla en un documento de primeros del siglo
XVIII que obra en el Archivo Municipal de Málaga


Portada del libro del investigador Francisco Marmolejo Cantos



En el Archivo Municipal de Málaga, en relación a este espacio y a la explotación de la nieve, existe una abultada documentación desde el siglo XVII donde encontramos muchas denominaciones; además de sierra Blanquilla, nos encontramos con sierra Nevada de Yunquera, sierra de Yunquera, sierra de la Nieve..., refiriéndose en exclusiva a la parte tocante de Yunquera. Muchos de estos nombres los ha recuperado el profesor yunquerano Juan Bardón en su magna obra “Yunquera, entre el Antiguo Régimen y la Restauración (1750-1900)”, donde dedica un completísimo capítulo al tema de la explotación de la nieve.

En el Archivo de la Catedral de Málaga obra un documento de mayo de 1491 donde se recogen los límites entre las villas de El Burgo, Casarabonela y Yunquera, en relación a un pleito mantenido por las ciudades de Ronda y Málaga. En él encontramos el topónimo sierra de la nieve:

... luego el dicho señor juez nombró e señaló por primero mojon del dicho deslindamiento de los dichos términos, el picacho más alto de la sierra nevada que se parece donde el dicho cerro del Polvo.


Además de en las fuentes archivísticas, en las obras y crónicas de algunos rondeños de los siglos XVI y XVII, como Macario Fariñas del Corral, autor de "Antigüedades de Ronda" (libro atribuido durante mucho tiempo a Fernando Reinoso y Malo) o Juan María de Rivera Valenzuela, autor de "Díalogos de memorias eruditas", encontramos denominaciones como sierra de Jamaner o de Tamaner. En el capítulo quince de "Antigüedades de Ronda", Que describe y demarca la tierra de Ronda sola, el autor recoge una breve noticia sobre la nieve producida en Ronda:

…no será fuera de propósito señalar los campos y términos que en particular tocan de esta ciudad, lo primero entra confinando con Málaga, por la Sierra del Pinar, que el moro llamaba Jamaner/Tamaner, que es la sierra que provee de nieve toda esta Andalucía Baja, y de madera de pinos la ciudad y muchos lugares …



El libro de Juan María de Rivera


En el siglo XVIII el viajero inglés, Francis Carter, emplea el mismo topónimo, pero se lo asigna erróneamente a la sierra del Pinar, en Grazalema. Sin embargo, este emérito inglés se refiere a la Sierra de las Nieves como Sierra Blanquilla, eternamente cubierta de nieve. Además de él, son muchos los viajeros que antes y después de Carter visitan estos lares, empleando estos y otros topónimos.




Una de las páginas de la conocida publicación de Francis Carter


En la siguiente centuria es el editor rondeño Juan José Moreti, que había tenido acceso a obras anteriores y otros documentos históricos, el que la llama cordillera de Comares, conocida por sierra de la Nieve, que los moros llamaban Jamares. Otros viajeros, botánicos y estudiosos de esta centuria, en función del lugar desde donde suban o el término al que pertenezcan, le llaman sierra de Tolox, de Yunquera o de Ronda... (Simón de Rojas, Edmond Boissier...).

Es más, el pico Torrecilla que todos conocemos, era denominado antiguamente como cerro de las Plazoletas, como encontramos en multitud de autores.

Con todo, andado el tiempo, el topónimo que fue consolidándose y vino a quedarse, y por el que ha sido y es conocido todo el entorno montañoso del que hablamos, es Sierra de las Nieves (y ello en detrimento del topónimo castellano de sierra Blanquilla, empleado desde al menos el siglo XVI hasta principios del siglo XX), aunque en su seno incluye numerosas formaciones con decenas o cientos de topónimos. Al menos si observamos desde el exterior, porque si le preguntamos a cualquier persona mayor de las poblaciones de Tolox o Yunquera por el nombre de esas montañas, seguramente nos va a dar otro... Esta última denominación se la debemos más a las políticas y estrategias de desarrollo rural y comarcalización que a otra cosa, que potenciaron ese nombre en detrimento de otros a la hora de crear la comarca de la Sierra de las Nieves, espacio rural que tiene como eje rector esa fabulosa montaña y al que se adhieren nueve pueblos: Istán, Ojén, Monda, Guaro, Tolox, Alozaina, Casarabonela, Yunquera y El Burgo.


Delimitación de la Comarca Sierra de las Nieves, con sus  nueve pueblos


Actualmente Sierra de las Nieves, además de designar a una comarca rural malagueña, es el apellido compartido de numerosas instituciones, organizaciones y catalogaciones, que no necesariamente abarcan esos nueve pueblos: es el nombre que recibe la comarca y el apellido de la Reserva de la Biosfera, del parque natural, del esperado parque nacional, de su mancomunidad, de su oficina de desarrollo rural...




Delimitación de la Reserva de la Biosfera de la Sierra de las Nieves
que abarca doce poblaciones, entre las que se incluye Serrato.


La Sierra de las Nieves y su entorno, lo he dicho siempre, no sólo alberga una riqueza natural y ecológica excepcionales. Ese patrimonio natural se ve acompañado de un patrimonio cultural igualmente diverso, enorme y fabuloso, fruto de una dilatada historia, fruto de la relación Hombre - Paisaje desde la oscura noche de los tiempos. Y la toponimia no es ajena a esos valores histórico-culturales. Ahora que es tiempo de promoción del Parque Nacional, además de conocer mejor o más sus valores naturales, no podemos dejar pasar la oportunidad de conocer sus valores culturales e histórico-patrimoniales. 



Este resumido artículo forma parte de un estudio de mayor envergadura que versa sobre los neveros y la explotación de la nieve en la Sierra de las Nieves que está realizando el abajo firmante y que espera vea la luz en fechas no muy distantes.

© Diego Javier Sánchez Guerra


jueves, 18 de enero de 2018

LA FUENTE Y LAVADERO DE LA JAULA, MUCHO MÁS QUE UN LAVADERO Y MUCHO MÁS QUE UN MONUMENTO


Siembre he dicho que el mayor patrimonio que tiene la Sierra de las Nieves es el agua. El agua que ha modelado las sierras, gargantas, cuevas, simas, tajos y barrancos; el agua, que en forma de nieve permitió durante medio milenio la existencia del negocio de la nieve y de los neveros; el agua, que discurriendo por acequias y albercas, vivifica las coloridas huertas y regadíos; el agua, tan necesaria, que abastecí a las familias en las fuentes urbanas, que calmaba la sed de las bestias y que se empleaba para lavar la ropa en lavaderos públicos... Y el tema de esta entrada va sobre uno de esos patrimonios que fueron espacio exclusivo de las mujeres: el conjunto de fuente y lavadero de la Jaula, en Monda, bello monumento de la arquitectura popular pero también lugar de duro trabajo para generaciones de mujeres mondeñas. 

A ellas, a las hacendosas y trabajadoras mujeres mondeñas, va dedicada esta entrada.

*    *   *   *   *   *   *

Nuestro pueblo, Monda, está lleno de legados y patrimonios culturales importantísimos, aunque como nos hemos criado con ellos y forman parte de nuestro día a día, de nuestra cotidianidad, no les demos mucha importancia. A pesar de ello algunos reciben más atención que otros, eso es totalmente cierto. Es el caso del conjunto de la fuente y lavadero de la Jaula, robusta edificación que se encuentra junto al arroyo La Lucía y que tras el embovedado de éste quedó a una cota relativamente baja y un tanto atrapado por las edificaciones colindantes. Todos los mondeños conocemos el lavadero de la Jaula y nos identificamos con él porque ha formado parte (y forma parte) de la historia y la memoria de muchas generaciones de mondeños. 



El conjunto de fuente y lavadero de la Jaula


No es el caso, como he denunciado en anteriores ocasiones, de la refalaera de calle Arroyo o del puente del arroyo de la Teja, el puente romano (que no hay que confundir con el puente del arroyo del Tejar, que si se mantiene en pie), hoy desaparecidos, hoy no lugares, hoy espacios violentamente amputados de la memoria a base de piqueta, por un lado, y de dejadez, por otro, motivado por la falta de conciencia y el desconocimiento de nuestra propia historia, de lo que somos, de dónde venimos... Esperemos que no sea ese el destino de los viejos molinos de aceite de Monda, especialmente del de Paco Macías, que incluye la torre de la vieja ermita de Los Dolores. Ni tampoco el destino de nuestras viejas y trilladas eras. Ni de los molinos moriscos en Alpujata, cada vez más avejentados, más ruinosos y más olvidados... Ni de las imponentes ruinas del castillo de Monda, que posee una serie de torres y murallas de gran valor científico e histórico-cultural que corren serio riesgo de desplome y destrucción por lo deteriorado de algunos de sus cimientos y por la acción destructiva de las raíces de árboles y vegetación.




Un ya no lugar, donde se encontraba la refalaera





Uno de los tres molinos moriscos de Alpujata



Conjunto de molino y torre, antes de ser decapitada


Hoy día la fuente y lavadero de la Jaula además de un espacio para la memoria e identidad de los mondeños es un monumento muy concurrido por turistas y visitantes, no en vano aparece en decenas de webs de turismo y en numerosas publicaciones así como vídeos promocionales; ha sido portada del libro de feria de Monda en el año 1998, escenario de bodas civiles y de recreaciones históricas…; también es un lugar donde, de vez en cuando, se celebra alguna victoria futbolística con el tradicional baño del equipo vencedor. Pero no olvidemos que durante mucho, mucho tiempo, casi cien años, fue un lugar de duro trabajo para las mujeres mondeñas porque eran ellas las encargadas de lavar la ropa a mano y de recoger el agua de la fuente que en pesados cántaros de barro debían llevar al cuadril hasta casa para dar cobertura a las labores doméstica (el aseo, la limpieza, para la cocina y su consumo…). Es un lugar con el que ineludiblemente todos los mondeños nos identificamos.




Nuestra fuente y lavadero de la Jaula ha 
sido incluso portada del libro de feria
Col. Biblioteca Pública Municipal



El conjunto de fuente y lavadero como atractivo turístico



Alfonsa e Isabel, dos moriscas mondeñas en la Ruta Histórica
Teatralizada que todos los años realiza la Asociación
de Mujeres "La Villa"




Episodio del "fantasma" en el lavadero de la Jaula que tiene lugar en la Ruta Histórica
Teatralizada que todos los años realiza la Asociación
de Mujeres "La Villa


El nombre de nuestro lavadero no deja de ser curioso: Jaula. No. No había una jaula en la zona ni nada por el estilo. Su nombre surge y nace de la fuente que tiene al lado, que es mucho más antigua que el propio lavadero y al cual abastece: al-Haura, vocablo de origen islámico cuyo significado ha venido aceptándose como“las afueras”, sin embargo, voces más autorizadas señalan que significa "álamo blanco", "olmo", con lo que nuestra fuente de la Jaula era conocida por los musulmanes mondeños como la fuente del ÁlamoY es que ya en documentos del siglo XVI aparece mencionada esta fuente. El término, mal oído y mal pronunciado por los cristianos de repoblación, acabó por mutar a Jaula, nombre por el que conocemos al conjunto de la fuente y lavadero y que da nombre a la vecina calle Jaula. Aunque nuestro idioma, el castellano, es de raigambre latina, a lo largo de su historia ha adoptado infinidad de términos de otras lenguas, enriqueciéndose a lo largo del tiempo y siendo muestra de la confluencia de muchísimas culturas a lo largo del tiempo. De la lengua islámica ha incorporado una ingente cantidad de topónimos, palabras, expresiones y vocablos, la mayoría relacionadas con actividades agrícolas: acequia, alberca, aceite, aceituna… y de uso totalmente cotidiano.



Antigua foto del lavadero, posiblemente de primeros del siglo XX y quizás la más antigua
Col. Biblioteca Pública Municipal


Este conjunto no ha pasado desapercibido a las autoridades en materia de patrimonio cultural pues en la Base de Datos del Patrimonio Inmueblede Andalucía de la Consejería de Cultura, aparece con el código 01290730001, con la caracterización Arquitectónica y Etnológica y con la siguiente descripción:

Lavadero con fuente adosada en el exterior, situado junto al río y el puente que cruza éste. Es un edificio de mampostería con verdugadas de ladrillo, con cubiertas a un sólo agua. La fachada que da al río está compuesta de arcos, y las demás son ciegas. La estructura de la cubierta es de madera.

Tiene planta rectangular, estando parcialmente abierta en su lado sur, cerrada en sus lados menores, aunque presenta ojos de buey en estos lados, y abierta en su totalidad en su flanco norte que es donde tiene la entrada. El lavadero consta de una gran pila rectangular ubicada en su parte central y de dos filas de piedras de lavar, una a cada lado mayor del pilar.

La fachada que da a la calle principal posee una fuente de cuatro caños, en mármol negro; sobre ella una cruz en mármol blanco rematada en una hornacina. La base de la cruz tiene una inscripción que dice:
"MONDA. AÑO DE 1.788"

El lavadero ha quedado situado entre dos calles y el puente, espacio idóneo para crear una plaza urbana de proporciones recoletas. El río está cubierto con bóveda de hormigón.



El conjunto fuente y lavadero de la Jaula en la Base de
Datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía


En la web Manantiales y Fuentes de Andalucía, también le tienen dedicado una entrada e igualmente en el blog Viajeros en Corto, que tiene varias entradas muy completas y elaboradas dedicadas al patrimonio mondeño, encontramos un post sobre la fuente y lavadero de la Jaula bastante bueno y de muy recomendada lectura.


La ubicación del conjunto

La existencia de sierras calizas en el entorno mondeño ha favorecido que dispongamos de agua en relativa abundancia, agua que surge en los manantiales y que con el tiempo, fueron reconducidas mediante canalizaciones y acequias a ciertos espacios urbanos donde se construyeron las fuentes y las huertas. En Monda contamos con cuatro de ellas conocidas por todos: la Mea-mea, la de la Esquina, la de la Jaula y la de la Villa, éstas dos últimas con su lavadero acoplado y, en el caso de la segunda, ubicada en el mismo nacimiento. De ellas hemos hablado en una entrada anterior. La fuente Romera, que está en el Portugal, no llegó a tener nunca su pilar y aunque parca en aguas, los vecinos siempre han hablado muy bien de sus propiedades.



Fuente de la Esquina, en calle Fuente
Cortesía de Bent Hojsholt Hedegaart (Benito)



A por agua a la fuente de la Villa, mucho antes de su última y lastimosa reforma
Cortesía de Maribel González



Fuente Mea-mea, en calle Marbella



Fuente de calle Horquilleros
En los años ´70 se colocaron algunas fuentes más en el pueblo.
Además de ésta, las había en C/ Erillas y C/ Moral
(Cortesía de Maribel González)



La fuente y lavadero de la Jaula estaba de cara al arroyo de La Lucía, que fue embovedado hacia finales de los años ochenta o principios de los noventa. Ese arroyo cortaba en dos al pueblo y se cruzaba por varios puentes, a saber: el de calle Jaula, el de calle Enmedio y el de calle Portugal. En un viejo dibujo del siglo XVIII aparece los puentes de calle Jaula y del Portugal, pero ni rastro del lavadero ni de la fuente ni del otro puente. En ese arroyo hemos jugado y realizado múltiples travesuras casi todas las generaciones de mondeños y por ser poco generoso en aguas, salvo en ciertas tristes ocasiones, algunas de las cuadras de las viviendas de las calles aledañas tenían acceso por el mismo y todavía puede verse a ras de suelo en calle Arroyo la Lucía o en el parque Doctor Villanueva, los viejos dinteles de madera o de ladrillos de barro cocido colocados a sardinel como queriendo emerger del pavimento.




Puerta tapiada tras el embovedado del arroyo de la Lucía,
que discurría casi dos metros más abajo


Su ubicación junto al arroyo no es fortuita, pues el nacimiento del que se abastece no queda lejos y su proximidad a este exiguo cauce fluvial se justifica para darle salida a las aguas sobrantes a través de dos acequias que se dirigían (y dirigen) a las huertas colindantes, los pagos de Pitalata, hacia Coín, y el de los Huertos (también llamado Afetarix en la documentación antigua), hacia Guaro, aunque este segundo recibía el grueso de su caudal de la fuente de la Villa, llamada por los musulmanes mondeños la fuente del Alfaquí, como consta en antiguos documentos.




Los pagos de huerta de Pitalata y Los Huertos/Afetarix


Este conjunto, durante las obras del embovedado del arroyo, corrió el riesgo de fenecer ante la mentalidad de la época, poco observadora de la conservación del patrimonio cultural. Pero por fortuna fue respetado y logró no sólo sobrevivir, sino ser restaurado y puesto en valor, recibiendo la zona adyacente un empedrado en canto rodado que quería remedar el antiguo pavimento y que embellece al conjunto y al espacio.


La fuente

En el conjunto podemos diferenciar claramente dos partes: la fuente y el lavadero propiamente dicho.

La actual fuente, que se ubica en lado este del conjunto, data de la segunda mitad del siglo XVIII y se compone por cinco caños de bronce que vierten el agua al interior de un pilar alargado. Éstos se ubican hacia el lado derecho del pilar, centrados en un frontis conformado por varias piezas de mármol, mientras que el izquierdo queda casi libre, con un solo caño. Ello se debe a que mientras se podía recoger agua en un lateral, por el otro podían beber las bestias.



Plano general de la fuente



Col. Biblioteca Pública Municipal




El pilar de la Jaula y sus caños




Detalle del pilar, los caños y el rebosadero, obsérvese el desgaste de las losas 
que componen el pilar


El pilar está realizado a base de piedras de mármol que acusan un notable desgaste en sus labios interiores debido a que a la hora de sacar el agua, los pesados cántaros eran arrastrados por el borde del pilar. En el extremo izquierdo sufrió una notable pérdida de masa pétrea, no sabemos si como consecuencia de un accidente o del desgaste de la piedra. La cuestión es que en lugar de cambiar la pieza de piedra recibió un remiendo al restituirse a base de ladrillo de barro cocido con una argamasa muy rica en cal, para dar más fuerza a la reparación e impermeabilizar. En el extremo derecho el pilar tiene un rebosadero para que las aguas sobrantes encuentren una salida. Sin embargo las aguas apenas alcanzan el rebosadero pues es tal el desgaste de las piedras en ciertas partes del borde del pilar, que el agua escapa por ellos. Estas aguas caen a una pequeña acequia que rodea a la fuente y que parece ser una obra posterior más relacionada con la restauración que con la construcción de esta fuente en el siglo XVIII.




Detalle de la porción del pilar remendada


Hoy no puede verse, pero desde muy antiguo las aguas sobrantes eran conducidas a través de una red de acequias y albercas a las huertas cercanas de Pitalata y los Huertos. En la actualidad las aguas están canalizas y se destinan al mismo uso, al riego. Ya en 1572 el morisco Bartolomé Arruro, en las declaraciones que tuvo que realizar como consecuencia de la expulsión de los moriscos ante las autoridades cristianas, señalaba que asimismo, junto a esta villa está una fuente que la llaman Alhaura, que de ella salen dos regueras que suelen regar quando ai abundazia de agua, cada una quatro fanegas de tierra… Este testimonio está extraído del Libro de Apeos de Monda, publicado por nuestro vecino José Antonio Urbano Mancha. Por tanto sabemos de la existencia de la fuente de la Jaula / Alhaura desde al menos la segunda mitad del siglo XVI.


Red de acequias que parten de la Jaula hacia los pagos de huertas de
los Huertos / Afetarix y Pitalata


El conjunto se encuentra dominado por un frontis compuesto por varias losas de mármol oscuro superpuestas con elementos mixtilíneos en sus extremos, decoración típica del Barroco. Sobre el frontis encontramos una cruz de mármol apeada sobre un pedestal donde se halla cincelada su fecha de remodelación, MONDA, AÑO DE 1788, y cuya función es sacralizar el espacio y atraer la acción divina para procurar que las aguas sean benignas, alejando enfermedades e infecciones. Esta cuestión se observa en numerosas fuentes de toda nuestra geografía (la de la Esquina estaba rematada por una cruz, que perdió con el tiempo); a falta de procedimientos químicos para purificar el agua se buscaba la divina protección.




Detalle del frontis que preside el pilar



Detalle de la cruz



Fuente, frontis y cruz

Esta cruz habita en una hornacina ejecutada con ladrillo de barro cocido y en algunas fotografías antiguas puede verse como carece de su brazo izquierdo, que debió desprenderse en algún accidente. La cuestión es que fue reparada y si se observa con detenimiento, puede verse su cicatriz, aunque las numerosas capas de cal que ha recibido en las últimas décadas, la hace casi imperceptible a los ojos.



Fuente y lavadero, donde se aprecia la rotura de la cruz
y el óculo cegado
Archivo Gráfico López Duerto


Esta cruz, según algunos testimonios orales, se encontraba en el monumento a los Caídos en plaza de la Ermita. Con el tiempo fue trasladada a esta ubicación, donde debió haber otra más antigua, quizás de madera. Incluso en lugar de una cruz, antaño pudo haber sido ocupado por una figura sagrada.

En el frontis, bajo la cruz, encontramos también una interesante leyenda que hace referencia a los cargos públicos que hicieron posible la obra de remodelación, perpetuando su memoria en este monumento tan importante y trascendental en la vida de Monda dado que el agua era y es un bien básico y de primera necesidad. Por tanto, realizar una obra de infraestructura que facilitara el acceso al líquido elemento a más personas y de mejor manera, era un importante adelanto en su tiempo, una actuación en la que los promotores quisieron verse reconocidos para la posteridad. La inscripción reza de la siguiente manera:

SE HIZO ESTA FVUENTE A COSTA DE LOS CAVDALES DE PROPIOS DESTA VILLA SIENDO GOVRDOR DELLA EL LIC. DON FERNANDO SORIANO Y RODRÍGUEZ

D. JUAN DE GVZMÁN XIMÉNEZ Y D. LÁZARO VRBANO, ALCALDES.

D. ALONSO DE LOS REYES Y D. MANVEL LIÑÁN VRBANO, REGIDORES.




Detalle de la inscripción del frontis


Al ser Monda todavía villa de señorío perteneciente al marqués de Villena y duque de Frías, en la inscripción conmemorativa se hace constar a su gobernador (…siendo gobernador de ella el Licenciado Don Fernando Soriano y Rodríguez…), que era el personaje que administraba las rentas e intereses del mencionado marqués y duque en su nombre, destacándolo sobre las autoridades municipales: los Alcaldes y los Regidores. Esta sencilla inscripción oculta una auténtica liturgia del poder al quedar la jerarquía jurídico-civil de la época fosilizada en este monumento y a la vista y exposición pública de todo el vecindario, que, en su mayor parte, debía ser analfabeto.

Junto a la fuente, al lado derecho y bajo un par de peldaños, existen otros dos caños más de agua. Éstos reciben su caudal de un manantial diferente al de la pila principal, cuyas aguas nacen cerca de las viviendas cercanas. Estos dos caños se instalaron ya bien andado el siglo XX en una fecha todavía sin precisar y no formaban parte del conjunto original, como puede verse en algunas fotografías antiguas. Sobre éste, a cierta altura, nos entramos con una placa cerámica que contiene varios versos de un poema dedicado por el Doctor Cristóbal Jiménez Encina, del que ya hemos hablado en este blog, a esta fuente:

Misterioso encierra su rumor la fuente
Que en su cristal retrata el firmamento




Los versos del emérito médico mondeño 



Los dos caños junto al pilar


A los pies de la fuente un reformado pavimento de cantos rodados incluye el escudo de Monda sobre el que se perfila el nombre del municipio.

Las aguas de esta fuente eran recogidas en cántaros de barro, normalmente por mujeres, que las llevaban a las casas para el suministro domiciliario y cuyos destinos principales era el consumo, el aseo personal, la limpieza doméstica… Esa finalidad tenía las aguas de la fuente de la Jaula y las del resto de fuentes públicas en Monda como la Villa, la Esquina y la Mea-mea. Además servía de abrevadero para una gran cantidad de animales y bestias, antaño muy numerosas porque no olvidemos ni por un instante que la base económica de nuestro pueblo desde que nació allá por los siglos medievales hasta que la Costa del Sol empezó a tomar pulso, fueron la agricultura y la ganadería. Bestias de carga, como mulos y burros, así como el ganado, especialmente caprino, formaban parte de las fuerzas productivas y de la economía de nuestra localidad.



Abrevando a las bestias 

Otra particularidad de esta fuente es que las aguas de los caños pequeños han sido utilizadas tradicionalmente para encurtir las aceitunas, dadas sus buenas cualidades. En este sentido a la fuente de la Esquina le ocurría algo similar, ya que son numerosos los testimonios de vecinos que señalan que sus aguas eran muy buenas para tal finalidad.

Por este motivo, por ese carácter de espacio social compartido entre personas y bestias, las fuentes y sus pilares solían ser espacios muy concurridos y animados, lugares, también, donde algunos mozos que acudían con sus animales destinaban alguna que otra furtiva mirada a las mozas jóvenes.


El lavadero

El mismo manantial que surte al pilar abastece a lavadero, un edificio de planta rectangular - de 9,5 x 4,85 m aproximadamente - compuesto por una cubierta a un agua sustentada por unos robustos arcos de medio punto en sus caras norte y sur. En la cara norte encontramos una robusta pilastra entre los dos arcos cuya función sería la de dar estabilidad y solidez al conjunto, mientras que en la sur aparecen unos arcos ciegos bajo los dos arcos que sustenta la cubierta y cuya función sería de soportar el peso de parte de la construcción. En su cara este, donde está la fuente, hay un óculo u ojo de buey en la parte más elevada, sobre la hornacina que alberga la cruz. En la cara oeste, además de otro óculo, encontramos una puerta realizada en arco de medio punto, actualmente cegada y que daría acceso al lavadero por ese lado. Estos óculos u ojos de buey no siempre estuvieron abiertos. Por motivos que desconocemos estuvieron tapiados durante muchos años, como puede apreciarse en las fotografías antiguas, y sólo tras la restauración del lavadero volvieron a tener su aspecto original.




El lavadero



Juego de reflejos en las aguas del lavadero



Doble arcada superpuesta que sustenta la cubierta



Detalle de uno de los óculos



Detalle interior de la cubiera, restaurada hace un par de décadas


Si observamos con detenimiento la cara externa de esta pared, aparece la impronta de la techumbre de una antigua construcción que fue demolida durante las obras de embovedado del arroyo. Se trataba, según yo mismo puedo recordar y según puede observarse en alguna que otra fotografía antigua, de una construcción de factura antigua y con cubierta de teja mora a un agua. Por nuestra vecina Rafi Villanueva sabemos que en este lugar y durante cierto tiempo hubo habilitado un espacio para lavar tripas de animales. Por la mañana el tripero, que era natural de Coín, llevaba las tripas sucias de animales que habían sido sacrificados y que procedían de Marbella. Las tripas eran lavadas por dentro y por fuera siendo muy bien cepilladas, tarea que solía recaer en las manos hábiles y duchas de las mujeres. Para esta labor se empleaba el agua de la fuente, la cual se traía mediante una goma conectada a uno de sus caños, ya que este pequeño habitáculo no tenía agua corriente. Tras la limpieza las tripas se introducían en sal y se las llevaban para rellenarlas de chorizo, morcilla, salchichón y otras viandas.




Impronta de la antigua construcción


Volviendo al lavadero, el material empleado para la construcción es la mampostería encintada con el empleo de ladrillos de barro cocido y con mortero de cal en los ángulos y en la parte baja del edificio, así como en los arcos. Los muros son bastante gruesos y recios, como si hubieran de soportar una techumbre de mucho más peso que la actual surgida de la restauración realizada hace algo más de dos décadas y cubierta con tejas moras o de medio cañón. Los óculos de las caras menores y los arcos que soportan la cubierta también se ejecutan con ladrillos de barro cocido. Externamente podemos ver cómo sobre éstos la técnica constructiva es distinta a la descrita; tras observar una serie de fotos antiguas y actuales, podemos afirmar que ese cambio se produjo durante la restauración de la cubierta, que se elevó alrededor de medio metro.




Detalle de la técnica constructiva



Detalle del contrafuerte  ultrasemicircular donde confluyen los dos arcos de medio punto 
del frontal del lavadero



Detalle de la doble arcada exterior trasera


En las paredes interiores del lavadero podemos ver una serie de agujeros más o menos cuadrados. Se trata de mechinales, unos huecos dejados por la armadura de madera construida para edificar los arcos y para servir de andamiaje a los trabajadores durante las obras de edificación del lavadero.




Mechinales bajo uno de los óculos


En el centro del conjunto se encuentra un pilar rectangular y alargado en sentido este-oeste que recibe el agua de la fuente por su lado este, que es el espacio para lavar propiamente dicho. Se compone por un grueso muro de algo más de medio metro de altura rematado por unas cuarenta losas de piedra inclinadas hacia el interior del pilar que las mujeres usaban para lavar. Interiormente este pilar recibe un pavimento de losas de barro cocido trabadas con una argamasa muy rica en cal. En este enlosado, rompiendo algunas de las losas, se colocaron algunas piezas de piedra equidistantes unas de otras y dotadas de orificios circulares de un mismo diámetro. Desconocemos por completo cuando se colocaron, aunque sabemos que fue en momentos posteriores a la realización del pavimento, así como su función, pero cabría imaginar que estos agujeros sirvieran para encajar algunas barras verticales que sustentaran alguna sencilla y ligera cubierta en un momento anterior a la construcción de la realización de la actual cubierta del edificio. Es posible que anteriormente a este lavadero, hubiera otro.




Detalle de la pila central



Detalle de las desgatadas piedras donde se lavaba la ropa




Detalle del interior de la pila de lavar


En el otro extremo del pilar del lavadero hay una salida que conduce el agua al exterior a través de una pieza de mármol alargada y acanalada. Ésta vertía el agua a una alberca ya inexistente -y que se puede apreciar en fotografías antiguas- de la que partían dos acequias para el riego de las huertas cercanas de los parajes de Pitalata y los Huertos, éste último también recibía las aguas sobrantes de la fuente de la Villa y en él existe una noria del siglo XVIII de la que hablaremos en el futuro en este blog. Desde el siglo XVI se constata el uso de estas aguas para el riego de estos dos pagos de huerta, de ello da buena cuenta el libro de apeos y repartimiento estudiado y publicado por Teodosio Vargas Machuca en los años sesenta del siglo XX y por nuestro vecino José Antonio Urbano Pérez más recientemente, que recogen el testimonio del cristiano viejo Martín del Mármol realizado el dos de febrero de 1572, en relación al apeo y repartimiento de Monda:

e que asimismo junto á esta villa ai dos fuentes, y en cada una dellas un pilar que a la una llaman la fuente el Alhaura, y la otra la fuente de la Villa, é de la fuente de Alhaura salen dos regueras, una hazia Coín y otra hazia Tolox, quedando el arroio y madre vieja en medio, e con la reguera que ba á Tolox se junta el agua de la fuente de la Villa quando ai abuandanzia de agua porque ambas á dos fuentes son de mui poco agua …



Testimonio de Martín del Mármol en el 
Libro de Apeo de Monda


Según recoge José Antonio Urbano, en su libro La villa de Monda en el siglo XVI. Apeos y primeras ordenanzas, con la (reguera) que se dirigía a Coín se regaban cuatro fanegas de tierra; la que salía hacia Tolox se llevaba a una alberca donde se unía con el agua que, canalizada, venía de la fuente de la Villa y juntas podían regar de cuatro a seis fanegas de tierra, según fuesen los años abundantes en agua. Igual que ocurría en Alpujata, en ambos partidos se ordenaba el riego por el alcalde del agua, y de igual manera se seguía el sistema de dulas y cercanías para su distribución…

Finalmente el agua que tras nacer en los manantiales, recorrer los conductos y canalizaciones que la llevaban a las fuentes, tras calmar nuestra sed y ser usada en los lavaderos por las mujeres, era conducida a las huertas, por donde se distribuía a través de albercas y acequias que la hacían llegar hasta los cultivos de forma organizada.

Como se ha señalado en la salida del agua del lavadero, a un nivel más bajo, había una alberca a dónde iban a parar las aguas excedentarias de la fuente y del lavadero. Desde esta alberca era conducida a través del arroyo La Lucía, que entonces no se encontraba embovedado, por dos acequias; la de la izquierda se dirigía al pago de Los Huertos y la de la derecha al de Pitalata. En medio quedaba la parte del arroyo que era conocida por la Chorrera, y que aparece con este nombre en planos de mediados del siglo XVIII. Estas acequias y sus usos para el regadío así como estos pagos de huerta están documentados ya en el siglo XVI siendo, muy posiblemente, de origen nazarí, sólo que la de los Huertos aparece con el nombre de Afetarix mientras que Pitalata conserva hoy día su vocablo antiguo.




El agua, tras salir de la pila de lavar, era conducida por acequias
hasta una alberca y las huertas


El agua y las acequias eran y son a las huertas lo que la sangre y las venas a las personas: los canales por donde discurre su flujo vital. A través de los tradicionales riegos a pie o a manta los cultivos recibían abundante agua y los bancales se humedecían lo bastante como para mantener ciertas reservas hídricas. Hoy día el riego por goteo no es lo mismo… En las huertas el agua operaba su mundanal transustanciación trocándose en el aromático azahar de los naranjos, en las hortalizas, verduras, frutas… que despachamos en nuestras ensaladas y en nuestras comidas, por lo que una vez más y de otra manera, nos volvemos a beber el agua.



Lavadero y memoria

El lavadero de la Jaula era un espacio de trabajo netamente femenino, un lugar destinado a la mujer. Además del duro trabajo que suponía las labores de lavado, para hacer el trabajo más llevadero, las mujeres se contaban chascarrillos, se daban noticias, cantaban… era un lugar donde las niñas, que iban con las madres para lavar, aprendían también el “oficio” de mujer. La tarea de lavar la ropa familiar ha sido propia de las mujeres desde hace miles de años como podemos ver en la Grecia antigua o como inmortalizara Goya en uno de sus cuadros.


Vasija griega que recoge una escena de lavanderas hace 2.500 años
Museo del Louvre



Las lavanderas, un estupendo cuadro de Goya
Museo del Prado



Varias vecinas de Monda, de distintas generaciones, realizando la ardua tarea de lavar la ropa
Cortesía Antonia Rojas Luna


Como el pilar del lavadero era alargado, por el lado por el que entraba el agua ésta estaba muy limpia y por donde salía estaba muy sucia, por lo que las mujeres que lavaban la ropa en la zona de salida recibían un agua jabonosa más sucia. Por ello el interés se concentraba en lavar la ropa lo más cerca del orificio de entrada al pilar, donde el agua estaba limpia. A este sitio le llamaban el “cohollo” (cogollo), porque era donde tendía a apelotonarse más mujeres y hubo no pocas peleas y enfrentamientos.


El "cohollo", responsable de más de una riña



Francisca Ruiz nos hace una demostración



Detalle del trabajo del lavado de la ropa



Jabón, ropa y piedra de lavar


El jabón empleado para lavar la ropa, las sábanas, etc., era elaborado por las mujeres del pueblo a base del aceite sobrante de la cocina. Ése se mezclaba con sosa caústica y agua en unas proporciones determinadas, removiendo la mezcla sin parar hasta que se tornase espeso, tras lo cual se dejaba secar. Una vez seco, se cortaba en trozos y ya estaba listo para su uso.




Jabón de aceite y sosa


Hay que tener en cuenta otra circunstancia que hacía más dura las tareas de lavado de la ropa por parte de las mujeres y es que en los meses más fríos, no había agua caliente. Las mujeres debían lavar con el agua corriente del lavadero que brotaba muy fría del manantial, acusando el frío húmedo en sus manos y en sus cuerpos.

No siembre se lavaba la ropa de la familia, de la propia casa, a veces había que hacerlo también de las ajenas. Algunas mujeres realizaban estas tareas por encargo de familias más pudientes y que estaban en una buena situación económica que les permitía contratar a otras mujeres para realizar estas duras tareas, lo que reportaba a las familias más humildes algunos pequeños ingresos, una pequeñas ayuda en un contexto social y económico asfixiante y de grandes desigualdades y privaciones.

Recuerdo que una vez, observando una vieja foto del lavadero, me percaté de la existencia de un pequeño murete de ladrillo moderno que hoy día no existe y que cerraba el acceso de entrada entre los arcos que dan a calle Jaula. Hasta que no lo vi en la imagen, no volvió a mi memoria. Ese muro, ya desaparecido, forma parte de la historia del lavadero de la Jaula en forma de anécdota; junto al lavadero hay un puente que se encuentra más elevado en relación a aquel en el que algunos hombres se paraban a mirar y recrearse con cierta parte de la geografía femenina -allí por donde la espalda pierde su nombre- cuando las mujeres se agachaban a lavar la ropa con un rítmico vaivén. Éstas, para protegerse de miradas lúbricas y atrevidas, se ponían en la parte trasera un delantal para alejar los pensamientos impúdicos y libidinosos de la mente de más de uno, pero con resultados infructuosos. Finalmente y ante la protesta de algunas mujeres, el Ayuntamiento colocó este sencillo murete para evitar miradas curiosas y para que las mujeres pudieran lavar con tranquilidad. En las obras de restauración, este muro de la memoria, este velo de ladrillos, fue eliminado.




El lavadero con su murete protector, a mediados de los años ´80.
 Obsérvese como la cubierta recibía teja alicantina y no de medio cañón.
A la derecha la pequeña construcción donde se lavaban las tripas.
(Base de Datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía)


Sin embargo el lavadero tenía una capacidad y un límite; si llegabas temprano, cogías sitio, sino, debías esperar o dirigirte al otro lavadero, el de la Villa, otra interesante muestra de arquitectura popular mondeña completamente desaparecida que se encontraba junto a la fuente de la Villa. Otro no lugar. Las mujeres que no encontraban acomodo en ninguno de los dos lavaderos, que solían ser bastantes porque antaño había mucha población en Monda, se encaminaban a los arroyos y acequias tanto próximos, como lejanos, para lavar la ropa, como el arroyo Alcazarín, el de Rochiles o el de Alpujata, más lejano. Para ello llevaban pesadas cargas de ropa en cestas y canastos, junto al jabón, recorriendo unas considerables distancias.




Allá por principios de los ´70, varias mujeres lavan la ropa en el Ventorrillo.
Obsérvese como tapan el cauce con algunas piedras para 
poder disponer de algo de agua para lavar


Otras mujeres lavaban en casa, ya que tenían pozo de agua particular y utilizaban una serie de útiles como grandes barreños de zinc y tablas para lavar. Éstas, que tenían una serie de estrías, se colocaban en el borde del barreño. Estos útiles tan trascendentales en la cultura popular mondeña, andaluza y española, los podemos ver si visitamos uno de los lugares más singulares de nuestro pueblo: la Casa-Museo Marigloria.




Barreño de zinc con tabla de lavar, en la Casa-Museo
de Marigloria



Conclusiones

En otros pueblos de la Sierra de las Nieves existían también numerosos lavaderos además de espacios usados como tales, como arroyos, ríos, acequias... espacios tan significativos e importantes como los mismos lavaderos.

En Istán hay uno junto a la afamada Fuente del Chorro, muy concurrido por los turistas. En el caso de Ojén la mayoría de las mujeres iba a lavar al río. En Guaro existió un lavadero tras lo que es hoy la Casa Consistorial, que desapareció con las obras de construcción de este edificio. en Tolox muchas mujeres bajaban al río a lavar, como puede verse en algunas fotos antiguas. En Alozaina el lavadero del Albar, que estaba casi completamente arrasado, ha sido restaurado recientemente siguiendo la línea de antaño. En Yunquera o en Casarabonela los viejos lavaderos fueron demolidos por diferentes motivos relacionados, primordialmente, por su caída en desuso. Ambos espacios fueron destruidos y destinados a aparcamientos públicos. En El Burgo, se bajaba al río Turón a lavar la ropa en sus caudalosas aguas.




Lavadero de la fuente del Chorro, Istán



Lavadero del Albar, Alozaina, antes de su restauración



El lavadero del Albar tras su restauración



Mujeres en Yunquera lavando en una acequia
(LaVetusta Yunquera)



El pilar del Piojo, en Yunquera, también tenía un pequeño lavadero
(LaVetusta Yunquera)


En Monda hemos tenido suerte a medias, pues el lavadero de la Villa no ha llegado a nuestros días mientras que el de la Jaula, por suerte, podremos disfrutarlo muchas generaciones de mondeños. En el primer caso a mediados del siglo XX un rayo destruyó el lavadero, construyéndose otro años después. Con su desuso la construcción se fue arruinando hasta que fue completamente destruida. Hoy día se levanta sobre el lugar una oficina de turismo. En el caso del conjunto de la fuente y lavadero de la Jaula, con el tiempo ha pasado de ser un espacio de trabajo, de relación social y de abastecimiento de agua, a convertirse en un verdadero monumento de carácter histórico y artístico que atrae a los turistas y en un elemento de identidad colectiva. También se ha convertido en un elemento de estudio para la etnografía y la arquitectura popular, dados sus orígenes y funciones. A todo ello, con el tiempo, ha sumado su carácter didáctico en tanto en cuanto lo empleamos para enseñar a los más jóvenes los oficios y tradiciones que antaño se realizaban en el pueblo reforzando, de camino, la identidad de los mondeños.




Transmitiendo los valores de la fuente y lavadero de la Jaula





Lavadero de la Villa
Col. Biblioteca Pública Municipal de Monda


La fuente y lavadero de la Jaula es un lugar que se ha resemantizado, que se ha resignificado convirtiéndose en un espacio polisémico. Es cierto que ya no tiene su antiguo uso más allá de algunas recreaciones históricas, actividades didácticas o turísticas, estudios etnográficos e históricos... ya que ahora tiene otras funciones y eso es lo que en gran parte le ha salvado de la destrucción.




Escena que discurre en la fuente y lavadero de la Jaula durante la Ruta Histórica
Teatralizada que todos los años realiza la Asociación
de Mujeres "La Villa"


A nuestro patrimonio cultural, nuestra herencia compartida, si no le damos otros usos a los que siempre han tenido, acaba desapareciendo más tarde o más temprano. Por eso es importante poner en valor nuestros patrimonios culturales como nuestra calzada romana, nuestros molinos de aceite, los molinos moriscos… para que con el tiempo y el desuso, no se pierdan tal y como les ha ocurrido al puente romano del arroyo de la Teja, a la refalaera, al lavadero de la Villa…

Gracias a la recuperación y restauración de nuestras fuentes y lavaderos podemos decir que gran parte de nuestro patrimonio cultural relacionado con el agua sigue vivo y se adapta a las nuevas realidades.


¡Hasta la próxima entrada!


© Diego Javier Sánchez Guerra